Marcas

El golazo de Pastore

Con el gol probablemente habrá vuelto a llamar la atención de Alejandro Sabella

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:43 / 04 de abril de 2014

Ingresó en la parte final del partido cuando todo parecía que acababa por la mínima diferencia, resultado ideal para el Chelsea de Mourinho, pero en los minutos de adición, Javier Pastore, que remplazó a su compatriota Ezequiel Lavezzi, se mandó una soberbia incursión individual a pura gambeta para anotar uno de esos goles fuera de serie, y situar al Paris Saint Germain de Laurent Blanc en las puertas de semifinales de la Champions League. 

Sigo el lúcido estribillo del uruguayo Jorge Drexler que desde la música y la poesía recomienda “amar la trama más que el desenlace”. Fiel a ese consejo, devoto de ésta que para mí es consigna, aplico esa enseñanza que puede perfectamente utilizarse como una cartografía del fútbol y por eso cuando recuerdo al Brasil del 70 no evoco tanto los goles, sino la manera de conseguirlos a partir de la sincronización de cinco virtuosos encabezados por Pelé: Tostao, Gerson, Jairzinho y Rivelino. En esa misma senda, con el mismo ánimo en mi itinerario vital, recordaré al actual Barcelona, más por los pases perfectos ensayados entre Iniesta, Xavi y Messi que por los incontables goles de todas las calidades y para todos los gustos. Es decir, repito por enésima vez que soy de esos futboleros que se fija primero en la estética y luego en la explosión, en la coreografía completa antes que en el giro final y eso me lo enseñaron en casa escuchando ópera desde Enrico Caruso hasta Luciano Pavarotti y en el ballet clásico desde Margot Fonteyn hasta Alicia Alonso, o desde Vaslav Nijinsky hasta Rudolf Nuréyev.

Será por eso que las discusiones entre hinchas que se autonombran analíticos, pero terminan avalando a sus equipos por los resultados, me interesan un verdadero pepino, porque si hay una dictadura en este juego por el que nos desvivimos a diario es precisamente la que impone el marcador final de un partido y que enseña que ganar como sea sigue siendo lo fundamental en el más grande escenario catártico y exitista en el que cada quien a su modo libera sus represiones, frustraciones, envidias, broncas, y otras vainas relacionadas con la impredecible conducta humana, o lo contrario, purifica sus deseos más genuinos y transparentes.

El gol es parte del juego, hace que se concrete su sentido total, vaya perogrullada, pero no hay cosa más emocionante que ser testigos de goles como producto de aventuras técnico-tácticas que puedan traducirse en abultados marcadores como las que ha estado generando el Liverpool, nuevo puntero de la Premier inglesa, con anotaciones que compiten entre sí por calidad de elaboración, felizmente resueltas con maestría para mandar la pelota al fondo de las mallas, esto es, los goles haciendo honor a las cualidades de sus jugadas previas.

Me enseñaron en la materia de química las diferencias entre mezcla y combinación, y aprendí que en el fútbol las mezclas y combinaciones se intercalan a partir de los atributos individuales de sus jugadores y de la capacidad de éstos para converger en un proyecto común a objeto de conseguir una identidad en el campo y es desde esta aparente contradicción entre lo individual y colectivo que en realidad resulta siendo una indiscutible complementariedad, que miro  y  remiro el golazo que Javier Pastore, del PSG dirigido por Laurent Blanc, le hizo al Chelsea para sellar el resultado (reemplazó a su compatriota Ezequiel Lavezzi en el minuto 84 del segundo tiempo), gambeteando “a la antigua” a tres adversarios por la banda derecha para meterse en el área y enviar un remate cruzado entre el parante izquierdo y el meta Cech y así anotar un 3-1 a los 92 minutos que sitúa al equipo francés en las puertas de semifinales, cuando Zlatan Ibrahimovic ya se había marchado por lesión.

Como si Maradona lo hubiera adivinado hace cuatro años cuando dirigió a la selección argentina (Sudáfrica 2010) —así de brujos son los que saben de verdad— opinó lo siguiente sobre el delantero cordobés: “El flaco Pastore me sorprende, te limpia a tres como si hubiera jugado tres mundiales. Cuando lo puse le dije, andá y divertite, volá”.  Y eso es lo que exactamente hizo para anotar este golazo que produjo también la contracara de la diversión y la libertad de la que hablaba Maradona cual si fuera filósofo o escritor y es la expresada por el entrenador del Chelsea, José Mourinho, el maestro de la mala leche, que declaró que el gol de Pastore había sido una broma, algo ridículo, en alusión a cómo quedaron pagando sus defensores, y que rompió la planicie de la fecha con un Real Madrid burocrático ganándole a un despintado Borussia Dortmund (3-0), que ya nada tiene que ver con el finalista de la pasada Champions League.

Pastore llegó por donde llegaba Garrincha para hacer estragos en los gloriosos 60, hizo un gol que puede valer estar entre los cuatro mejores equipos de Europa, pero como todo en la vida tiene un comienzo, hay que decir que el delantero que iniciara su carrera en Talleres de Córdoba, hizo escuela intensiva en el gran Huracán de 2008-2009 dirigido por Angel Cappa, del que fue goleador con siete anotaciones en el torneo clausura del que debió ser campeón, y cuyo título finalmente fue obtenido por Vélez Sarsfield.

Javier Pastore fue transferido de Huracán al Palermo italiano (2009) y en 2011 fue fichado por el PSG por 42 millones de euros. Con el extraordinario gol convertido al Chelsea en el que la trama y el desenlace se fundieron en una sola cosa, probablemente habrá vuelto a llamar la atención de Alejandro Sabella, que parece no tenerlo en sus planes para definir la lista final de quienes conformarán la selección argentina que estará en Brasil 2014.

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