Internacional

Chile y México, vibrante épica del juego

Fue un partidazo en el antiguo sentido de lo que esto significa

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

04:00 / 16 de junio de 2015

Debo pensar que como van hasta ahora las cosas en esta Copa América 2015, Neymar, sin que nadie le haya dado permiso, podría terminar ganando él solo el trofeo para Brasil, luego de las lecciones definitorias que ofreció el domingo contra un Perú de gran dinámica, pero sin el jugador distinto que los verdeamarillos sí tienen, y que llega de una temporada galopante y arrolladora con el Barcelona. Digo esto porque los favoritismos de primera hora, con la excepción de la canarinha, se han ido al garete: Argentina, que debió golear a Paraguay, terminó empatada; Uruguay tuvo enormes dificultades para vencer a Jamaica; Colombia fue sometida por la inteligencia táctica de Venezuela, y a Chile de nada le sirvió la localía frente a México, la escuadra prematuramente acusada de relleno, que con el colorido empate de ayer pone las cosas color hormiga para la última fecha en la que los de Sampaoli y Bolivia, igualadas en la tabla del Grupo

A con cuatro puntos cada una, pelearán a brazo partido por consolidar el pase a cuartos de final.

El 3-3 final entre chilenos y mexicanos nos devolvió a épocas en que el balompié se jugaba sin los excesivos recaudos tácticos de este nuevo tiempo futbolístico. Fue una sucesión ininterrumpida de emociones provocada en una y otra portería, gracias a dos equipos generosos en la búsqueda de la puerta contraria y con las necesarias desatenciones defensivas como para que cada una de ellas cayera en tantas oportunidades y que en términos de merecimientos habría que reconocer que fue la roja la que debió llevarse el triunfo de no ser por la pólvora empapada con la que anduvo Alexis Sánchez, el ídolo nacional desde Arica hasta la Isla de Pascua, y que en dos partidos no ha podido llegar a la cúspide de las actuaciones que se esperan de él en las gradas y en todas las calles y plazas del país.

Fue un partidazo en el antiguo sentido de lo que esto significa. Los dos equipos se esmeraron en extremo por tratar el balón con el respeto con el que debiera tratárselo siempre, gracias a las alternadas situaciones en ataque dispuestas por los dos oncenos, sacudiendo memorias de aquellas jornadas inolvidables en las que se imponía la calidad técnica, la capacidad definitoria, o la buena dirección para los cabezazos antes que los dibujos rebuscadamente preconcebidos, los esquemas, los sistemas y los movimientos, y esto no significa que chilenos y mexicanos hayan carecido de una idea central de juego, sino que como los dos apostaron a ir a buscar goles sin mezquindades o cálculos de pizarrón, eran inevitables las descompensaciones defensivas y las situaciones cara a cara con los porteros.

En este sentido, Chile 3 México 3 es el partido infartante de todos los que hasta ahora se han jugado, seguido por el Bolivia 3 Ecuador 2 que por sus características fue extraño e inolvidable, dada también la progresión de las acciones y el marcador final.  En este contexto, el promedio de gol del torneo se disparó con 11 anotaciones en dos partidos y nos sacó de la planicie de la primera fecha y que nos proyecta hacia un viernes 19 de junio de características muy especiales, con una selección ecuatoriana que buscará quitarse el mal sabor de haberlo dado todo en la segunda etapa contra el equipo de Mauricio Soria sin lograr por lo menos el empate, mientras que Chile y Bolivia estarán nuevamente en el campo de fútbol, con todos los ingredientes históricos y geopolíticos de lo que esto significa en tiempos de La Haya y la Corte Internacional de Justicia. 

Chile buscaba cartón lleno para acceder a la siguiente fase del torneo. Todavía se siente convencido de que puede conseguir el título en casa propia, pero desde ayer sabe también que una gran performance en la última Copa del Mundo no amilana a nadie , y menos a una selección mexicana valiente y temperamental para pelear cada pelota, y demostrar en cada movimiento colectivo e individual que el fútbol es incomparable con otras disciplinas deportivas, por lo cambiantes que pueden tornarse las acciones durante 90 minutos, si las ideas son claras, la condición física es óptima y el hambre de gol es asunto que no se negocia.

Chile seguirá siendo protagonista del campeonato en que es anfitrión, pero con el antecedente del 2-2 del pasado año contra Bolivia, sabe que no deberá subestimar a un rival en construcción que ayer dio una inusual lección de efectividad en la primera media hora del trámite, anotando todas las opciones dispuestas frente a la portería ecuatoriana, cosa extraña en un fútbol caracterizado más bien por el desperdicio sistemático de ocasiones y el casi gol como característica fatal de su juego. Prosigue el torneo ya sin nítidos favoritos, en el que cada partido se torna en una historia indescifrable mientras no llegue a su momento de expiración. Sigo pensando que Brasil, una selección también en formación, podría conseguir con Neymar lo que no se sabe si Argentina podría lograr con Messi, o Colombia con James Rodríguez. Felizmente, cada partido es una historia en sí misma, y a veces con ribetes épicos encomiables como el protagonizado ayer por chilenos y mexicanos. Gracias por el juego.

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