Internacional

Alegrías, decepciones y frustraciones de la Copa América

Chile vivió la mejor jornada deportiva de su historia de la mano de una generación dorada que borró casi un siglo de frustraciones y ampliada por la categoría de un rival de la elite mundial como la Argentina de Messi.

La Razón (Edición Impresa) / AFP / Santiago

00:13 / 06 de julio de 2015

Chile vivió la mejor jornada deportiva de su historia de la mano de una generación dorada que borró casi un siglo de frustraciones y ampliada por la categoría de un rival de la elite mundial como la Argentina de Messi —subcampeona en Brasil 2014—, que otra vez se frustra en una Copa América, con 22 años de decepciones.

Alexis Sánchez (del Arsenal inglés), Arturo Vidal (Juventus italiano), Gary Medel (Inter de Italia) y Claudio Bravo (Barcelona de España), los estandartes de una generación única, coronaron a la Roja como un justo ganador de un torneo en el que decepcionaron las grandes estrellas.

El argentino Jorge Sampaoli guió a la Roja con el libreto de Marcelo Bielsa, paradójicamente huérfano de títulos importantes, cambiando la mentalidad de un equipo al que le faltaba temple y arrastraba demasiados problemas de disciplina.

Juego vertiginoso y precisión en velocidad fueron los atributos de un seleccionado que mantuvo un nivel alto durante todo el torneo e impuso autoridad en la final ante Argentina, que asustaba porque venía de una aplastante goleada ante Paraguay por 6-1 en semifinales.

Messi, considerado el mejor futbolista del mundo, volvió a quedarse en el intento con la camiseta albiceleste, luego de una temporada excepcional con el Barcelona, con tres títulos ganados bajo su batuta.

Argentina, eterna favorita, perdió las tres últimas finales de Copa América que jugó (Perú-2004, Venezuela-2007 y Chile-2015) y sumada a la derrota en el partido decisivo en el Mundial de Brasil-2014, abrió serios interrogantes sobre cómo afrontar los partidos que hacen historia.

Pero La Pulga no fue el único futbolista que quedó fuera de la raleada pasarela de las luminarias: mucho peor les fue al brasileño Neymar, expulsado por cuatro partidos (llegó a cumplir solo dos en la Copa) por una reacción infantil en la fase de grupos; así como el colombiano James Rodríguez, en blanco como goleador en un equipo amarrete que apenas marcó un tanto en cuatro encuentros jugados.

Alexis se salvó en parte por su frialdad para rematar el penal decisivo en la definición desde los 12 pasos en la final, aunque jugó embarullado y encaprichado todo el torneo, mientras que los de la segunda línea como Radamel Falcao García ni siquiera apareció y los fantásticos laderos de Messi, Javier Pastore, Sergio Agüero y Ángel di María solo dijeron presente en la semifinal, muy poco para tanto cartel y tanta cotización.

Perú está dando muestras de vida desde que Ricardo El Tigre Gareca asumió como entrenador con la primera misión de dar un zarpazo en la indisciplinada selección inca.

Al parecer el argentino logró lo que varios antecesores suyos no pudieron y puso garras al darle identidad a un seleccionado que mantiene la tradición del buen fútbol que hizo famoso la generación de Téofilo Cubillas en la década de 1970.

Perú llegó al tercer puesto por segunda vez consecutiva en un torneo regional con un equipo ordenado que prioriza el buen trato de balón y un Paolo Guerrero que despertó su instinto goleador en el momento indicado.

Los focos se habían posado en la selección paraguaya cuando en la primera fase sorprendió con un empate de atrás 2-2 ante Argentina, tras ir dos goles abajo, y luego eliminó a Brasil en cuartos en la tanda de penales. Pero la albirroja, que basa su juego sobre todo en la garra y la lucha, se entregó mansita en semifinales ante la albiceleste que le propinó un lapidario 6-1, en la mayor goleada de la Copa.

Y ya no se pudo recuperar del cachetazo en el partido por el tercer puesto, en el que mostró falta de reacción física y anímica.

Brasil vive una de las peores etapas, tal vez la peor, de su rica e irrepetible historia futbolística. Solo Neymar puede exhibirse como un fiel representante del jogo bonito que le dio gloria a la verdeamarilla.

Colombia, con el impulso de haber sido cuartofinalista en Brasil-2014 por primera vez en su historia, llegó a Chile como para hacer temblar a los grandes favoritos. Pero no pasó nada.

En Uruguay, todo al revés: Edinson Cavani llegó como el heredero del liderazgo de Luis Suárez y regresó desahuciado por la polémica y un nivel de juego bajísimo, sin anotar, muy lejos de antecedentes como implacable goleador del París Saint Germain.

Bolivia y Venezuela de vez en cuando amagan con algo grande, pero parece que les queda cómodo el traje de cenicientas de la región que calzan desde hace años.

Ecuador tiene como atenuante que se le cayeron varios soldados antes de la batalla copera, comenzando por su estrella Antonio Valencia, del Manchester United, y lo pagó caro.

México, líder en la Concacaf con Estados Unidos, volvió a tropezar con la misma piedra en esta Copa América y quedó afuera en primera fase.

Y Jamaica ni hablar, con su técnico alemán Winfried Schäfer orgulloso pese a que su selección perdió los tres partidos...pero solo por 1-0 ante selecciones como Argentina, Uruguay y Paraguay.

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