Marcas

No tuvo uñas de guitarrero

La Razón (Edición Impresa) / Oscar Dorado

13:51 / 05 de febrero de 2014

De las rondas iniciales de Copa Libertadores la que anoche dejó escapar Oriente Petrolero fue, si se quiere, de las más accesibles para avanzar. Al menos de las transcurridas durante los últimos años. Y no sólo por el resultado favorable (así fuera estrecho) en casa, sino porque Nacional, como local, volvió a ser un equipo, además de lento, sin demasiados argumentos, perfectamente superable.

En otras palabras: más que ganar la instancia el representante uruguayo fue el nuestro el que la perdió. Y ni siquiera hacía falta una patriada futbolera —permítase la expresión— sino sólo una mejor disposición de juego, además, claro, de tranquilidad, para defender lo conseguido a la ida. Dicho de otro modo: cabía una cuota de jerarquía. Y se la extrañó, como tantas veces.

El “Bolso” presionó —era lógico esperarlo— pero generó fútbol a cuentagotas. Y eso Oriente no supo o no pudo capitalizarlo, al margen por cierto de otros factores: la irresponsabilidad de Brau al hacerse expulsar o el infortunio de Arias al sufrir la segunda caída.

Las carencias del plantel de Pelusso se pusieron de manifiesto de entrada: pretendió resolver el pleito a lo guapo, empujando a ojos cerrados. Y eso duró simplemente cinco minutos. Después se encegueció y si Iván Alonso quebró el empate se lo debió a una pelota parada ante la que no hubo una respuesta adecuada. Los detalles marcan diferencia. En el periodo inicial el español Juan Quero obligó a una buena intervención de Gustavo Munúa. Fue lo más claro en materia ofensiva.

La presencia de Alcides Peña, tras el descanso, permitió presumir que el cuadro boliviano buscaría preocupar de veras a la zaga alba. Como idea, interesante. En la práctica no se consumó. Es que el mediocampo visitante transitó en la indefinición; preocupado como estaba de contener olvidó a los atacantes, casi siempre aislados a la hora de entrar en acción.

Cerca de la media hora, Carlos De Pena hizo el segundo y adiós esperanza, pese a que sobre el epílogo no estuvo lejos el descuento de Miguel Hoyos. Oriente no llevó en las valijas la personalidad que desparramó en el Tahuichi. Apostó —riesgo puro— al empate o a forzar a los penales. Y como suele suceder en estos casos se quedó con las manos vacías. Más que por virtud ajena imperó la impericia propia.

(*)El autor es corresponsal en Bolivia de la cadena televisiva internacional Fox Sports.

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