Internacional

Chile, con la calidad de la posesión

Sin necesidad de ver al resto, Chile se perfila para ganar el grupo

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

03:07 / 12 de junio de 2015

Chile pudo resolver el partido en los 30 iniciales, cuando ejecutó un monólogo abrumador con la capacidad organizativa de Jorge Valdivia, y el poder desequilibrante de Alexis Sánchez y Arturo Vidal, que se dio el lujo de asistir de taco en una maniobra propia de los que saben con los años que da la experiencia, tempranamente advertido de que al frente tenía nada más que a un esforzado pelotón de rechazadores que no atinaban a casi nada durante ese primer tramo: La selección ecuatoriana es un típico equipo con el sello de Gustavo Quinteros por lo defensivo y contraofensivo, al que no le fue suficiente con Jefferson Montero que durante 15 minutos de la segunda etapa, ensayó varias escapadas por la banda izquierda en busca de la hazaña cuando el marcador no había sido inaugurado.

Dice Paco Seirul.o (sí, con un punto antes de la o), el maestro de la preparación física del Barcelona, que en realidad la condición atlética, la sapiencia técnica y la cultura táctica, son pilares no separados, sino permanentemente interconectados, por lo que el juego futbolístico termina siendo un todo en que unos rasgos sobresalen según cada tramo de partido, en función de las características de juego de cada equipo, y merced a las virtudes individuales que terminan marcando diferencias, características que se pudieron observar con nitidez indiscutible en este lance inaugural de Copa América, donde los rojos de Jorge Sampaoli volvieron a firmar que con la posesión siempre hay una y mil variantes, mientras que con la espera a cargo de Ecuador, hay que tener demasiada disciplina, templanza y algo de suerte como el Atlético de Madrid o el Chelsea para lograr objetivos, sobre todo si en la mitad del campo no se tiene a un Pirlo que la pise y la esconda, y sepa de atenuar las revoluciones del vendaval que se viene una y otra vez.

Por la intensidad de las acciones, por el empeño en sostener un ritmo de calidad, a Chile le volvió a funcionar como en el Mundial de Brasil 2014 el modelo de equipo compacto con líneas muy juntas y bien sincronizadas con tres en el fondo, cinco alternando en las labores de gestación y sabiendo retroceder la mayoría de las pocas veces que fue necesario, con la debilidad de la falta de definición que solo pudo disolverse con un penal que abrió las puertas del triunfo, cuando Alexis ya había hecho de las suyas por lo menos en media docena de opciones a las que faltó la eficacia de la última jugada.

La intensidad con la que juega Chile, me atrevo a pensar que como ninguna otra de las mejores selecciones sudamericanas, hace que los partidos en los que siempre es protagonista, imponiendo su estilo y ritmo, vayan acumulando situaciones emotivas, más si ese juego atildado de tener la pelota y casi nunca cedérsela al adversario, encuentra la dificultad en el área grande, allí donde terminan por resolverse las ambiciones acumuladas por merecimiento de búsqueda incesante de la portería contraria.

Mientras tanto, en la vereda de enfrente, unos corpulentos defensores varios de ellos seguramente nacidos en la provincia de Esmeraldas, se las arreglaban para salir airosos en los balones aéreos, en los despejes, y cuando era posible, en esos contraataques con los que se busca la patriada permitida por el adelantamiento de líneas del equipo que maneja el partido. No sucedió, nuevamente para bien del fútbol, porque se sabe que aquí también se trata de una disputa ideológica entre los que se aferran al aguante táctico, conscientes de que al frente se encuentra un equipo que sabe con la pelota, que apuesta a su buen trato, al pase, al juego en corto, y a la pelota filtrada para rematar cada incursión.

De estos partidos hemos vistos miles durante muchísimos años y es precisamente en encuentros de estas características en los que termina imponiéndose el espectáculo que propende a la vistosidad, al juego asociado, al discurso colectivo donde todos quieren ganar pero poniendo por delante el estilo, las buenas maneras, la vocación por ofrecerle a la afición las mejores imágenes posibles que se irán acumulando, conforme vaya transcurriendo el torneo y se haya posesionado la idea de que en este caso, la selección anfitriona cuenta con suficientes argumentos para pensar que es verdadera candidata a llegar a las instancias finales, y en lo posible conseguir el primer título de su historia.

Chile, sin necesidad de ver al resto de sus rivales en el Grupo A, es el equipo que con lo hecho ayer en el Nacional de Santiago se perfila para ganar el grupo, dependiendo exclusivamente de esas características de juego que supo edificar Marcelo Bielsa y que Jorge Sampaoli está perfeccionando, sostenido en un altísimo nivel que permite presagiar, nuevamente, que tendremos una Copa América a la europea, en el sentido de que sus principales protagonistas vuelven a animarnos de buen fútbol donde se encuentran sus raíces indoamericanas de donde un día partieron y difícilmente volverán.

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