Fútbol

¿Quién no quiere ganar la Copa América?

Ganar un torneo tan prestigioso siempre es  estimulante. Y en el caso de ciertas selecciones, resultaría consagratorio

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

00:06 / 01 de diciembre de 2014

Se vienen dos Copas América para frotarse las manos: la tradicional de 12 equipos en Chile el año próximo y la Centenario —de carácter extraordinario— en Estados Unidos 2016. La primera supone un ensayo fantástico para las eliminatorias, que seguirá siendo de todos contra todos, comenzará tres meses después y durará dos años y monedas (en enero se discutirá si se cambia el fixture o sigue el mismo de las últimas cuatro clasificatorias; el sistema no se toca).

La Copa que tendrá lugar en el país del norte generará de seguro mayor repercusión por la sede (Estados Unidos siempre ejerce una atracción colosal y es una potencia futbolística en ciernes) y porque jugarán por primera vez los dos subcontinentes futbolísticos integrados —Conmebol y Concacaf—. Éste promete ser un torneo de altísima audiencia televisiva y fuerte cobertura mediática; además, dependiendo del éxito que pueda tener, es posible que en adelante nuestra antigua y entrañable Copa pase a ser fija de 16 equipos, con 6 del Canal de Panamá hacia arriba.

Pero la de Chile es una ocasión imperdible de zambullirse y atraparla. Ahora vendrá el manido (y vacío) discurso de que lo verdaderamente importante es clasificar al Mundial de Rusia. “¿De qué nos sirve ser campeones de América si después no clasificamos al Mundial...?”. Un razonamiento absurdo: conquistar la Copa no implica perder las eliminatorias. Por otra parte ¿a quién no le gustaría ganar la Copa América...?

Confiere un enorme prestigio, da el pase a la Copa Confederaciones 2017 y supone justamente un envión anímico importante de cara a las eliminatorias. Ganar siempre es estimulante (en Uruguay la de 2011 se festejó como el Maracanazo). Y en el caso de ciertas selecciones, resultaría consagratorio; ejemplos: Chile, que nunca ganó un torneo; Colombia, que daría un gran golpe como visitante; Ecuador, que alcanzaría su definitiva mayoría de edad futbolística. Un título de América sería histórico. Otorga chapa.

Por último, si lo único que realmente importa es el Mundial, ¿para qué jugar los otros torneos...?

A propósito de ello, Colombia debería calzarse el traje de candidato de una buena vez. Decir “queremos ganarla”, mostrar la intención. A veces, fijarse un objetivo ayuda a lograrlo. Después, el juego dirá si se puede o no; ya se sabe que es una empresa difícil y que los rivales serán durísimos. No se trata de subestimar; pero, ¿qué tiene de malo confesar tal deseo...? ¿Por qué debe sonar a fanfarronada plantearse un sueño tan bello...? En esto, Brasil y Argentina no tienen problemas: se sobreentiende que deben ir a ganarla, aunque después queden últimos y sobrevuele la palabra fracaso. Siempre tienen clara la meta.

La de Chile, pues, es una oportunidad maravillosa de alcanzar la gloria dado que no se cruza con las eliminatorias y será una magnífica posibilidad que tendrán los entrenadores de disponer durante más de un mes de todos los jugadores. La perla negra es que la Liga española culmina el 18 de mayo, la alemana y la francesa el 23, la inglesa el 24, la italiana el 31 (muy tarde) y la Champions League el 6 de junio (tardísimo), cuando la Copa de Chile se inicia el 11 de junio. De modo que si un futbolista sudamericano disputa la final de la Champions, llegará con lo justo a la primera fecha de nuestro “Sudamericano”. Pero, ¿cuántos jugadores estarían encuadrados en tal situación...? ¿seis, siete...? Los que ya no peleen títulos vendrán antes.

La perla blanca es que el torneo termina el 4 de julio, así que los jugadores que actúan en Europa tendrán un mes de vacaciones para disfrutar antes de comenzar la siguiente temporada.

Los tres grupos que determinó el sorteo son parejos y atrayentes. Chile sobresale en el “A” por tener una buena selección, ser local y porque ha tomado esta Copa como un “ahora o nunca”. La incógnita es México, que siempre juega de víctima ante Sudamérica. Es el invitado de honor en todos los campeonatos y luego manda los suplentes. Si gana, es porque ellos son extraordinarios; si pierde, enarbola la teoría de la conspiración. Algo así como “somos los mejores pero no permiten que ganemos”. Miguel Herrera, su DT, dijo en Santiago que irían a Chile con un equipo “B” para priorizar la Copa de la Concacaf. Tres días después declaró que el objetivo era ser campeones y que llevarían una selección fuerte. En el medio, sin duda, hubo una apretada de la dirigencia. Y queda Ecuador, que llevará un grupo joven y muy prometedor, la interesante base que dejó Reinaldo Rueda. Bolivia es una incógnita absoluta. Siempre tiene jugadores de buen pie, pero con eso solo no alcanza. En la última fecha FIFA llamó a un técnico por un partido amistoso... Poco que agregar.

Argentina y Uruguay son enemigos acérrimos, aunque existe en el continente la engañosa idea de que son buenos amigos y se ayudan. Se toparán de nuevo (no estará Luis Suárez) y deberían liderar el grupo “B”, que comparten con Paraguay. La albirroja, que aún no designó entrenador, busca un recambio generacional (ya le costó un mundial), está probando nuevos valores, pero no le viene resultando fácil. Formar jugadores de selección lleva mucho tiempo. Ramón Díaz es el gran candidato a asumir allí. No se advierte un Paraguay duro y peleador como en la década anterior. Jamaica representa el poder físico, sin talento ni tradición. Debería centrarse en discutir el tercer puesto, aunque nunca se sabe.

Brasil y Colombia son los favoritos del Grupo “C”, sobre todo Colombia, que lleva una ventaja: mantiene plantel y técnico; el estilo y la idea continúan más allá de los tres o cuatro cambios por edad. Pero Colombia no puede con Brasil, debe atreverse a ganarle. Venezuela va a plantear combate, tiene elementos y un conductor inteligente como Noel Sanvicente. Perú, como Bolivia, es un misterio insondable. ¿Seguirá Pablo Bengoechea...? El panorama se presenta muy distinto al de la Copa anterior, aunque no por mejor. Sus jugadores más relevantes tendrán cuatro años más, superando con luz la barrera de los 30 años. Estafarian, como le llamaban a Markarian, garantizaba competitividad. Lo que no podía era entrar a cabecear.

Por el nivel global del fútbol continental, la Copa América se ha valorizado como nunca. Ganarla es extraordinario.

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