Fútbol

En la selección deben estar los mejores

Bajar el promedio de edad, rejuvenecer a un equipo, no es una misión de la selección

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Siles / La Paz

02:05 / 25 de septiembre de 2015

Rejuvenecer el plantel puede llamar a cometer errores en la designación de los futbolistas dejando fuera a quienes merecen estar y poniendo en su lugar a algunos que todavía no tienen talla para defender la camiseta. No significa nada bajar el promedio de edad ni poner jugadores de todos los equipos si eso no podrá sostenerse con un atildado juego en la cancha.

Carlos Fernando Borja tenía casi 37 años cuando jugó el Mundial de Estados Unidos en 1994. Lo mismo Carlos Leonel Trucco. Ya eran veteranos. En la otra cara de la medalla estaba Juan Manuel Peña, tenía 21 y por ahí andaba Julio César Baldivieso, con 23. Eran los más jóvenes. Pero no importaba la edad de ninguno. ¿Qué los juntó aquella vez? Es que eran los mejores.

Si hay algo que debe tener una selección nacional en sus filas es a los mejores. Al mejor técnico y a los mejores jugadores. Aquellos que han dado un salto de calidad, ya sea en la liga doméstica o fuera de ella. No hay nada que descubrir en ello. Todos —o casi todos— lo saben y lo dicen: “Son los mejores de cada país los que deben estar en su selección”. Eso y punto.

El fútbol mundial es lindo también por eso. Por ejemplo, el 24 de junio de 2014 se escribió un nuevo récord en la historia de las Copas del Mundo. El arquero colombiano Faryd Mondragón sustituía a David Ospina en el partido que Colombia tenía sentenciado contra Japón. En ese momento, Mondragón, con sus 43 años y dos días cumplidos se convertía en el futbolista más veterano que jugaba en un Mundial. Su primera participación fue en 1994 —en Estados Unidos— y 20 años después, pasados los 40, consiguió batir un récord que tardará mucho tiempo en ser superado. ¿Por qué estaba ahí? Porque era uno de los dos mejores guardametas de su país. No era el tercero, el cuarto o el quinto. Nadie le dijo nada por ser tan “viejo”.

¿Se acuerdan del camerunés Róger Milla? Nada más y nada menos que con 42 años, un mes y ocho días, el delantero jugó justamente en el Mundial de Estados Unidos 94. Además de ser en ese momento el tipo más veterano que había disputado una cita mundialista, consiguió otro récord: con su gol a Rusia en el partido en que Salenko batió otro récord al marcar cinco goles, se convirtió en el jugador más veterano en hacer un tanto en la historia de los mundiales. Sobre la cancha deleitó con su fútbol a todos.

Ejemplos de ese tipo suman por montones. No se puede imaginar uno ver a una selección sin que estén sus mejores futbolistas. ¿O Argentina sería la misma sin Messi y compañía? ¿Y qué pasaría si en Brasil no está Neymar y los suyos?

Veamos la otra cara de la medalla: Norman Whiteside era un futbolista de Irlanda del Norte, hasta ahora es el jugador más joven en actuar en un Mundial. Entró ante Yugoslavia a los 17 años y 41 días en España 1982. Al camerunés Samuel Eto’o le tocó debutar ante Italia con 17 años, tres meses y siete días en Francia 1998. Y quién no se acuerda de Pelé. El brasileño —astro mundial después— jugó ante Unión Soviética con 17 años, siete meses y 23 días en Suecia 1958.

También ellos eran los mejores en su puesto, o a lo mucho tenían a uno delante que podía hacerles algo de sombra. No fueron convocados a su selección solo para bajar el promedio de edad o para rejuvenecer a ésta. Estaban ahí por su calidad futbolística, sobre todas las cosas.

Volviendo a aquella selección boliviana mundialista. El 17 de junio de 1994, la Verde abrió esa Copa del Mundo nada más y nada menos que contra la vigente campeona, Alemania. Con Xabier Azkargorta al mando, la alineación nacional era la siguiente: Carlos Trucco, Miguel Rimba, Gustavo Quinteros, Marco Sandy, Luis Cristaldo, Carlos Borja, Vladimir Soria, Milton Melgar, Julio César Baldivieso, Erwin Sánchez y William Ramallo. Estaban los mejores o quizás faltaba uno: Marco Antonio Etcheverry, quien había llegado a esa cita recuperado a la rápida tras una tremenda lesión y, para colmo, luego de ingresar en el segundo tiempo, inmediatamente después fue expulsado.

Ni esa sofocante tarde en el estadio Soldier Field de Chicago ni antes durante las eliminatorias jugadas en 1993 ni después nadie se fijó en que si los que estaban en la cancha eran viejos o jóvenes, si eran solo de un equipo liguero o representaban a todos. Simplemente estaban ahí porque se lo habían ganado. Eran los mejores.

Veintiún años después, cuando están por comenzar unas nuevas eliminatorias, ahora para el Mundial de Rusia 2018, ¿están los mejores en la lista de jugadores convocados a la selección para los partidos de octubre contra Uruguay y Ecuador?

Baldivieso, hoy el técnico, al hacer el anuncio dijo ayer orgulloso dos cosas: por una parte, que 25 años es el promedio de edad; por la otra, que hay jugadores de todos los clubes —los 12— (algo inédito) que forman parte en este momento de la máxima categoría del fútbol boliviano, la Liga.

No dijo, en ningún instante, que estos 30 convocados son los mejores que tenemos. Lástima que —en una actitud apegada a su onda militar por la que se ha inclinado más en las últimas semanas— impuso que se le hicieran solo cinco preguntas y ninguna relacionada con futbolistas que no están en su nómina.

Respetable la visión que Baldivieso tiene como técnico, lo que no significa que hay que compartirla. Él considera que Daniel Vaca (The Strongest) no es uno de los mejores tres goleros del país ni ve en Pablo Escobar (del mismo equipo) al mejor volante ofensivo boliviano, por anotar un par de nombres, porque seguramente hay más.

Bajar el promedio de edad, rejuvenecer a un equipo, no es una misión que deba cumplir la selección boliviana mayor —ésta definitivamente no es un banco de pruebas—, esa es tarea de los clubes. A defender la Verde, con patriotismo pero también con calidad, corriendo como asimismo jugando a la pelota, poniendo actitud y a la vez inteligencia, deben ir los mejores y por ahora el camino que ha tomado el entrenador parece el equivocado.

Convocar 30 futbolistas y hacer un “popurrí” de los 12 clubes —con el respeto que se merecen los jugadores que por sí mismos se sorprendieron al estar en la lista—, o pretender hacer ver que éste es un equipo “Sub-25”, evidentemente le hace ganar al DT en popularidad y en hacer crecer su ego con las felicitaciones que recibe de adentro y de afuera, al atreverse a dar supuestamente el paso para el cambio.

Lo que parece, en realidad, es que se trata de un desafío demasiado arriesgado que ahora él y sus muchachos deben afrontar. De verdad, que le vaya bien. Lo menos que uno quiere es que a la selección le vaya mal. Si Baldivieso logra demostrar que tiene razón, será más “rey” que nunca; de lo contrario, que se prepare para la condena.

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