Internacional

Ecuador pagó la vuelta, Chile aprovechó

Lo preocupante en Ecuador es que tiene un plantel muy corto

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

03:21 / 13 de junio de 2015

Una gélida noche santiaguina dio su puntapié inicial en la 44ª edición de la Copa América. La sensación que se instaló al final fue que, contrariando la euforia previa del hincha local que auguraba una goleada o una actuación deslumbrante, Chile se ganó el pan con sudor, a pico y pala. De hecho, La Tercera, el diario más vendido del país, tituló en portada “Grito sufrido”, con una foto del festejo del gol de Arturo Vidal. Debajo agregó; “Dos goles de Vidal y Vargas desenredan un partido que Ecuador supo complicar”. Otro ejemplo fue el silencio de las tribunas durante largos pasajes del juego. Porque, más allá de que a estos torneos concurre un público menos futbolero que el habitual (por los altos precios de entradas y consumos) y por ende menos fervoroso, hay una verdad centenaria en esto: el equipo enciende a la tribuna, nunca es al revés.

La prensa chilena analizó que el extraño planteamiento de Jorge Sampaoli con un solo delantero neto —Alexis Sánchez— dejó aislado al Niño Maravilla, pero en el minuto uno y en el tres, Jorge Valdivia le sirvió dos pases-gol espléndidos y “el Alexis” no estuvo tan maravilloso: en el primero la tiró afuera; en el segundo quiso hacerle un sombrero a Domínguez con cierta displicencia, pero no contó con la astucia del buen arquero ecuatoriano, que le adivinó la idea. Todo Chile hace una fuerza tremenda para convertir a Alexis en el mejor futbolista de su historia; falta la parte de él.

Pasado ese temblor inicial, Ecuador logró aplacar a la Roja y el empate era un objetivo valioso. Y posible. Pero los partidos duran 90 minutos y las fallas son parte del juego, pueden suceder tarde o temprano. El que se equivoca menos y acierta más, gana. Fue Chile. Y como en el Mundial de Brasil, el pasaporte ecuatoriano en el debut fue sellado con derrota y signado por errores individuales, los mismos que le costaron la derrota ante Suiza y la eliminación. Primero el penalcito, leve pero penal al fin, de Miler Bolaños a Arturo Vidal, falta tonta, innecesaria. Luego la grave falla de Renato Ibarra, de hacer un pase atrás de 25 metros con dos tiburones chilenos rondando el área. Le cayó en el pie a Alexis Sánchez, habilitó magníficamente a Eduardo Vargas y, de primera, el atacante sometió a Domínguez. Las fallas propias no son achacables a nadie.

En Chile hay un debate acerca del cambio evidente del técnico Sampaoli, mucho más cauto que hasta el Mundial. Nada que ver con aquel equipo ambicioso, casi espectacular, de rápidas transiciones en el medio campo. Más de un periodista local lo ha tildado de “ratonero”, algo que molestaba tanto a Sergio Markarián que le etiquetaran. Muy preocupado en lo defensivo, a la Roja le costó organizar el juego pese a su multitud de volantes. Salió con un delantero solo el día del estreno de su Copa América. Puso a Beausejour en lugar de Vargas, que le aporta gol. Beausejour es uno de esos jugadores que uno nunca entiende bien por qué están, pero pasan los años y los técnicos y juegan. Claro, luego hay que ganar el partido y entonces sale Beausejour y entra alguien que pueda ayudar de verdad en dicho cometido.

Jorge Sampaoli fue sincero en la rueda de prensa: “El penal llegó en un momento justo, que era de confusión en la selección chilena. Fue en un momento complejo porque en lo anímico y sicológico, Ecuador se había plantado distinto”. Y reconoció que no hubo espectacularidad en el triunfo de su equipo. Ecuador nunca se vio desbordado; volvió a mostrar la personalidad de sus jugadores, que nunca se amilanan. Igual, no hubo un momento en que pudiera quebrar el partido. Apenas el aislado cabezazo de Enner Valencia que el travesaño no autorizó que entrara.

Lo preocupante en el campamento de Gustavo Quinteros es que tiene un plantel muy corto. Junta once. Se nota en los cambios. Los que entran no tienen la calidad necesaria para dar un vuelco al juego. No le sobra nada. Se le cayeron varios soldados antes de la Copa, Antonio Valencia, Felipe Caicedo, Michael Arroyo, Jaime Ayoví y Ángel Mena. De Valencia leímos un titular, semanas atrás, diciendo que “se perdería la Copa América”. No es acertado, da toda la impresión de haberse autoexcluido. Hacia el interior de la Tricolor hay fuerte malestar contra él. “Se operó para estar bien cuando empiece la pretemporada con el Manchester”, dicen. Era una operación programada para quitarse un tornillo de una antigua cirugía. Y no consultó si lo necesitaban, si era oportuno intervenirse cuando lo hizo, llamó para informar que iba al quirófano. Hace dos Eliminatorias que Valencia parece “ausente” del equipo, sin hablar del Mundial, pero en el carril derecho es un valor importante. 

Tampoco fue clara la no participación de Felipe Caicedo, otro que acusó una “oportuna lesión”. Su caso es menos dificultoso, hoy está bastante más abajo de Enner Valencia y Miler Bolaños. Sin embargo, son jugadores de selección. Una Copa América y una Eliminatoria no se puede afrontar con diez u 11 elementos, se necesitan 15 o 16 futbolistas consolidados, hombres de selección, le pasó a Perú en su anterior proceso. Va a tener que ser muy hábil Quinteros para manejar el vestuario. No se ve “un grupo humano excepcional”, como suele declamarse.

El pase atrás es un recurso para salir de la presión de marca adversaria. Pero se abusa de él cuando no hay ideas para desequilibrar el juego o cuando el jugador que tiene la bola  no se ve capaz de quebrar la línea del adversario, de encararlo; por eso se da vuelta y toca para atrás. Renato Ibarra cometió la imprudencia de hacerlo desde pasada la media cancha y con mucha gente mezclada en retaguardia, sin siquiera apuntar a un compañero específico.

En cuanto al penal, Miler Bolaños juega mucho con las manos y sabe sacar ventajas, es un recurso muy suyo; el problema fue que esta vez estaba en el área propia. Fue el 60% de un penal, pero le dio a Pitana la chance de cobrarlo. Si no lo hubiera dado, el rostro del árbitro estaría hoy en la primera plana de todos los medios chilenos. Miler es la astucia envasada en un jugador de fútbol; el jueves Vidal fue más astuto que él.

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