Fútbol

El talentoso y posmoderno Ronaldo

Emprende carrera con atlética convicción, bicicletea el balón de tal forma que es difícil quitárselo sin incurrir en infracción, dispara muy bien haciendo diagonales por derecha e izquierda, cabecea casi siempre allá donde los porteros no llegan, cuida sus abdominales y su colección de automóviles como nadie, es uno de los mejores futbolistas de este tiempo, pero su posmodernidad no le permite entender por qué tiene pesadillas con Messi, incomodidad que no puede disimular.

La Razón / Julio Peñaloza Bretel

01:42 / 22 de junio de 2012

La selección portuguesa es un conjunto tácticamente aplicado, con una enorme capacidad para conseguir rápidamente la tenencia del balón y a partir de ahí manejar los hilos de cada partido, si el rival no es, por ejemplo, Alemania. Si bien en la primera etapa la posesión le fue disputada en algunos tramos por República Checa, en el segundo tiempo la solidez y la continua generación de jugadas en ofensiva de la mitad del campo a cargo de Meireles y Moutinho, la agresividad de Coentrao y Pereira por las bandas para abrir la cancha sumándose al ataque, y la gran movilidad y los disparos a puerta de Nani indicaban quién hacía lo suficiente para llevarse el triunfo.

Portugal puede elaborar fútbol de calidad consiguiendo el perfecto equilibrio de líneas poblando todos los espacios sin perder casi nunca la iniciativa, como lo demostró ayer, pero no llegaría a marcar diferencia sin las zigzagueantes escapadas de Cristiano Ronaldo penetrando el área, siempre buscando el cara a cara con el portero luego de amagues o bicicleteos, o sin sus fantasmales apariciones para capturar balones aéreos que lo hacen, incontrolable, además, cuando se le generan opciones de anotar de cabeza.

Un buen funcionamiento colectivo, consistente y convincente en todas las zonas de la cancha puede servir para ganar partidos frente a rivales dóciles, pero cuando las exigencias se triplican en instancias como las de cuartos de final, deben aparecer los que marcan la diferencia para traducir el buen juego en consecuente buen resultado y es aquí donde se confirma que el gol es parte de las virtudes de juego en el que cuenta la precisión de la última jugada.

Peter Cech que les atajó dos pelotas con destino de red a Nani y a Moutinho, y que tuvo de socio a los parantes en dos ocasiones ejecutadas por Ronaldo, una con balón en movimiento y la otra de tiro libre, jamás podrá desentrañar cómo y de dónde diablos irrumpió el goleador del Real Madrid, para anticiparse de palomita luego de que el balón se le pasara a Moutinho, y conectar así tremendo frentazo que sitúa a los lusitanos en semifinales a la espera de España o Francia.

Se comentaba en broma hace un par de semanas que los mejores goles anotados en esta Eurocopa que se juega en Polonia-Ucrania los había convertido Messi para Argentina contra Brasil en Nueva York, chiste que seguramente no le haría gracia alguna al 7 portugués, heredero de sus compatriotas Eusebio y Luis Figo, el primero en los 60 y el segundo en los 90, que también figuraron en el parnaso de sus épocas, entre los mejores futbolistas del planeta, y que ayer no ahorraron aplausos y festejos desde las gradas, ahora que su selección vuelve a quedar entre las cuatro candidatas al título, superando su desempeño que en 2008 encontró límite, precisamente en cuartos de final, cayendo 2-3 frente a Alemania.

El único problema para el perfil eficaz de Cristiano Ronaldo es que como dice Johan Cruyff, “si se ocupa tanto de Messi significa que todavía tiene que crecer”. Ya se sabe que todo Mozart tiene su Salieri, todo Guardiola tiene su Mourinho, y todo Messi tiene su Ronaldo, figura con luces propias como lo demostrara sobradamente contra Holanda y ayer contra los checos, pero que no soporta ser “número 2” y por lo tanto no puede disimular la  importancia que el argentino tiene en sus pesadillas en tanto estorban un ego que lo hace groseramente escénico y estereotipado, sabedor de cuántas son y en qué lugares están distribuidas las cámaras de televisión para registrar los reprises ralentizados de su repertorio gestual, de los cuales hay morisquetas específicas y diferenciadas para sus desplazamientos, sus caídas cuando le cometen infracciones, sus goles y sus celebraciones en primerísimo primer plano. Si bien su papá le puso Ronaldo en homenaje a ese mediocre actor de westerns, Ronald Reagan, éste, en su ignorante admiración al presidente republicano, no sospechaba que su hijo además de excelente futbolista terminaría convirtiéndose en cultor del gesto, funcional como nadie a la narrativa televisiva futbolística de estos tiempos.

Ronaldo es un futbolista extraordinario, pero incapaz de disimular la posmodernidad con la que está situado en el mundo, pues aparte de sus habilidades deportivas y escénicas, parece no saber de otra cosa que no sean los autos deportivos y la importancia filosófica que tiene el cuidar su abdomen, cual si fuera la esencia de su identidad. En personajes como éste, las formas y los contenidos terminan siendo lo mismo, porque todo lo que pueden exhibir está nada más que en la superficie de la vida.

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