Fútbol

El privilegio de tener a Brasil en casa

El Penta demostró que hay un solo Brasil en el espectro mundial. Nadie trata la pelota con el repertorio de ellos

Brasil

Brasil Foto: Miguel Carrasco

La Razón / Julio Peñaloza / La Paz

00:00 / 08 de abril de 2013

Los malos augurios se acabaron cuando el Tahuichi Aguilera recibió cálidamente a los campeones sudamericanos de 1963 que se acercaron  a las cuatro tribunas para saludar y agradecer por el tributo. Cincuenta años atrás, Bolivia le ganaba 5-4 en Cochabamba al mismo rival que estaba próximo a saltar a la cancha para conseguir un título que hemos tenido la satisfacción de celebrar por todo lo alto —aunque el resultado del partido jugado luego pueda indicar lo contrario—, con la presencia de la verde amarilla del siglo XXI encabezada por Ronaldinho Gaúcho y Neymar.

Los pájaros de mal agüero esperaban que los precios de las entradas para el partido jugado se convirtieran en el motivo para que la convocatoria fracasara y diera lugar a un clima enrarecido, deslucido y frío, pero las 30 mil personas que abarrotaron el principal escenario futbolístico de Santa Cruz de la Sierra tenían claro que jugar con el próximo anfitrión de la Copa del Mundo es una oportunidad irrepetible, por la trayectoria de la que viene precedido y porque esto, muy probablemente, no volverá a suceder en muchísimo tiempo.

Brasil concretó una goleada que pone en carrera a Luis Felipe Scolari para la próxima copa confederaciones, con un planteamiento muy sólido en la ocupación total del campo de juego, en el orden defensivo y con la salida panorámica por el medio y los laterales, con el plus que significa combinar genialidad y rapidez para sorprender al rival las veces que fuera posible. El sábado, Brasil demostró que hay un solo Brasil en el espectro futbolero mundial, nada más con el testimonio de un amague o el lanzamiento con efecto de un tiro libre.  Nadie trata la pelota con el amplísimo repertorio de los pentacampeones tal como sus grandes exponentes lo vienen testimoniando desde 1930.

Estaba yo acompañando a los homenajeados ganadores del 63 encabezados por el liderazgo y la simpatía de Wilfredo Camacho y para evitar aglomeraciones inmanejables debimos marcharnos del estadio 15 minutos antes. Alguien atinó a decir en el trayecto de salida, que era necesario reconocer la enormísima diferencia entre dos realidades futbolísticas tan contrapuestas como la boliviana y la brasileña. Con la discreción y la serenidad que otorgan los años nadie comentó nada más porque no correspondía, porque en realidad los héroes de hace cinco décadas fueron lo suficientemente ubícuos para no vulnerar su estado emocional de felicidad por cómo fueron tratados desde el momento en que pusieron pie en suelo cruceño.

Con la llegada de los brasileños se cumplió con un compromiso pactado hace más de un año y Bolivia ofreció muestras de una enorme voluntad para estar en el espectro futbolero mundial, objetivo para el cual se deben hacer un par de cosas fundamentales e ineludibles, tal como lo afirmaran Milton Melgar y Silvio Rojas, directivos de Fabol, en una entrevista televisiva realizada 24 horas antes del partido: Sin políticas de Estado y sin formadores de base será imposible producir recursos humanos —jugadores de fútbol— en cantidades apreciables tal como lo vienen demostrando vecinos sudamericanos como Ecuador y Venezuela, independiemente de quién esté a la cabeza de las cúpulas institucionales del fútbol, porque si en escuelas, colegios, y  escuelas de fútbol no se trabaja con profesionalismo y sistematicidad no será nunca sencillo enrumbar el talento boliviano hacia la arena de la alta competición. Lo dijimos tantas veces, lo decimos siempre, pero no está demás recordarlo justo en el momento en que unos campeones del pasado nos recuerdan que cuando se organiza y trabaja bien, hay más probabilidades de buenos resultados.

Fue una semana repleta de fútbol internacional en nuestro país con el empate de San José frente al Tijuana en el Jesús Bermúdez, el triunfo de The Strongest contra el Sao Paulo y la derrota de la selección boliviana frente al scratch. Es bueno el roce internacional, pero será mejor el día en que hayamos desarrollado la musculatura necesaria que facilite el equilibrio de fuerzas entre los de afuera y los nuestros y para eso necesitamos trabajar con criterios de largo plazo y con la generación de políticas públicas para el deporte. De lo contrario, seguiremos coqueteando con lo imposible.

Gran homenaje a los campeones de 1963

El viernes 5 de abril al mediodía, llegaron procedentes de La Paz, Cochabamba y Tarija los jugadores del Sudamericano del 63 con los que Bolivia accedió al título jugando seis partidos  —un empate y cinco victorias—.

La institucionalidad futbolera de Bolivia realizó una cena en su honor en la que se entregó el Cóndor de Oro, el presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), Nicolás Leoz, entregó una distinción y estuvo presente el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), José María Marin.

Ciento cincuenta personas entre dirigentes, exfutbolistas de renombre, cuerpo técnico de la selección nacional y periodistas invitados ovacionaron al equipo verde del 63. El homenaje fue perfecto. Como se lo merecían estos campeones a los que Bolivia tiene siempre presente.

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