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‘Soy hincha y en el fútbol no tengo cabeza fría...’. César Navarro

El Viceministro de Movimientos Sociales aún celebra el tri

César Navarro.

César Navarro. Foto: Pedro Laguna.

La Razón / Óscar Dorado / La Paz

03:30 / 28 de diciembre de 2012

La autoridad va de reunión en reunión. Atiende el teléfono celular. Sale de su oficina, en Palacio de Gobierno, e ingresa a otra, donde un asunto diferente lo espera. El seguidor de The Strongest  —reconoce— se mezcló entre miles de enfervorizados que hace un par de domingos coparon El Prado y celebraron el tricampeonato. No estuvo solo. Lo acompañó Inti, uno de sus hijos, con quien presenció el clásico que redondeó la campaña.

— ¿Y cómo es que un potosino generó afición por un equipo de La Paz?

— La militancia en el Tigre se la debo a René, mi hermano mayor. Sucedió a corta edad. Y también involucró a otros hermanos; en la familia casi todos somos aurinegros. Sin embargo, me acuerdo que de niño era de Independiente Unificada, que descendió y desapareció… Circunstancialmente, los potosinos fuimos hinchas del equipo que nos representaba. Pasó con Universitario, Real Potosí y ahora el sentimiento regional alcanza a Nacional. Cuando llegan intento ir al estadio para apoyarlos, es que está en cancha una parte del departamento en que nací. De todos modos, la pasión mayor se vuelca hacia The Strongest.

— Tiene recuerdos de data reciente y Ud. asegura que alguno “le movió el piso” ¿Puede identificar cuál es ese partido?

— La remontada frente a Oriente, antes de lograr el primer título, en diciembre de 2011; un partido increíble, obtenido como nos gusta a los atigrados. Otro es el que se le ganó a Bolívar, el año pasado, y finalmente la victoria sobre San José, en Oruro, clave en función del tricampeonato. No sólo vibré, de seguro, la adrenalina algo me envejeció.

— ¿Qué tipo de hincha es Ud.?

— En el estadio, fanático. Cuando concluyen los cotejos la alegría del triunfo o la tristeza de la derrota me dura media hora. Soy muy activo en la gradería y pasivo posteriormente.

— ¿Cuál es el análisis que, bajo el concepto partidario, hace luego de tres títulos seguidos?

— Generalmente se alude a la garra. Y eso, que es muy importante, lo asocio a un plus de autoestima que nace en los últimos momentos, inyecta productividad a quienes actúan  y entusiasmo a los que desde afuera respaldamos. Es, más allá de un eventual revés, no sentirse derrotados. No hace mucho tiempo perdíamos ante La Paz FC, jugando con uno menos, y terminamos ganando. Fuimos hacia adelante, sin soberbia, privilegiando lo colectivo y eso, en buena medida, explica todo lo bueno que vivimos.

— El Órgano Ejecutivo no se encuentra exento a las preferencias futbolísticas; hay una que otra ratificación y también algún descubrimiento.

— El ministro (Carlos) Romero es bolivarista. El ministro (Juan ramón) Quintana apoya a Wilstermann, pero sin apasionamiento. Son quienes más cercanos tengo en el entorno de trabajo. Verá que existe una wiphala de preferencias.

— ¿Y el Presidente?

— Es de Bolívar, confirmado. Y cuando gana la Academia es el primero en cargarnos con alguna broma. Sin embargo, por sobre eso prevalece su gran espíritu deportivo. Fuimos a ver con él a The Strongest–Santos, de Copa Libertadores, y aplaudió el éxito del Tigre. Yo lamento que su equipo no le haya dado demasiados motivos de felicidad en la última época.

— ¿Por qué, con anticipación, vaticinó públicamente el tricampeonato? ¿No asumió un riesgo en el pronóstico?

— Es que se veía venir. Lo inesperado tuvo que ver con el bicampeonato. Aspiramos al tri a raíz de la certeza que el propio cuadro transmitió desde principio de campeonato. Ganábamos a fuerza de solvencia, sin depender tanto de la fortuna. La última conquista representó el fruto de un trabajo efectivo. No se desarmó el plantel y, al contrario, se lo reforzó adecuadamente. Continuó la misma dirección técnica. Lo que acabamos de festejar es directa consecuencia de una actitud madura de dirigentes, entrenador y por supuesto de los jugadores. En otras palabras, mi optimismo siempre dispuso de fundamento.

— ¿Jugó al fútbol? ¿Quizás a nivel competitivo?

— Era arquero y eso me permite valorar en mayor grado lo que significa tener en el equipo a Daniel Vaca; sin embargo, mi hermano Carlos, que ahora es profesor, fue parte de Highland Players y también de Fancesa, en Sucre, cuando estudiaba en la Normal.

— ¿Usted destacaría a algún jugador en particular?

— Me identifico con el Chuma, porque es obrero, transpira la casaca, está en todo lado, sólo le falta ir al pórtico; como en Bolívar lo fueron en su momento Borja y Soria. Parece que Alejandro tuviera tres pulmones y aunque es verdad que a veces desordena al equipo, también le contagia mística, de positivismo.

— ¿Cómo perfila la actuación del seleccionado en la última parte de las eliminatorias ?

— No está, con realismo, para clasificarse, sí para avanzar algo en torno a la posición actual. Superar a Uruguay permitió el renacimiento de la ilusión. La presencia de Azkargorta otorgó frescura, porque aparecieron muchachos que constituyen presente, pero esencialmente futuro, y a eso hay que apuntar competitivamente, aunque insisto en que los siete partidos que faltan hay que aprovecharlos en función de subir en la tabla.

— ¿Le gustaría, a futuro, ser directivo?

— No, porque esa misión requiere de cabeza fría. Yo soy hincha. Apoyo al que convierte y silbo al que juega mal… Un dirigente debe ser capaz, al igual que el director técnico, de tomar decisiones con la cabeza y no con el corazón. Aparte, no tengo plata.

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