Fútbol

Ni pudo ganar ni lo merecía

Bolívar tuvo la pelota todo el tiempo que quiso; sin embargo, no supo qué hacer con ella. La falta de creatividad en las jugadas ofensivas lo llevó a repetirse en los centros

Golazo. La acrobacia de Gastón Cellerino que derivó en la apertura de la cuenta a favor de Bolívar.

Golazo. La acrobacia de Gastón Cellerino que derivó en la apertura de la cuenta a favor de Bolívar. Pedro Laguna.

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Siles / La Paz

02:36 / 21 de abril de 2016

Bolívar, con sus flaquezas ofensivas, ni le ganó a Racing ni mereció hacerlo (1-1), anoche en el estadio Hernando Siles, y quedó eliminado de la Copa Libertadores. Tenía que vencer por dos goles de diferencia como mínimo, pero quedó lejos de esa meta más allá del entusiasmo que generó el 1-0 cuando todavía le quedaban 20 minutos al partido.

Dominar el juego, como lo hizo hasta el cansancio, no le sirvió de nada debido a los defectos en ataque que se hicieron muy notorios por carecer de ideas: el centrito le sirvió una vez, pero de tanto repetirlo facilitó el sistema defensivo de su rival.

Era un partido —por lo que exigía— para jugarlo de otra manera. Bolívar tenía que imponer su ritmo, atacar de forma incesante, abrir la cancha, rematar de varios frentes; pero no lo hizo y más bien entró en la trampa de Racing, que le cedió terreno, aunque lo presionó y le tapó espacios, y ante eso los celestes —anoche de plomo— no tuvieron creatividad.

Ya en la primera etapa, la Academia protagonizó un dominio inservible, merodeó por el área de Racing, a veces penetró, pero siempre llegó complicado a la última jugada y falló, o se topó con un rival que, agigantado en la marca por su solvencia, se bastó para alejar la pelota de su arco.

Hubo dos jugadores diferentes: Erwin Saavedra, voluntarioso, rápido y hábil; y Arrascaita, con parecidas virtudes solo que más arriba. Sin embargo, eran los únicos. Racing, de paso, ni sufría en la pose defensiva que adoptó y ni siquiera era exigido al extremo. Jugó tranquilo.

Es más, la jugada de gol más clara en esa parte fue suya: un centro de Videla cuyo efecto hizo que la pelota se fuera cerrando y pegara en el travesaño. Se salvó la Academia (19’).  Fue más de lo mismo en la segunda parte. En honor a la verdad, fue peor, porque Bolívar estuvo incluso más alejado del arco contrario que antes y le costó encontrar opciones.

El 1-0 cayó por una gran definición, una tijera, de Cellerino (23’), tras un centro —otro más— de Arrascaita. Faltaba un tanto para tener la clasificación en las manos y casi lo logra Sánchez Capdevila con un disparo que hizo que la pelota raspara el palo (25’).

Vino lo inesperado: Róger Martínez logró el empate (28’) tras una mala salida de Quiñónez, a quien la pelota lanzada de un tiro libre se le pasó, pegó en el palo y el argentino la mandó a dormir al fondo. Como Bolívar jugaba era imposible hacer dos goles y quedó eliminado; lo peor, sin mostrar una buena cara.

Destacado - Marcos Acuña

Buen volante para una doble función: la de molestar en el medio (corrió mucho) y, a ratos, de pasar la mitad. En su tiro nació el empate.

El árbitro - bien

El mexicano Fernando Guerrero no llegó con buenos antecedentes, pero anoche estuvo correcto, con decisiones cabales.

Los datos

Repetido

Bolívar repitió hasta el cansancio el centro al área buscando alguna cabeza salvadora o algún error defensivo. De tanto insistir, así llegó el único gol convertido.

Sin creación

Rudy Cardozo y Jaime Arrascaita estaban para generar juego en la mitad; uno estuvo desaparecido y el otro, voluntarioso y hábil, demasiado solo.

Adelante

Jugaron Borghello y Cellerino, Arce se quedó en el banco. De los argentinos, solo al segundo se lo sintió.

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