Internacional

¿Hará Neymar la diferencia?

Scolari vuelve a apostar a un equipo sin conductor cerebral y espera el desequilibrio que es capaz de gestar Neymar.

¿Hará Neymar la diferencia?

¿Hará Neymar la diferencia? Foto: AFP

La Razón / Julio Peñaloza Bretel

02:32 / 17 de junio de 2013

Luiz Felipe Scolari, y esto no es una novedad, apuesta al funcionamiento obediente de eficacia colectiva. No creo que esté en el plan de esperar a que Ronaldinho Gaúcho elimine la barriga en el año que separa la Copa Confederaciones de la Copa del Mundo. Supongo que cuando dirigió a Portugal, si algo pudo reconocer en el equipo luso es el abdomen cuidado de CR7 que no bebe, no fuma, tiene amigas glamorosas de la misma importancia que sus autos deportivos y necesita reconocerse en cuanto espejo encuentra a su paso. Es un necio disciplinado, no se perdonaría saltar a un campo de juego con la gomina equivocada. Es más, esa arrogancia es tan destacada que sorprendió al propio José Mourinho que hace un par de semanas ha revelado que “cree que lo sabe todo, que no tiene nada más que aprender”.

En cambio, el gaucho del Atlético Mineiro es fiestero, bailarín y toca tambor. No es un borracho jaranero, pero sí un tipo desordenado que se ha liberado de las amarras con las que en su momento estuvo dispuesto a jugar por el PSG, el Barcelona y el AC Milan. No es casual, pues, que luego de ser pillado en varias oportunidades rompiendo las reglas, haya tenido que volver a sus pagos en el que sería último tramo de su carrera, en los que también tuvo algún tipo de problemas cuando se enfundó en la camiseta del Flamengo.

Mejor para Scolari, volverá a apostar a un equipo sin conductor cerebral en el que se impongan sus controles y previsiones tácticas, y esperará que el de-       sequilibrio que es capaz de gestar Neymar en cada una de sus arremetidas en los últimos 30 metros, se convierta en el plus para conseguir ascender a los cielos del hexacampeonato tal como lo demostró ante Japón anotando a los tres minutos de iniciado el juego, ese golazo con disparo a media altura desde fuera del área, luego de un pase largo de Marcelo hacia Fred que con extraordinaria velocidad mental dejó que el balón que le llegaba al pecho quedara puesto para el perfil de la nueva adquisición del Barcelona.

Brasil debutó frente a los campeones asiáticos como casi siempre lo hace en los torneos internacionales, regulando el ritmo, midiendo la intensidad y la entrega, sabedor del peso específico del rival de turno que en momento alguno puso en peligro el que se convertiría en rotundo triunfo para el debut. Los anfitriones ganaron a puro control de pelota, jugando con orden, sin necesidad de exigirse porque no había necesidad de forzar las cosas hacia los linderos del cambio de ritmo en tanto el adversario exigió muy poco.

Lo que todavía está por verse es si los abastecedores de Neymar serán tan buenos como los que su nuevo compañero Messi tiene en su equipo y en la selección argentina, es decir, si Brasil se decantará neymardependiente, tal como ha sucedido con los rioplatenses que sin él “10” del Barça, durante las primeras etapas frente a Colombia y Ecuador, en la última fecha de las eliminatorias sudamericanas, bajaron de la estratósfera hacia la normalidad de un equipo competitivo, pero nada más.

En esta ruta, Fred será importante para hacer dupla con Neymar, pero está por verse si con las trepadas de Marcelo por izquierda y Danny Alves por derecha se podrá contar con las variantes necesarias para atacar con igual contundencia por afuera y por adentro, espacio en el que los brasileños tienen cifradas sus esperanzas en las performances de Oscar, figura del Chelsea, que por cierto está en los planes del retornado Mourinho para las nuevas temporada de la Premier inglesa y la Champions League.

Renuente a los lugares comunes, hay uno ineludible: Brasil es Brasil. Y aunque los militantes del juego atildado y la fantasía abriguemos la ingenua esperanza de que Ronaldinho Gaúcho pueda recuperar la confianza del entrenador, si es que se pone en la forma física que corresponde, está claro que la camiseta más pesada de la historia de las escuadras nacionales impone fuerte impacto psicológico sobre sus rivales de turno, por más que en los últimos cinco años selecciones como España y Alemania estén jugando con una autoridad dada por la regularidad que otorgan la precisión técnica y la fortaleza física.

La paciencia y la sapiencia de Scolari

Brasil obtuvo su primer triunfo en la nueva era de Felipao en Santa Cruz de la Sierra, en abril, con un 4-0 sobre Bolivia y exhibiendo las características salientes del fútbol brasileño: toque, fantasía individual y definición letal. Fue un picnic para Ronaldinho y Neymar.

Su triunfo más importante, el segundo en esta etapa de preparación para la Copa de Confederaciones en pleno desarrollo, ha tenido mayor importancia, pues fue obtenido contra Francia en condición de visitante (3-0)  luego de 21 años de no poder hacerlo y después de 15 de haber perdido la final en la Copa del Mundo 98, cuando Ronaldo andaba con calambres amorosos y Zidane era el mejor futbolista del mundo.

Paciente y experimentado, ordenado antes que arriesgado, el entrenador sabe que este tipo de procesos requieren paciencia y oportunidad. Así lo ha demostrado en el debut contra Japón.

(*) El autor es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

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