Internacional

Elogio de la derrota

Chile ha llegado donde quería, insistiendo en su propuesta ofensiva

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

03:53 / 30 de junio de 2015

La diferencia de escenificación es significativa: Jorge Sampaoli se pasea en su baja estatura de un lado hacia el otro, imposibilitado de controlar su hipekinesis, y en alguna medida, la roja chilena juega de la misma manera, como camina su seleccionador, algo pasada de revoluciones, incapaz de la pausa que ayude a aquietar cuando el rival sabe lo que hace. En la otra línea de cal, Ricardo Gareca es todo un actor que sabe cuándo permanecer en la banca, cuándo levantarse a arengar a los suyos, cuándo presionar al árbitro con algún gesto. Alto, delgado y estilizado, la selección de la banda roja que dirige juega con esa tendencia, sin apuros, sabiendo cómo salir del fondo, apelando a la limpieza panorámica de Advíncula, al gran trabajo de obstaculización en el medio con Cueva, Vargas, Lobatón, y cuando se puede recurriendo a la potencia ofensiva de Paolo Guerrero y a las incursiones aéreas de Jefferson Farfán al que el palo derecho de Bravo le niega, en el primer tramo del juego, la apertura del tanteador.

Perú es de esas selecciones que en función de su material humano juega a esperar al rival, pero no lo hace encuevada en el fondo, sino trabajando la marca escalonada con una eficacia que hace del juego una disputa por el balón en la mitad del campo, al punto que hasta los 30 minutos de iniciado el partido, Chile se vio forzada al pelotazo largo, ante la imposibilidad de romper líneas para la llegada profunda por izquierda de Alexis, o por la derecha de Vargas, pero hay un mal presagio apenas comenzadas las acciones cuando Arturo Vidal y Carlos Zambrano chocan, forcejean y se van a las manos, minutos después el mismo Zambrano sigue en el plan de la fricción excesiva y ve la primera amarilla, hasta que en una acción que no debía tener mayores consecuencias levanta una pierna más de la cuenta, lo que da lugar a que sus toperoles impacten en la espalda de Charles Aranguiz, y a partir de entonces, Gareca debe redibujar su emprendimiento, con la sentida expulsión, nada menos que de uno de sus marcadores centrales.

Perú ha hecho una gran Copa América. Perdió en los últimos minutos con Brasil gracias a una genialidad de Neymar. Hizo dos partidos impecables con el acento fundamentalmente puesto en lo táctico, inculcado por su estratega frente a Colombia y Venezuela —los dos partidos concluyeron sin goles— y se aprovechó de la fragilidad de Bolivia que en este torneo fue una maquinita de quitar pelotas para luego no saber qué hacer con ellas, lo que abrió una ancha avenida para que Guerrero se convirtiera hasta ese momento en uno de los goleadores del torneo.

Perú no perdió con Chile gracias a la brillantísima actuación de Jorge Valdivia, de lejos su figura más productiva que repartió pelotas entre las zonas de gestación-definición que fueron arrebatadas a sus delanteros la mayoría de las veces por Carlos Ascues, y el extraordinario Luis Advíncula que cuando defiende es un central más, y cuando se proyecta un lateral con llegada profunda tal como pudo verse en el 1-1 transitorio, concretado en contra por Gary Medel. Perú perdió debido a un error de control de parte de Guerrero que permitió a Eduardo Vargas, observar desde fuera del área que el portero Pedro Gallese estaba algo adelantado y situado hacia su palo izquierdo, y aprovechó para mandar un bombazo al ángulo derecho para hacer estallar de alegría a su país, 2-1, con el que la Roja llega a la final tan largamente acariciada, no sin tropiezos dentro y fuera de los terrenos de juego.

Tiene que ser no un consuelo de mediocres el perder sin extraviar el libreto trabajado como ha sabido hacer Perú con la acertada contratación de Ricardo Gareca. Tiene jugadores y camino fértil que recorrer en las próximas eliminatorias gracias a su indiscutible profesionalismo, y las calidades individuales de varios de sus actores que seguramente seguirán preguntándose qué habría sucedido si Zambrano no era expulsado, y la lucha se hubiera mantenido once contra once.

Chile ha llegado donde quería, insistiendo en su propuesta ofensiva y en la que Alexis Sánchez ha denunciado su vocación de caballo cochero dentro del área, que varias veces, teniendo compañeros mejor perfilados para recibir y definir, prefirió ejecutar él, ya se sabe, de manera fallida, al cielo o a las manos de los arqueros. Y aquí vale el subrayado para Valdivia que tiene una movilidad que marca los ritmos trepidantes en ofensiva, que se las ingenia para fabricar espacios cuando dispone de medio metro cuadrado para maniobrar.

Fue una semifinal de alto voltaje con mucho de buen juego en el que se notó más el cerebro de Perú, y la gigantesca convicción de Chile que es de las pocas selecciones con automatismos perfeccionados que se inician con Gary Medel, siguen con Marcelo Díaz o Aranguiz, y en los últimos 30 metros están Vargas y el propio Alexis, casi siempre habilitados por los últimos pases que entrega Valdivia y que lo sitúan en el equipo ideal de esta cuadragésima cuarta versión de Copa América. Chile tiene una fe ciega en sí misma, y eso es fundamental cuando se quiere arribar al éxito final, Perú ha sabido perder jugando a un altísimo nivel, sin desmayar nunca, y mejor que eso, sin perder los papeles un solo segundo.  Gran partido en el que la victoria estaba para cualquiera.

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