Internacional

Argentina juega, Colombia pega

El mejor fútbol de toda la Copa América Chile 2015 lo practicó Argentina

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

02:04 / 27 de junio de 2015

La mugre del fútbol sudamericano, las viejas tretas de los tiempos de Havelange-Texeira-Grondona-Leoz-Figueredo se apoderaron del Sausalito de Viña del Mar a través de la mala onda del mexicano Roberto García Orozco que arbitró el tercer partido de cuartos de final de Copa América para que lo ganara Colombia. Lo suyo fue monumentalmente grosero, cobrando tendenciosamente durante los 94 minutos del partido en favor de los cafeteros y en contra de los rioplatenses, al extremo que cuando Juan Guillermo Cuadrado debió ver la segunda amarilla, el colegiado, cínico como él solo, se hizo el tonto y dejó seguir.

El periodista argentino Elio Rossi había tratado de mal paridos a los colombianos a propósito de los incidentes que indujeron a Neymar Jr. a perder los estribos (Colombia 1 Brasil 0), y aclaró que su calificativo fue expresado en el ámbito de lo que tan gruesa palabra significa como sinónimo de mala intención o de mala leche. No es fácil establecer si efectivamente, los colombianos tenían instrucciones de interrumpir sistemáticamente por las buenas o por las malas a los creativos argentinos, pero lo objetivo es que así lo hicieron, en varias ocasiones con una violencia innecesaria que da lugar a sospechas. Sucede que cuando el rival es infinitamente superior en todos los capítulos del libro futbolístico, no queda otra que entrarle a la mala para evitar un atropello humillante para el que lo soporta, dada la calidad del protagonista.

Si el arbitraje del brasileño Ricci que expulsó a Edinson Cavani, ya había sido polémico en el Chile 1 Uruguay 0, éste de García Orozco encendió las alarmas y puso a conjeturar a varios que ya sospechan de que este torneo venía armado para que no lo ganaran por nada del mundo, Brasil, Argentina o Uruguay, países de la dirigencia sudamericana que tiene un muerto (Julio Grondona) y dos presos ( José María Marín y Eugenio Figueredo), preclaros representantes de la languideciente gerontocracia que gobernó el fútbol de nuestro continente durante casi tres décadas.

Con su pésimo desempeño, por tendencioso y abiertamente malintencionado, desprotegiendo la integridad física de los habilidosos con la pelota, el árbitro afeó un partido que tuvo a una Argentina fulgurante en la primera etapa, que redujo a la mínima expresión a Colombia que pareció un rejuntado de aprendices desconcertados y desesperados que obligaron a José Pekerman a realizar una tempranera sustitución –Cardona por Teo Gutiérrez— para reforzar la contención en el medio terreno, debido a que la Tricolor no atinaba a nada, con el implacable pressing de la Albiceleste que ejecutó un concierto de variantes por dentro y fuera, llegándole a Ospina de frente y por los costados, único valor colombiano que se merece un saludo con sombrero de copa, luego de la memorable doble atajada a Agüero y Messi, que no pudieron batirlo, gracias a sus reflejos y a su impresionante condición física para estirarse de un extremo a otro del arco y así evitar la caída.

Los que apuntan a Chile como favorita para ganar el torneo, comprobaron ayer que cuando Messi dirige la orquesta y el resto de los solistas están en el día de tratar el balón con el cuidado y la exquisitez de los virtuosos, tiene que resultar tremendamente difícil frenarlos con recursos lícitos: Su capacidad para el amague, la gambeta o la media vuelta son tan incontrolables que no debe quedar otro recurso que la patada, el codazo o el manotazo que hasta poseyó a Radamel Falcao, última expresión de la impotencia del que ayer fue un detestable equipo que recordó al Estudiantes de la Plata de Osvaldo Zubeldía, encabezado por Carlos Salvador Bilardo que ingresaba al campo munido de alfileres para ganar por las malas, si no se podía por las buenas.

El mejor fútbol de toda la Copa América Chile 2015 lo practicó Argentina jugando contra doce, porque si la administración de justicia hubiera sido transparente y correcta, Argentina debió haber ganado cómodamente por cuatro o cinco goles de diferencia, considerando un travesaño, un parante y dos penales cometidos contra Agüero y Messi, que el formidable/abominable Orozco no cobró.

Si Argentina juega en la semifinal contra Paraguay o Brasil como lo hizo contra Colombia, y si el arbitraje del partido no vuelve a ser  como el de anoche en Viña, hay grandes posibilidades de que nuevamente podamos encontrarnos con una notabilísima exhibición de buen fútbol que volvieron a poner sobre el tapete el concepto de la gran genética del Río de la Plata engarzada con una formación y un desarrollo profesionales expresados por el incomparable Lio Messi y con DiMaría y Pastore rayando a gran altura para gestar variantes en ataque que nos dejan para el registro una memorable actuación, con la triple dificultad de jugar contra un rival cargado de impotencia y ruindad, y un colegiado que auspició la mala intención y la impunidad. Tenía que ser Tévez el autor del último penal para que triunfara la justicia poética.

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