Fútbol

La motivación como estrategia

La importancia de la marca y quitar el balón con una entereza que pocos equipos al contraataque pueden exhibir.

El entrenador argentino Diego Simeone es manteado por sus jugadores.

El entrenador argentino Diego Simeone es manteado por sus jugadores. Foto: EFE

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel

00:16 / 19 de mayo de 2014

Nada de lo que se diga a 48 horas de haber obtenido el título de liga que ha roto la monotonía del fútbol español será más o menos novedoso acerca de las virtudes por las cuales el Atlético de Madrid se ha dado la enorme licencia de haber conseguido el podio con tres empates en las últimas fechas, en base a una notable regularidad al cabo de los 38 partidos jugados en los que ha abundado esta máxima que forma parte de un libro sobre su notable entrenador, escrito por Santi García Bustamante y prologado nada menos que por el recientemente fallecido Luis Aragonés: El efecto Simeone, la motivación como estrategia.

Me cuesta recordar la alineación de los colchoneros, o de los choloneros como ingeniosamente los ha rebautizado un relator de la Tv internacional, debido a que su impresionante solidez colectiva comienza y termina siendo más importante que los destaques individuales, llámense Diego Costa o Koke.  Hay algo, sin embargo, que es todavía más encomiable en el Cholo, además de su habilidad para mantener en alto la fortaleza mental de sus dirigidos y esto tiene que ver con su honestidad intelectual y su conciencia identitaria —tener claro qué se piensa y de dónde llega uno— pues como ninguno de sus colegas, el excapitán de la selección argentina encuentra siempre las formas sutiles de dejar sentado que el fútbol es un asunto repleto de relatividades, que sus fórmulas no son necesariamente las únicas o las mejores, sino que son sencillamente las que ha elegido en función de su experiencia como jugador y en su agudeza para saber definir dónde se encuentran los puntos altos y las fragilidades de sus equipos.

El despliegue del nuevo campeón español tiene como principal argumento la fundamental importancia de la marca, el quitar el balón con una entereza que pocos equipos con perfil de contraataque pueden exhibir hoy en la élite del fútbol europeo. Si bien el Real Madrid es el más rápido para llegar a posiciones de gol con defensas vaciadas, las dos líneas defensivas organizadas por los rojiblancos hacen que el rival se encuentre durante gran parte de cada encuentro, lo más lejos posible de Courtoise, que dicho sea de paso, promete ser uno de los mejores atajadores en Brasil 2014 con la camiseta de la selección belga. En otras palabras, el contraataque de los de Ancelotti es letal desde el momento en que se hace con la pelota, mientras que el otro Madrid es más efectivo en la recuperación, antesala indispensable para hacer del llamado juego directo un arma letal.

Se hace, por lo tanto, enormemente complicado llegarle al área grande al Atlético y como se vio el sábado, su amurallamiento obliga a equipos que juegan con balón contra el piso, a forzar envíos muy largos o repetidos y previsibles centros al área, que la abrumadora mayoría de las veces terminan en despeje, antes que en golpes de cabeza de los adversarios. Si bien es cierto que en varios pasajes de la segunda etapa, el Barcelona pudo imprimir su rasgo predominante que es el toque y la apertura del campo por las bandas, los madridistas supieron romper continuamente esa fluidez que hace eficaces a los blaugranas. Ya está comprobado a lo largo de dos temporadas consecutivas: Equipo que sabe interrumpir el juego de los alumnos de Guardiola y Vilanova, y sabe pasar a la ofensiva en fracciones de segundo, puede lograr cinco empates y un triunfo tal como lo reconoció con madurez y deportividad el renunciante Gerardo Martino al banquillo del equipo catalán. El Barcelona no pudo ganarle nunca y perdió uno de los partidos del año frente a la maquinaria táctica del Atlético.

Ganaron su décimo trofeo de liga y lo hicieron frente al hasta hace casi nada mejor equipo del mundo. Les toca ahora encarar el otro desafío, el de ganar por primera vez una Champions League frente a un rival que cuenta con maestros de la última jugada, a quienes por cierto les será muy enmarañada la posibilidad de ganarles las espaldas a los espartanos de la contención, a estos valientes del partido a partido que demostraron que el fútbol es un juego donde también el alma guerrera está emparentada con el sentido lúdico de la vida.

Julio Peñaloza Bretel

es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

Si Simeone fuera DT de Argentina

La selección argentina llega a Brasil 2014 con el mismo déficit exhibido en Sudáfrica 2010: Equipo fenomenal de la mitad para adelante, equipo no debidamente consolidado de mitad para atrás, aunque Fernando Gago y Javier Mascherano puedan constituirse en el mejor doble cinco que se necesita para hacerse del balón, en el medio del campo, desde donde se comienza a ganar partidos.

Si Diego Pablo Simeone hubiera estado en el banquillo de la celeste y blanca, seguramente ya tendría definida la línea de fondo, los laterales y los volantes de marca, sin preocuparse de los que deben estar para que en zona ofensiva Lionel Messi sea el factor desequilibrante que conduce al éxito.

Es justamente por esta falta de fortalezas equiparadas en todas las líneas que no se sabe de Argentina y lo que sí se tiene claro en el anfitrión, pues Luiz Felipe Scolari ha sabido armar un equipo muy sólido para marcar y quitar, preocupándose en segundo lugar de sus capacidades ofensivas, a sabiendas de que Neymar puede hacer lo ya demostrado en la Copa Confederaciones el pasado año.

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