Internacional

Colombia renació a partir de la actitud

Falcao está seco de gol. Y goleador sin gol es como mago al que no aparecen los conejos

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

00:01 / 19 de junio de 2015

No hay medicina que supere a la victoria. Cura de todos los males. Levanta el ánimo, mejora la presión, hace bien al corazón. Es una píldora milagrosa. Que lo diga Colombia… Cada tanto hay que plantarse firme, dejar el alma y ganar estos partidos; dan autoridad, van jalonando la grandeza. Para Venezuela la prueba fue Colombia; para Colombia, Brasil. El equipo de Pekerman tuvo que jugar contra muchos fantasmas: la histórica paternidad brasileña (solo dos veces en toda la historia le había ganado), las dudas que dejó su mal estreno, el bajo momento de Falcao y algunos otros… También contra el Brasil de carne y hueso. Superó la prueba satisfactoriamente y ahora, si volvieran a enfrentarse, tal vez le ganaría más cómodo.

Finalmente, la derrota frente a Venezuela tuvo sus costados positivos para el país de García Márquez: fue en el primer partido, cuando aún se está a tiempo de todo, y sirvió para sacudir la molicie general. Con el cartel ya no gana nadie más. Hay que jugar y correr, dejar todo; incluso ante Venezuela, Bolivia o Jamaica. Hoy se parte desde la actitud. Colombia lo entendió y le ganó con claridad a Brasil. No le sobró ni para el postre, pero se dio una buena cena. Futbolísticamente sacó un seis, en actitud un once. La alegría de Pekerman en el campo y luego en la conferencia de prensa es inequívoca: estaba preocupado después de Venezuela. Este triunfo sobre Brasil fue un desahogo para él y para los jugadores. Habían tenido nula generación de fútbol y por ende mínimas situaciones de gol.

No hubo ninguna novedad táctica en la tienda colombiana, sí un cambio radical de actitud. Todos salieron enchufados, deseosos. Solo así se puede jugar al fútbol hoy con posibilidades de éxito. Se dio un cotejo muy similar, idéntico casi, al de Argentina y Uruguay, con mucho roce y broncas, pero de palo y palo, sin respiros, ida y vuelta. El único que se tomó sus tiempos fue el árbitro Enrique Osses: en cada tiro libre hizo perder entre un minuto y medio y dos; insólito, nunca daba la orden de ejecutar. Al final ordenó 4’ de descuento, pero no se jugaron los 2’ 43” iniciales por discusiones e igual lo terminó a los 3’ 59”. Es decir, en realidad prolongó 1’ 16”. No lo condenaremos por esto, pues fue un choque volcánico y había que estar allí, mediando entre tanta tensión, pero son fallas que un juez de larga trayectoria debe revisar.

También Pekerman debe levantar el capó y mirar el motor; hay un ruido extraño. Los rivales se han percatado de que el 90% del juego colombiano lo generan desde las bandas Cuadrado por derecha y James por izquierda. Les ponen un volante de marca a taparlos y se derrumba la creatividad del equipo. Todos los demás carecen de capacidad de armado. Antes, con Aldo Leao Ramírez o Macnelly Torres tenían una tercera vía. Cuadrado igual logra desequilibrar a veces por su gambeta indescifrable; a James se le complica porque su fuerte no es el uno contra uno, no tiene la habilidad ni la explosión de Cuadrado; él es jugador más pausado, de toque y lanzamiento, a favor de su brillante pegada.

También debe estar meditando el técnico en un recambio de los dos laterales. Armero y Zúñiga son como esos autos que ya tienen 250.000 kilómetros y han dado buen resultado. Uno los quiere, pero hay que ir pensando en algo nuevo. Mucho humo en las subidas, poca concreción.

Párrafo para Falcao. Está seco de gol. Y el goleador sin gol es como un mago al que no le aparecen los conejos. Pero se esfuerza, quiere. Y tal vez nadie merezca mayor tolerancia en la selección Colombia que Radamel. Es un jugador extraordinario cuyo aporte a la clasificación mundialista fue decisivo. Hizo feliz a un pueblo. Luego, su desgraciada lesión le impidió jugar en Brasil. Y posteriormente hizo una mala elección con el United, pasó un año casi en blanco. Merecía la revancha de esta Copa América. Merece que lo aguanten diez partidos malos si fuera preciso. El técnico no podía darle la espalda (bien, José). Y el país futbolero tampoco. Luego llegará el momento en que, si no levanta, él mismo entenderá que debe dejar el lugar a otro. Pero no será el caso, está físicamente entero. Y nadie se olvida de jugar. También hay que apuntar un detalle: Colombia no tuvo creación en estos partidos, no generó un mano a mano en el arco rival. Ni Falcao ni Bacca ni Teófilo recibieron un pase limpio, con ventaja. Y si no llega la pelota, no hay delantero que brille.

El triunfo le da a Colombia para serenarse y crecer a partir de él, no para subirse al Aconcagua. Hay que dimensionar al adversario. Este es un Brasil obrero, común, limitadísimo. Si sus mejores atacantes son Roberto Firmino y Douglas Costa, hay que apagar la luz e irse. Días pasados ganó agónicamente y con lo justo a un Perú que virtualmente le obsequió los dos goles. Porque Perú no marca. Pero los defensores colombianos, uruguayos, venezolanos, chilenos, argentinos, incluso estos bolivianos, son distintos. Es una de las peores selecciones brasileñas que recordemos. El jogo bonito es un recuerdo muy lejano, pero al menos siempre llegaba Brasil a estos torneos con cuatro o cinco individualidades de alcance universal. Un Romario, un Ronaldo, un Ronaldinho, un Rivaldo, un Kaká, hasta el Robinho gravitante de sus comienzos, Roberto Carlos, Cafú… Y algunos de menos dimensión o con menos brillo, pero importantes como Luiz Fabiano, Lucio, Aldair, Mauro Silva, Juninho Pernambucano, Denilson, el arquero Julio Cesar… Ahora es un páramo.

Cierre con Neymar. Es un chico súper agradable fuera del campo, tuvimos la ocasión de conocerlo. Buenito, simpático, expansivo. En el campo se transforma y asume una postura provocativa. Va a tener problemas con todos los rivales, de ahora hasta que se retire. Hace poco intentó eludir a un marcador del Athletic de Bilbao con una bicicleta. Es una jugada para los entrenamientos, no para un partido. De última, a los diez minutos y estando 0 a 0, podría pasar. Pero la tiró cuando ya el Barcelona ganaba 3 a 0 y estaban sobre la hora. Sonó a gozada, a canchereo. Los vascos se lo querían comer con anchoas. Contra el Atlético de Madrid tuvo problemas idénticos. Y varias veces más. Debe aprender a ser más seriecito en la cancha. No aburrido, serio; es otra cosa.

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