Internacional

Hasta que Argentina la rompió

Argentina es futbolísticamente más depurada, es más incisiva

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

02:24 / 01 de julio de 2015

El fútbol no es el arte de la guerra, es el arte del pase y del engaño legítimo. El buen juego no debe ser asunto de valientes y corajudos en primer lugar, sino de intérpretes que saben tratar la pelota y ya estaba bueno que de la mano del mismísimo Gerardo Martino, Paraguay a fuerza de empates y resultadismo del más insoportable llegara a la final de Argentina 2011 frente a Uruguay, sin que hasta ahora, en esta nueva versión se encontrara con las hormas de todos sus zapatos, para reaprender que tanta mezquindad con el espectador, se merecía una lección de control, toque, baile, aniquilación sin atenuantes.

Con el debido respeto a la proverbial identidad paraguaya de combatividad y juego aéreo, es pertinente decir que ya era hora de que la propuesta amarrete de la rojiblanca, ahora encaminada con base en el libreto de siempre por el sempitero riverplatense Ramón Díaz, recibiera un castigo histórico largamente merecido: Media docena de goles luego de una primera etapa aguantadora con el descuento en el marcador a cargo de Lucas Barrios, que aprovechó un equivocado envío desde el fondo de parte de Nicolás Otamendi, y encontró una inmensa boca de tormenta de frente a Romero, con toda la defensa albiceleste desacomodada para que el argentino naturalizado le hiciera un segundo gol en el mismo torneo.

Apenas iniciada la segunda etapa, Ángel di María comenzó el concierto que terminaría con el 6-1, momento en el que esta selección que amenazaba con hacerle la vida imposible a una esplendida Argentina, terminara sucumbiendo al control absoluto de balón, al extremo de que por lo menos 15 minutos de la segunda etapa, Messi y sus compañeros parecían adelantar la práctica de cierre para jugar la final frente a Chile. Los paraguayos la miraban pasar por uno y otro lado, sin atinar a casi nada, caídos físicamente y eliminados futbolísticamente del rectángulo con tal facilidad que Banega y Gago reemplazaron a los soberbios javieres, Pastore y Mascherano, cuando ya no había vuelta atrás con Paraguay triturada como no le sucedía hacía muchísimo tiempo.

No faltará el iluminado que en estos precisos minutos esté inventando un nuevo pero contra la mejor selección argentina de los últimos cinco años, que hasta ahora no resulta sencillo comprender por qué Alejandro Sabella decidió dejar afuera de Brasil 2014 al cerebral Pastore que le ha dado una dinámica y una articulación a la gestación ofensiva muy parecida a la que Jorge Valdivia imprime en Chile, con la diferencia de que el cordobés del PSG llega a posiciones de gol y es capaz de convertir, como sucedió con el segundo anotado luego de una perfecta devolución de Messi, que cuando no anota, hace que sus compañeros lo hagan con la facilidad de quienes pareciera que jugaran toda la vida juntos.

Ironías tiene el fútbol, Martino ahora con una propuesta diametralmente opuesta a la que manejara cuando dirigiera, con bastante éxito a Paraguay en la Copa América anterior y en Sudáfrica 2010, en tanto dispone de un material humano radicalmente diferente va a enfrentarse a la Chile de Sampaoli con base en la sedimentación dejada por Marcelo Bielsa, y en Bolivia, increíble pero cierto, el sábado 4 de julio, Día Nacional de la Independencia de los Estados Unidos de América, todos seremos argentinos por razones profundamente históricas. El que se atreva a hinchar por Chile en estos tiempos de nacionalismo marítimo, podría merecer una condena social perpetua.

Qué final tendremos? Felizmente una con dos equipos que van al frente, que difícilmente podrían ser presas de algún miedo teatral para no arriesgar todo lo que habitualmente arriesgan, con el interesante ingrediente de la disputa que se producirá en la mitad del campo en una contienda por la tenencia para progresar con los argumentos desequilibrantes que pueden encontrarse en una y otra selección. Argentina es futbolísticamente más depurada, su juego le saca una leve ventaja en la incisividad de los movimientos colectivos, y las diferencias se hacen más notorias en las comparaciones uno a uno, así que aguardamos abstención arbitral a las tentaciones de protagonismo del cuarteto de turno, para que sean los 22 en el campo los que decidan con su imaginería futbolística qué espectáculo son capaces de ofrecerle al planeta que aguarda espectante un partido con las tensiones que contiene la rivalidad geopolítica entre rioplatenses y trasandinos.

Me animo a predecir que en materia de exigencias defensivas, Argentina ha trabajado mejor la línea de fondo bien conectada con los volantes centrales, mientras que Chile, muy profusa en ataque, presenta un cuadro de situación menos balanceado que su adversario, lo que podría terminar inclinando las acciones en favor de la albiceleste que, ojo, tiene al mejor jugador del mundo, y es falso de toda falsedad que no haya rayado a gran altura en esta Copa América que ingresa en su recta final.

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