Fútbol

La selección nacional en el año que se va

La marcha de la selección nacional en el año que termina ha estado marcada por la costumbre de la irregularidad. Partidos de los buenos, como el de San Cristóbal ante Venezuela, o los malos donde nuestros jugadores parecieron sometidos al rigor de la inferioridad y el descontento.

Goleador. Saucedo (19) es felicitado por Zenteno el día que el goleador le hizo tres tantos a Uruguay.

Goleador. Saucedo (19) es felicitado por Zenteno el día que el goleador le hizo tres tantos a Uruguay. Foto: Miguel Carrasco

La Razón (Edición impresa)

00:00 / 24 de diciembre de 2012

El primer semestre, bajo la batuta de Gustavo Quinteros, el equipo fue sencillamente el reflejo de lo que ocurre en nuestra Liga. Pese a los esfuerzos del técnico, el desempeño no pasó de discreto. Con Chile, más que repetirse el resultado de la eliminatoria anterior, fue la reiteración del juego sin orden ni vocación. Daba la impresión de que nuestra selección no trabajaba ni en los pocos días que el entrenador tenía a su disposición a los jugadores del medio y el concurso de los convocados del exterior no tenía compromiso.

Era evidente que Quinteros funcionaba a media máquina y —no obstante el resonante triunfo ante Paraguay— su cabeza dejaba paulatinamente de estar en el equipo. Esto se comprobó con su salida casi concertada que a los únicos que sorprendió fue a los ingenuos. Con todo el derecho que le asistía, había buscado un horizonte donde sus fracasos dolerían menos aunque sus victorias tuviesen también menos resonancia.

Uno de los grandes aciertos de la gestión federativa en este 2012, desde mi modesto punto de vista, fue la contratación de Xabier Azkargorta, superando las aspiraciones de técnicos de nombradía como Mauricio Soria, Eduardo Villegas( inteligentemente más entregado a The Strongest) o Julio César Baldivieso.

En unas eliminatorias completamente diferentes a las de aquella épica gestión de 1993, donde los jugadores son liberados a los entrenadores solamente con días de anticipación a los partidos oficiales, era imperiosa la entrega del equipo a un técnico-psicólogo-motivador. El perfil del vasco encajaba perfectamente en esta modalidad, prueba de ello es que el Bigotón jamás se hizo problema —ni se lo hace— porque los jugadores convocados están a su disposición con muy poco tiempo de antelación. No olvidemos que para Quinteros era casi una cuestión de Estado tenerlos dos o tres días más.

Ha quedado claro que, con el fútbol lento que tenemos, con el poco profesionalismo de la mayor parte de nuestros jugadores, ni Pep Guardiola lo hubiese hecho mejor. Con el siguiente aditamento: el vasco ha “descubierto” a varios jovencitos que estaban pasando de largo sin que nadie les dé una mirada; les ha bañado de ilusiones y está conformando un equipo mentalmente muy ordenado en la cancha.

Los resultados no se han visto todavía pero es justo reconocer que, si Azkargorta hubiese tomado el timón de la selección desde el comienzo de la eliminatoria, quizás estuviésemos mucho mejor.

Falta todavía un largo camino por recorrer, pero de la mano del Bigotón es como si el derrotero fuese mucho más claro, aunque nadie puede garantizar que terminemos entre los mejores cinco del continente. Están dándose resultados y desempeños harto irregulares y están viéndose diferentes reacciones entre los que en el inicio eran carta “segura” y se van desmoronando.

¿Por qué entonces vamos a tirar la toalla con tanta anticipación?

Vayamos con la frente en alto. Es cierto que de visitantes la cosa es más difícil, pero nada está dicho todavía y mientras haya vida, que perviva la esperanza...

La columna de Juan Carlos Costas  Director Cadena Pratel

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