Fútbol

‘La tragedia nos tocó fuerte’

El técnico Gustavo Quinteros hoy se olvida del fútbol y cuenta cómo vive Ecuador

Rescate. El estadio Maximino Puertas de Pedernales es utilizado para atender a los heridos por el terremoto del sábado.

Rescate. El estadio Maximino Puertas de Pedernales es utilizado para atender a los heridos por el terremoto del sábado. Xinhua.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Asturizaga / La Paz

01:00 / 20 de abril de 2016

Gustavo Quinteros dejó estos días a un lado su cargo de seleccionador nacional de Ecuador y con toda su familia participa activamente en las campañas que ayudan a recolectar insumos, agua, ropa y vituallas para los damnificados por el terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter que sacudió la zona costera de ese país el sábado.

“Aquí está todo muy feo, muy triste. Hay mucha gente que murió, también hay desaparecidos y sus familiares los buscan desesperadamente; otras personas perdieron cosas hechas con mucho esfuerzo. Todo el país está consternado”, cuenta Quinteros.

El fútbol ha pasado a segundo plano. La Copa América Centenario, las eliminatorias mundialistas que Ecuador lidera, todo eso puede esperar. El DT dice que hay que ayudar en este momento difícil.

Su familia y Quinteros están bien. Viven en Guayaquil. Sintieron el terremoto, pero no les pasó nada. En cambio, allegados a ellos están sufriendo: una señora que realiza labores domésticas perdió a su primo, mientras que el chofer que lleva a sus hijos al colegio perdió su casa en Manta. “Sus padres están con él en Guayaquil, porque allí se les derrumbó todo”.

La asistencia a los damnificados hoy es la prioridad. “Estamos colaborando, mi señora ha comprado cosas para enviar a las zonas afectadas, estamos juntando ropa, alimentos, haciendo lo que se puede desde acá. Nosotros no podemos ir hasta el lugar de los hechos, va solo gente especializada en rescate. Desde aquí hacemos todo lo posible. La solidaridad es de todo el país”.

Por la situación no ha tenido contacto con gente del fútbol, ni siquiera por la cercanía con la de Emelec, el club que llevó a Quinteros a Ecuador cuando todavía era, en 2012, seleccionador de Bolivia.Se enteró, eso sí, que hay futbolistas afectados, jugadores que perdieron a sus familiares o sus viviendas se vinieron abajo. “Un jugador del Manta perdió a su padre”.

A diario la cifra de muertos, desaparecidos y damnificados crece. “Escuchas esas cosas y lo mínimo que puedes hacer es ayudar, ponerte a disposición para dar lo que tienes. El sentimiento de solidaridad ha hecho que la gente incluso entregue las cosas que utiliza, es que todos intentan devolverle algo de calma a todas esas personas que están sufriendo”.

Gracias al fútbol, el DT conoció algunas de las ciudades hoy afectadas, por ejemplo estuvo en Manta y Portoviejo (en 1993 sede de la Copa América). Se lamenta porque Ecuador no estaba preparado para esta situación. “Es que son cosas de las que nunca se hablaba, porque hace tiempo que no habían ocurrido”. Hace 18 años se registró el más reciente fenómeno, de acuerdo con entidades especializadas.

Cuenta que las ciudades afectadas no son tan grandes como La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, y que por su ubicación cercana al mar la mayoría de sus habitantes se dedica a la actividad pesquera. “Es terrible saber que el desastre alcanza al 70% de poblaciones de unos 200.000 habitantes. La tragedia nos tocó fuerte. La desgracia es grande”.

Varias actividades fueron suspendidas y, entre otras, las oficinas de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) están cerradas. “Este país me dio tanto que lo mínimo que puedo hacer es colaborar en este difícil momento”, dice.

Los datos

En el estadio

En el estadio Reales Tamarindos de Portoviejo debía disputarse un partido de ascenso la noche del sábado; el terremoto llegó cuando los equipos realizaban el ingreso en calor.

Albergue

El estadio Jocay de Manta, ciudad afectada, es utilizado como albergue y centro de recepción de ayuda que llega de todas partes del mundo.

‘No podía ni bajar las gradas’

Gustavo Quinteros y su familia establecieron su residencia en Guayaquil, en la zona de San Borondón, lugar exclusivo con urbanizaciones privadas. La ciudad está a unos 350 kilómetros del epicentro del terremoto ocurrido el sábado, pero igual sintió el movimiento.

“Estaba en mi casa y de pronto todo empezó a moverse. Fue terrible, fue muy fuerte, no podía ni bajar las gradas, no podía mantenerme en pie”, es lo que recuerda Gustavo Quinteros sobre esos momentos.

Allí hubo un fuerte temblor y el susto fue grande. “Lo único que hice con mi esposa fue salir a la calle, ahí nos sentimos seguros y fuimos a buscar a nuestros hijos que estaban jugando en una cancha de fútbol situada a unos 150 metros de la casa. Cuando nos encontramos con ellos fue que volvió la tranquilidad”, cuenta.

En Guayaquil hubo dos personas fallecidas, una joven porque le cayó una viga en un centro comercial; y un varón mayor que pasaba por debajo de un puente y la estructura se derrumbó encima de él. “Aquí estamos bien, pero la pena aumenta al saber cómo están en la zona donde el terremoto golpeó fuerte”.

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