Fútbol

Ser y parecer en el fútbol

Soria quiere proponer para Bolivia recuperar la supremacía jugando en La Paz

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

02:05 / 14 de noviembre de 2014

Los hombres públicos que asumen responsabilidades en las que las sociedades están atentas a lo que hagan o dejen de hacer están obligados a actuar de tal forma que haya correspondencia entre lo que dicen y hacen. Al entrenador Mauricio Soria las autoridades potosinas le están ofreciendo la irrepetible oportunidad de realizar una disculpa por sus dichos y que la reconciliación permita superar un lamentable incidente.

Si Mauricio Soria viaja a Potosí y pide disculpas, las autoridades departamentales levantan el proceso que le iniciaron por racismo y otras formas de discriminación. Así de sencilla y concreta es la postura esgrimida desde el Consejo Departamental de la tierra del Cerro Rico —no de la Villa Imperial de Carlos V, identificación propia de narradores con estructuras mentales colonizadas— que estaría abriendo la inmejorable y aprovechable oportunidad para que de manera legítima e inapelable, nadie más siga tachando la ética y el nombre del actual entrenador de Blooming, a partir del reconocimiento de su error, aunque contara en su descargo con argumentos en defensa propia en sentido de que lo sucedido fue parte de un intercambio de palabras en privado y si salió a la luz pública fue porque uno de los intervinientes grabó y filtró el palabreo hacia los medios de comunicación para convertirse en el factor determinante por el que Soria no fuera nombrado seleccionador de la Absoluta como estaba previsto.

El nuevo tiempo con reglas de juego pensadas desde la lógica plurinacional ha puesto en funcionamiento una serie de dispositivos que las bolivianas y los bolivianos no debemos pasarnos por donde se nos venga en gana, quedando constancia de que si se ha cultivado en nuestro país por décadas la práctica del menosprecio y el ninguneo, ésta debe quedar superada por la razón de la ley si es que no se impone todavía por una toma de conciencia que nos dirija hacia un espacio común en el que aprendamos a mirarnos a los ojos sin los lentes del prejuicio y el rechazo, producto del desconocimiento, y en el fondo, del miedo a comprobar que en esta diversidad como pocas había existido otra gente que también piensa en serio, que ya está participando en escenarios que le eran negados hasta hace diez años y que no está dispuesta, nunca más, a agachar la cabeza ante el agravio y la humillación.

Quienes están en campaña contra Soria porque sería el chico malo de esta película, han empezado a manejar una especie de carrera de méritos a partir de la tabla de posiciones del actual torneo Apertura de la Liga boliviana. Su razonamiento es numérico: Como Blooming va cayendo en la tabla —ahora está séptimo— y Oriente marcha primero con Wilstermann pisándole los talones, los verdaderos candidatos a dirigir la verde serían Eduardo Villegas y Julio César Baldivieso. Pero si nos adscribiéramos rigurosamente a este pueril argumento, probablemente el seleccionador tendría que volver a ser Xabier Azkargorta porque Bolívar es el más nítido candidato a obtener el título. Pero que futboleros geniales son aquellos que usan los números para esconder las reservas de moralina con las que quieren castigar a los que se portan mal, a los entrenadores con tres expulsiones en un mismo torneo, o a aquél, el mismo, que dijo algo indebido y ahora es expuesto a la picota del escarnio por su imprudencia.

En estos casi tres años de escribir dos columnas semanales en los productos deportivos de La Razón, me he referido solamente a un entrenador boliviano que ha hecho una carrera desde el trabajo basado en la disciplina, en la búsqueda  de superación y en la constancia. Lo dije el año 2012 y justamente se reprodujo esa nota hace algunas semanas, que la carrera de Mauricio Soria era la más interesante de entre todas —entonces Eduardo Villegas no había acumulado cinco campeonatos con tres equipos diferentes— y esto daba pie a esperanzarnos con un trabajo distinto con posibilidades de romper moldes y digo esto ahora luego de observar cómo el villano Soria fue capaz en cuatro días de rectificar a una selección boliviana vapuleada (0-3) por una Sub-21 de Brasil en Cuiabá, para encarar con gran oficio y aplomo a La Roja de Sampaoli en Coquimbo, a la que, gracias a un planteamiento arriesgado por lo ofensivo y atrevido, Bolivia debió imponerse si no se producía ese penal de último minuto cometido por Zenteno.

Con todas las limitaciones ampliamente conocidas, con una muy reducida plantilla de jugadores sin entrenamiento en la esfera de la alta competencia, a sabiendas de la superioridad de las selecciones vecinas, Soria quiere jugar por bandas y por adentro mirando el arco de enfrente, con dos delanteros de área en lo posible y para nada con ese 5-4-1 en el que manda el cero en el marcador o el milagroso triunfo por un contraataque certero tal como hizo Villegas con The Strongest en la última Libertadores, e incluso Azkargorta, que tuvo en la racha de William Ferreira las opciones de embocar un par de goles decisivos que lo habilitaron hacia semifinales.

Con todos estos datos, el tipo de juego que Soria quiere proponer para Bolivia pasa por recuperar la supremacía jugando en La Paz, tal como lo hace Ecuador en la altitud de Quito donde se hace inexpugnable y basa sus reales opciones clasificatorias para una Copa del Mundo. Mis argumentos, son futbolísticos entonces, pero no debo perder de vista que cualquier cruzada heroica, si no va marcada por un sólido equilibrio emocional de su conductor, puede irse por el despeñadero, tal como nos lo avisa continuamente Mauricio, quien todavía no ha aprendido a hacerse impermeable ante cualquier provocación, más si ahora  cuenta con tan grandes posibilidades de dirigir a la selección boliviana.

Ser y parecer es entonces la clave, especialmente cuando se asume una responsabilidad de las dimensiones de una selección nacional y esto a Mauricio Soria no hay necesidad de explicárselo. Si los potosinos, quienes lo aplaudieron a rabiar cuando hizo campeón a Real Potosí, le están ofreciendo tan inmejorable opción de disculparse como corresponde, si debiera hacer el pequeño esfuerzo de viajar hasta su capital, el entrenador debería aprovechar esta oportunidad como la única que pueda permitirle trazar la línea del antes y el después de un comportamiento que ha querido ser estigmatizado por los fabricantes de campañas mediáticas, siendo utilizado como cebo quién sabe con qué propósitos. Como pocas veces, una persona que comete errores de estas características acaba de recibir la posibilidad de tener enteramente en su voluntad la decisión de que unas disculpas se conviertan en una auténtica reconciliación.

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