Internacional

Argentina y su favoritismo desportillado

La Albiceleste pintaba para controlar el partido de principio a fin. Su falta de puntería y la batalladora vocación paraguaya de nunca rendirse, terminaron poniendo las cosas en la justa medida de un empate.

Kun Agüero. Foto: EFE

Kun Agüero. Foto: EFE

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel

02:49 / 14 de junio de 2015

La apertura del marcador (Agüero), producto de un regalo albirrojo, y un penal que todavía generará discusiones (Messi), puso a Argentina en la ruta de la goleada. Al igual que Chile hiciera con Ecuador, se dedicó a aplicar la presión total a la salida del rival, pero conforme fueron transcurriendo los minutos, emergió la Paraguay de siempre, corajuda, batalladora e invariable en su apuesta por el contraataque, que logró emparejar el trámite hasta que en el último suspiro del partido, producto de su incansable búsqueda puso las cosas 2-2, cuando los primeros indicios del partido decían que Argentina terminaría imponiéndose fácilmente con por lo menos tres goles de diferencia.

Bien plantada de inicio con tres en la línea de fondo, dos volantes de marca, tres de generación y dos definidores con ductilidad para participar en las labores creativas, jugando a un toque y filtrando balones como se le iba en gana, esta vez con Pastore más preciso que Di María, Argentina pagó esta vez muy cara  su falta de definición en casi una decena de oportunidades de las que será recordada esa incursión messianica en solitario, sorteando un cuarteto de rivales, portero incluido, y que terminó con el balón apenas desviado del parante izquierdo de la meta guaraní.

Hay como un destino fatal en la selección Albiceleste. Se me antoja ahora, recordando letras de tango e historias bonaerenses terminales, que pareciera existir una vocación por el sufrimiento y que por ello, ganar con la soltura de una propuesta generosa en exquisiteces para distintos gustos, termina no siendo lo suyo y por eso, al final queda la imagen de esfuerzo extremo por conjurar una llegada adversaria a cargo de Mascherano, Garay y ahora también Otamendi, y no las que testimonian posibles celebraciones por un cómodo desenlace, producto del buen juego y de la contundencia resultante del mismo, contando con una plantilla que tiene hombres de área como ningún otro equipo nacional del continente.

Argentina juega al fútbol con el sello de una gran depuración técnica y de ello dio rotundas muestras durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Paraguay lo hace con el de la infracción, la interrupción de los circuitos del rival y la progresiva conquista de espacios que al final, cuando su guión empieza a fluir es posible que un zapatazo de Nelson Valdez o un disparo languideciente de Lucas Barrios, certeramente asistidos por Ortigoza, logren emparejar las cosas para firmar que el resultadismo seguirá vivito y coleando.

Para conseguir lo que quiere Gerardo Martino es indispensable una condición física sostenida en 90 minutos, y esto resulta tremendamente laborioso cuando todos los jugadores que llegan a las selecciones sudamericanas, contando a los argentinos procedentes de la extenuante temporada europea, van en busca del esfuerzo extremo, cuando sus compañeros están gozando de esas merecidas vacaciones bien programadas a través de una calendarización impecable, luego de jugar entre cinco y siete partidos mensuales con la más alta exigencia durante diez meses.

Así, Argentina que llegaba como favorita, con Messi como nunca antes encendido de ilusiones para reconquistar la Copa América, debe ahora enfrentar con la presión de este empate, a la Uruguay de Washington Tabárez que también sufrió dificultades para ganarle apenas 1-0 a una Jamaica ordenada e inesperadamente atrevida cuando dispuso de espacios que le permitieran inquietar a Muslera.

Como sucediera con una disputadísima  fase de grupos de la última Copa del Mundo,  el B de esta Chile 2015 se ha inaugurado como muy parejo y en el que Paraguay deberá aplicarse para superar a Jamaica, y el clásico rioplatense nos regalará nuevamente el partido de cancha inclinada en el que la Albiceleste saldrá a buscar la puerta de la celeste desde el primer minuto, escuadra que tiene a su figura ordenadora en el colchonero Diego Godín y que seguramente propondrá las cosas al estilo charrúa con Edinson Cavani bajando a la mitad del campo para hacerse manija del equipo, con la sentida ausencia en zona de definición de Luis Suárez como se pudo advertir con los jamaiquinos.

Nada está dicho, pues acerca de lo que vaya a suceder el martes 16 de junio, y serán las correcciones de Martino las que ayudarán a tener el equipo físicamente aguantador del trámite completo del lance, si quiere de verdad demostrar que Argentina puede jugar con el ritmo europeo de élite necesario en función del estilo de juego definido, aspecto indispensable si busca ganar jugando siempre al ataque, sin renunciar un solo segundo a mirar la portería contraria.  Para ello, seguramente, deberá pensar en si Lucas Biglia salta al campo desde el minuto cero, figura que fuera el complemento ideal de Mascherano en Brasil 2014, luego de constatado el bajón acusado por Fernando Gago.

Animado por el empate en minuto adicional, Paraguay querrá ser protagonista frente a Jamaica, y entonces será el turno de Roque Santa Cruz para intentar demostrar que en el tramo final de su carrera, todavía tiene algo que aportarle a esta su selección que cuenta con un seleccionador ganador y ofensivo como Ramón Díaz, que ha sido absorbido por el estilo histórico del equipo que dirige, ése que se caracteriza por lo inoxidable de su belicoso estilo para jugar, y quien sabe, a veces conseguir resultados emocionantes como el de ayer.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.Responsable de Historia y Estadística de la FBF.

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