Fútbol

La selección posible

La selección cuenta con el entrenador mejor preparado y actualizado del medio

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:19 / 03 de abril de 2015

Creer o no creer en la Verde: Ésa es la cuestión. Y desde esta columna afirmamos con la convicción más profunda que la selección boliviana de Mauricio Soria está generando las condiciones para mejorar con creces lo hecho en años pasados. Los resultados, teniéndose en cuenta el fuste de los rivales, son harina de otro costal, pero el seleccionador está convencido de que para ganarle todos sus rivales deberán esforzarse severamente. Bolivia se divide en este asunto entre los que creemos y los que anteponen su soberbia y mezquindad, deseando íntimamente que a nuestra selección absoluta no le vaya bien para sacar tajada política de un nuevo contraste.

Un fútbol carente de triunfos cuenta siempre con una mayoría de aficionados que miran el vaso medio vacío. Lo que se haga para intentar construir un proceso coherente y consistente servirá de nada, en tanto el predominio de los resultados negativos prevalezca, teniendo siempre presente que el hincha, ahora protagonista de las redes sociales, incriminará y condenará al mismísimo Dios y a sus apóstoles por lo que podría ser un nuevo contraste. El fútbol es así. La gente que se dice futbolera, una gran parte de ella,  sabe bastante menos de sus entresijos de lo que aparenta: Putea a un delantero porque no puede conectar un cabezazo para el gol, sin considerar que el balón enviado le quedó muy alto, y que el jugador de circunstancia no es el hombre elástico de los cómics.

La selección boliviana que dirige Mauricio Soria ha concluido un microciclo de diez días en el que se ha trabajado a conciencia, con una dedicación poco frecuente en nuestro fútbol, con una motivación gestada por el propio mandamás del llamado equipo de todos y su grupo de trabajo, estableciendo las bases para encarar lo que viene con la mística de los sabedores de sus potencialidades, de sus talentos y de su capacidad competitiva. Pero como el vaso quedó a la mitad, los negativos de siempre decidieron poner el acento en que la Verde no se sometió a prueba frente a algún rival, cuando es bien sabido que el diferimiento del encuentro con Nigeria se debió a factores extrafutbolísticos, a consecuencia de un clima político social caótico imperante en el país africano.

Ha hecho bien Soria en desconectarse de los juanes y los pepes, esa horda de persecutores con vocación para el linchamiento mediático que se atrevieron incluso a especular con la salud mental del seleccionador antes de ser nombrado, cuando andaba afanado por superar un incidente producido en la ciudad de Potosí, propiciado por un mal bicho que utilizó una grabación no autorizada para crucificar al entrenador. Y ha tomado una decisión acertada porque si a Mauricio se le podrán observar algunos aspectos de su temperamento, ya no se pondrá en duda que la selección cuenta con el entrenador mejor preparado y actualizado del medio para asumir la pesadísima responsabilidad de buscar salir de los últimos lugares en la tabla sudamericana, cuando Bolivia deba enfrentar a México, Ecuador y Chile en la fase de grupos de la Copa América Chile 2015.

Lo que venga a continuación es harina de otro costal. Es demasiado evidente el conjunto de desventajas con las que nuestra selección deberá ir al frente de rivales que cuentan con futbolistas con mejor formación de base, rodaje competitivo en ligas más exigentes y, por lo tanto, estándares de rendimiento mayores y lo que Soria con su cuerpo técnico van a intentar es sacarles las mayores posibilidades expresivas a los jugadores que queden en la lista final, y es en esta asignatura que podrá valorarse la mano del estratega, desde el pulimento de aspectos técnicos hasta el perfeccionamiento del repertorio táctico.

Solamente la mala entraña de alguien indigestado con su presente puede conducir, cual si se tratara de un pájaro de mal agüero, hacia un territorio comparativo inadmisible: “Ojalá que a la selección no le vaya igual que a la Sub-17 o a la Sub-20.” Quien pronunció esta frase no fue un hincha de gradería, sino un personero de club que tiene a varios jugadores de su equipo convocados al cuadro nacional. En realidad, da la impresión, que eso es lo que precisamente están esperando los juanes y los pepes, esos que ponen los egos personales por delante del bien común o del bien mayor.

La selección dirigida por Mauricio Soria perdió con una Sub-21 de Brasil (1-3), fue empatada en Coquimbo por la espectacular Chile de Sampaoli en Coquimbo (2-2) y con la ayuda de Néstor Clausen, le ganó a Venezuela en el Hernando Siles (3-2). Sí, es cierto, Soria estaba como interino, si se quiere a prueba, pero si esto lo consiguió con casi nada de trabajo, me atrevo a pensar que con lo que ha venido haciendo hasta ahora puede conseguir, no sé si grandes resultados, pero seguro que actuaciones sólidas y coherentes que podrán vislumbrase en los partidos a jugarse contra Argentina y Venezuela, días previos al desembarco en Viña del Mar. Pasa que algunos, los que nos preciamos de mirar fútbol con el ojo escudriñador para el detalle, miramos el vaso medio lleno, no el otro, el de la amargura, el del morboso regodeo en el fracaso y por eso nos ataviamos con el ropaje de la buena fe, con todos los vacíos, imperfecciones y taras arrastradas por el fútbol boliviano. Aun así, con tantos mierderos de intriga y desinformación armados a diario, politizando el fútbol hasta la náusea, creemos en la selección de Soria.

Lo que vaya a hacer Bolivia, así lo deseamos fervientemente, podrá quedar muy por encima de la media de calidad con la que se juega en la Liga boliviana, y no debe descartarse que ese esfuerzo superlativo pueda resultar insuficiente a la hora de los fríos resultados. Creer o no creer es la cuestión y hoy me toca reafirmar mi vocación por el optimismo, en tanto la vida significa una lucha diaria sin pausa y sin fin. Que los infelices de enfrente sigan en la suya, allá ellos, sabrán por qué es más importante la egolatría que la felicidad de esa afición boliviana que cree en el sentido profundo del juego y no en su sórdida utilización para expectorar sus más bajos instintos.

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