Internacional

Jerome Champagne: ‘Hay que reducir la desigualdad en el fútbol’

Jerome Champagne, candidato para presidir la FIFA. Foto: www.jeromechampagne.com

Jerome Champagne, candidato para presidir la FIFA. Foto: www.jeromechampagne.com

Juan Carlos Costas

00:00 / 03 de noviembre de 2014

Jerome Champagne es francés. En 2015 se presentará como candidato a la presidencia de la FIFA e intentará arrebatarle el puesto al suizo Joseph Blatter, que va en pos de su quinto mandato. Es una misión difícil la de procurar bajar del trono al hoy “dueño” del fútbol mundial.

En esta entrevista exclusiva concedida para Marcas Plus de La Razón explica por qué decidió postularse, qué piensa de los signos de corrupción que hay en el fútbol mundial. Además, cómo debe ser la relación de la FIFA, sus afiliadas y los gobiernos nacionales en todo el mundo, entre otras cosas.

 

— ¿Por qué se postulará a la presidencia de la FIFA?

— En 2015 hemos de decidir qué futbol queremos y yo lo tengo claro. La globalización fue muy positiva para nuestro deporte y lo demuestran datos irrefutables. El fútbol es hoy sin ninguna duda el deporte universal. Se vio muy claro con el éxito popular de la Copa del Mundo en Brasil.

En los Estados Unidos por ejemplo, el partido contra Bélgica tuvo el doble de audiencia televisiva que el partido decisivo de la NBA esta temporada. En Nueva Zelanda hay más licencia de fútbol que de rugby… Pero tenemos un problema central: la desigualdad entre continentes, entre países de un mismo continente, entre clubes de una misma liga, y la pérdida de raíces y sentimientos.  La globalización genera una polarización y una concentración de dinero, de jugadores y de imágenes alrededor de una minoría de clubes y competiciones de Europa occidental que canibaliza todo. Con el riesgo de que el fútbol se organiza como el baloncesto, un deporte fantástico, pero donde todo es concentrado en un país, en lo cual las competiciones de equipos nacionales no tienen mucha importancia y la FIBA no tiene ni por casualidad el poder y el protagonismo sobre la NBA.

Si quisiéramos continuar así, la FIFA se puede transformar en un vago holding de confederaciones continentales.

Pero para reducir la desigualdad en el fútbol depende de una FIFA más fuerte, más respetada, más democrática y proactiva. Quiero luchar contra las desigualdades. Y necesitamos una gobernanza global fuerte con más poder devuelto a las 209 federaciones nacionales.

— La FIFA se ha desprestigiado en los últimos tiempos por varias denuncias de corrupción, ¿qué piensa hacer al respecto si es elegido?

— Primero hay que entender cómo funciona la FIFA para identificar claramente quién es responsable del desprestigio y para proponer las reformas necesarias. Por ejemplo, hace seis meses el diario británico Daily Telegraph reveló que el antiguo presidente catarí de la confederación asiática dio dos millones de dólares al antiguo presidente de Trinidad de la Concacaf. En la prensa mundial se habló de la corrupción en la FIFA sin explicar que lo ocurrido era entre entes, las confederaciones, que no son miembros de la FIFA. Otro ejemplo, en España llaman de virus FIFA cuando un jugador vuelve herido a su club después de un partido internacional.

Hay que mejorar la imagen de la FIFA y luchar contra la corrupción de esa pirámide. Pero se acusa a la FIFA por todos los problemas que ocurren en la estructura de la pirámide. Necesitaremos más transparencia, más humildad y más proximidad al pueblo del fútbol, clubes y jugadores.

— ¿Hubo corrupción en la elección de Catar como sede del Mundial 2022?

— Me parece muy bien que la copa del mundo se juegue en todos los rincones del planeta, especialmente en este mundo que atraviesa momentos difíciles. Sudáfrica fue un éxito enorme en 2010, pero el egoísmo europeo impidió que en 2006 se disputara en África. Estoy a favor de esta Copa de Mundo en un país árabe, pero hay un problema: las condiciones de trabajo de los trabajadores no son aceptables. El miembro alemán del Comité Ejecutivo de la FIFA dice que hay que incluir cláusula de derechos humanos en las candidaturas de los campeonatos del mundo y él tiene la razón.

