Fútbol

El regreso de Azkargorta es un envión anímico

Después de que se marchó siendo todo un ídolo e incluso luciendo el Cóndor de los Andes en el pecho, allá a finales del ’94, no hubo ni una sola vez, cada que la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) tenía que nominar al siguiente entrenador de la selección nacional, que no se mencionara su nombre reflejando el sueño local con su posible regreso.

Carismático. El técnico español Xabier Azkargorta instruye al atacante Juan Carlos Arce.

Carismático. El técnico español Xabier Azkargorta instruye al atacante Juan Carlos Arce.

La Razón (Edición impresa) / Jaime Ayllón

23:59 / 24 de diciembre de 2012

Xabier Azkargorta, el hombre —el DT— que logró clasificar a Bolivia a un Mundial, el de Estados Unidos, en una campaña épica que todo el mundo alabó en 1993 y parte de 1994, había dado otras vueltas por el mundo en diversos cargos asociados a su profesión de entrenador, y siempre había cerrado las puertas de nuestro país si se trataba de volver a la Verde.

Eso fue durante casi 18 años, hasta que el “bichito” le picó más fuerte y aceptó el gran reto de retornar a la selección. ¿Qué primó para que el famoso Bigotón dijera esta vez sí? Eso sólo él lo sabe, porque las condiciones económicas no son mucho mejores, tiene un plantel que a nadie hace soñar y para colmo está arruinado en la competición que actualmente afronta, las eliminatorias.

Poco antes se fue Gustavo Quinteros, quien fue su jugador en aquel momento de gloria, y le dejó una herencia que nadie quisiera para sí: Bolivia casi eliminada, por no decir directamente desclasificada del Mundial Brasil 2014 y con bastante poco por ganar de aquí hasta cuando finalice el contrato de Azkargorta.

¿Qué cambió con este cambio? Si algo tiene el vasco es su manera de motivar. Nadie va a negar que su solo nombre tocó las entrañas de quienes lo conocieron antes y les generó algo de ilusión y de esperanza. Que Bolivia tenga un entrenador de apellido Azkargorta es otra cosa, capaz que hasta infunda respeto, el mismo que, a diferencia de otras ocasiones sin él, le tienen los jugadores que hoy por hoy están bajo su mando.

El equipo comenzó a jugar de diferente manera. Archivó el tradicional 4-4-2 y sus variaciones con las que la selección se presentó en los últimos años y regresó a su característico 3-5-2 o cosa parecida que tanto éxito le dio aquella vez en que Bolivia estremeció al mundo. Los jugadores comenzaron a jugar con otra motivación y no hay duda de que también les metió ideas suyas para hacerlos diferentes.

Pero la selección no ha salido, futbolísticamente, de la mediocridad en que estuvo siempre en todo este tiempo y anda demasiado abajo en la tabla. Quizás la aparición de algunos jugadores, de cara a lo que viene, la recuperación de otros que por ahí estaban estancados o no tomados en cuenta y la idea de formar un equipo al menos con convicción, sea lo rescatable de este corto tiempo con el Bigotón, que en lo que falta tendrá una misión: cambiarle la cara a Bolivia, darle otra proyección, hacerla más respetable a nivel internacional y quién sabe, como lo creen él y sus seguidores, dar aún pelea en la competición premundialista.

Por lo pronto, los resultados le otorgan dos victorias a esta selección de Azkargorta, una de ellas en un amistoso y aquella sonada frente a Uruguay con un Carlos Saucedo inspirado; dos empates, uno ante Perú en casa por eliminatorias y una derrota, que fue el “redebut” en competición oficial del vasco.

La columna de Jaime Ayllón  Redactor de Marcas La Razón

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