Fútbol

Con esto no puede ni el Papa

Dominio. El triunfo del Real Madrid sobre San Lorenzo mostró las diferencias económicas que hay entre Europa y América del Sur.

La celebración de los jugadores del Real Madrid  luego de ganar el Mundial de Clubes. Foto: EFE

La celebración de los jugadores del Real Madrid luego de ganar el Mundial de Clubes. Foto: EFE

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Pazx

04:19 / 22 de diciembre de 2014

El Papa logró que Estados Unidos y Cuba reanudaran relaciones después de 53 años de encono, pero con el Real Madrid no pudo. No hay gestiones ni plegarias que valgan en la cancha: el club blanco es cien veces más poderoso que San Lorenzo y tal abismo presupuestario termina marcando la diferencia. Ganó bien el Madrid 2-0 y es campeón Mundial de Clubes, un título que nos seduce más a los americanos que a los europeos, aunque ellos tampoco son indiferentes. Les interesa. Dicen que no les importa cuando pierden. Antiguamente los brasileños hacían lo mismo: cuando no podían ganar la Copa Libertadores argumentaban que no la tomaban en serio; cuando se fueron acostumbrando a levantarla, se desvivían por ella; lo hacen hoy. Ganar les gusta a todos. Por eso no extraña el título gigante de Marca, a todo el ancho de su página de internet, saludando el triunfo merengue: “El mundo a sus pies”.

Igual, fue digno lo de San Lorenzo, pese a que sabíamos todos que se trata de un cuadro muy modesto en juego y en figuras. Es “Sportivo Sudor”. Ganó con lo mínimo la Libertadores y encima se debilitó al perder tres jugadores clave, dos de ellos sus piezas vitales en el armado de juego (Correa, que pasó al Atlético de Madrid, y Piatti, enrolado en la Major League de Estados Unidos). El Ciclón fue a Marruecos tras un sueño, sostenido a pura ilusión y con 12.000 hinchas atrás que no pararon un instante de alentar.

Bernardo Romeo, director deportivo sanlorencista, declaró instantes antes de la final: “En la cancha seremos 11 hombres contra 11 hombres”. Pero los 11 de blanco juegan mejor. No obstante, San Lorenzo salió concentrado, muy atento a las marcas, decidido a defender con sangre la casamata. Y después de 15 minutos ásperos, de fricciones y discusiones, se fue asentando y soltando, comenzó a adelantarse en el terreno. El Madrid no le generó grandes riesgos atrás. Claro, era un partido que no permitía una falla en 90 minutos. Y la hubo... Cuando más confiado estaba el equipo azulgrana, cuando había soltado cinco hombres en un avance, el volante Kalinski perdió una pelota en cercanías del área madrileña y se vino un contraataque de esos del Madrid, a ochenta y la comida. Dramáticamente pudieron echar el balón al córner; y del córner vino el gol. El arquero no salió (los porteros que no salen generan auténticos penales de cabeza a un metro de la raya), Sergio Ramos burló la marca de Yepes y marcó el 1 a 0. ¡Qué ganador Sergio Ramos...! Siempre aparece en los momentos difíciles. Tiene actitudes tan aborrecibles y antideportivas el sevillano, pero también un espíritu de combate fabuloso. Jamás olvidaremos la tarde del Mundial cuando Chile estaba bailoteando a España y todo el equipo hispano estaba entregado, menos él, que se batía contra los 11 chilenos como una fiera herida. Aún perdiendo, fue sensacional su actitud.

 

Con el gol adentro, se desmoronó el castillo de naipes de Francisco, de Tinelli y de Viggo Mortensen. Se sabía que aguantar un resultado era muy difícil, ir a darlo vuelta, casi imposible. El segundo llegó por otro error: un remate suave y al medio del galés Bale que se le escabulló por debajo del cuerpo a Torrico, de noche tan poco feliz. Y con el 2-0 en el cartel electrónico, el cuadro de Ancelotti ya se quedó tranquilo, en tanto el de Bauza perdió el fuego de la lucha. Tampoco fue que el Madrid apabulló a San Lorenzo. Ni mucho menos; no le faltó ni le sobró. Ni siquiera le dio para un gol más.

El choque puso de manifiesto una vez más las diferencias económicas actuales entre Europa y América. A nivel de selecciones no influye, en términos de club son insuperables. Sobre todo cuando el europeo de turno se llama Real Madrid. Un jugador medio de la Casa Blanca, digamos un Benzema, cobra más que todo el plantel junto de San Lorenzo. Eso determina que en las nueve ediciones de este Mundial Europa derrote 7 a 2 a Sudamérica. Es lógico.

Algunos apuntes que dejó el partido: 1) Yepes acusó una lesión en el pie y se fue reemplazado en el minuto 60. Bonito epílogo para su magnífica carrera: el Mundial de Clubes. 2) Volvió James Rodríguez, siempre con su técnica indiscutible, aunque necesita más movilidad, más velocidad de movimientos. Se lo observa extrañamente lento y pasivo. 3) En la entrega de premios Sergio Ramos se quedó merecidamente con el Balón de Oro, pero se lo vio a Cristiano Ronaldo recibir el de Plata y pareció increíble: no marcó goles en ninguno de los dos partidos que jugó el Madrid, y además no dio asistencias, no jugó bien, ni la tocó. Insólito.

La FIFA es un polvorín de acusaciones de corrupción. En la semana, resignado, vencido, renunció a su cargo de titular de la Comisión de Investigación del Comité de Ética de la FIFA, el abogado norteamericano Michael García, el hombre que durante dos años investigó las denuncias de manipulación en la designación de Qatar 2022. Elevó un informe de cientos de páginas que incriminaba a dirigentes notables y la FIFA se negó a divulgarlo. “Ningún comité independiente, investigador o panel puede cambiar la cultura de una organización”, dijo, entregado, el exfiscal. La FIFA se llenaba la boca con la creación del Comité de Ética, que se autodestruyó en cinco segundos. Pero Blatter lucía feliz, eufórico en Marrakesh, conduciendo la ceremonia de apertura y clausura del Mundial de Clubes, llevando del brazo al pequeño príncipe heredero de la corona de Marruecos, Moulay El Hassan, de 11 años. Ningún viento puede con él. Tampoco el Papa.

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