Lo que no se puede hacer tampoco es cambiar la fecha. La fecha se votó en junio y julio. ¿No sabían que no se podía jugar a esa temperatura? Cambiar de fechas al invierno tendrá consecuencias dramáticas en todas las competiciones en el mundo durante tres temporadas, una antes de 2022, una durante y una después.

Por último, hay alegaciones de compra de votos, influencia política. Todas son sospechas y la duda beneficia al acusado. Nadie es culpable hasta que no se demuestra que lo es. Pero estoy completamente a favor de la investigación y de la publicación del informe del investigador Michael García. Y después se decidirá lo que hay que hacer. Tenemos tiempo hasta 2022 para todas las opciones.

— ¿Cree usted que aquellos dirigentes de la FIFA acusados de corrupción deben ser juzgados por medio de la Justicia Ordinaria?

— Depende de los hechos si corresponden al derecho penal o fiscal de cada Estado. Y segundamente los hechos deben también ser analizados por la Comisión de Ética a la cual cabe la responsabilidad de garantizar la moralidad y la ética en la pirámide del fútbol.

— ¿Considera que es normal que los dirigentes del fútbol reciban regalos de muy alto precio que puedan despertar sospechas de soborno?

— El código de ética de la FIFA es clarísimo: se pueden aceptar regalos solamente de valor simbólico. ¡Punto!

— ¿Es partidario de mantener, reducir o ampliar el número de países que intervienen en la fase final de los mundiales?

— Pienso que el formato con 32 equipos que tenemos desde la Copa del Mundo de 1998 es el perfecto. No estoy a favor de incrementar el número de equipos finalistas porque ya se vio la complejidad y los gastos de una organización de una Copa del Mundo como la de Brasil. En un país democrático, el pueblo tiene el derecho de protestar si prefiere la construcción de escuelas, hospitales, etc., en lugar de estadios. Es por eso que la FIFA tendrá que organizar las futuras Copas del Mundo de una manera y con un estilo que reforzarán la aceptación de la competición en el país anfitrión.

— La FIFA suele suspender a los países cuyos gobiernos intervienen a sus federaciones nacionales, ¿considera que debe mantenerse esta sanción?

— Los gobiernos no pueden intervenir en las federaciones por razones políticas, porque el fútbol pertenece a toda la nación y a todo el pueblo cualquiera que sea su voto o su compromiso partidario. Es un principio de la Carta Olímpica así como de los estatutos de la FIFA.

Pero al mismo tiempo estoy convencido de que la FIFA tiene que reforzar el diálogo triangular en un país, gobierno-federación nacional-FIFA, para el desarrollo del fútbol. Por ejemplo, para el fútbol en escuelas públicas, para construir estadios y para trabajar juntos cuando aparecen problemas. Anormalidades pueden ocurrir, pero se pueden crear también para destruir indebidamente a la imagen de una federación o a la reputación de un dirigente. Dialogar es siempre mejor que sancionar.

— ¿Cómo califica la extensa gestión de Josep Blatter al frente de la FIFA?

— Hizo mucho en cuarenta años al lado del presidente Havelange hasta 1994 y desde 1998 como presidente. Como lanzar programas de desarrollo. Como reconocer a la federación palestina como miembro de la FIFA. Como luchar para traer la Copa del Mundo a África del Sur en 2010 en frente del egoísmo europeo en 2000 para la Copa del Mundo 2006. Y me siento muy orgulloso de haber podido trabajar y aprender mucho a su lado.

Pero la FIFA necesita entrar en el siglo 21 y modernizarse en frente de los desafíos de la globalización y de las desigualdades que conocemos en el fútbol. Es por estas razones que me he presentado como candidato.

(*) Juan Carlos Costas es periodista, director de la cadena Pratel.

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