Internacional

Lamento por Neymar Jr.

Los que saben, los talentosos, los solistas, responden con su calidad

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

02:56 / 23 de junio de 2015

Neymar Jr. es un simpático bellaco que hace las cosas sin malicia y sin segundas intenciones, y los futboleros bien nacidos debemos lamentar profundamente que no pueda estar más en esta Copa América porque nos privamos de su ginga, de su liviandad tan brasileña para llevar el balón, para entregárselos a sus compañeros o para disparar a puerta. Es decir, nos privamos de su magia, de su prosa cuando juega en sociedad de toques y devoluciones, y de su poesía cuando emprende una aventura en solitario que culmina en las redes adversarias. Cuando estuvo en el Tahuichi Aguilera (6 de abril de 2013, Brasil 4-Bolivia 0), parecía que se deslizaba por unos centímetros arriba del césped y lo hacía todo con la simplicidad de los elegidos, generando una ilusión óptica rayana en el milagro, de hacer que todo lo que hacía con y sin balón pareciera un elemental juego de niños.

El morbo de si estuvo bien castigado o no, si merecía los cuatro partidos de suspensión ocasionados por su incontrolable rabia de haber perdido contra Colombia, justo el equipo del que es parte Juan Camilo Zúñiga que lo lesionó gravemente en la columna vertebral y lo eliminó de la última Copa del Mundo, es el morbo propio del envidioso de las inigualables marcas producidas por el scratch en la historia del fútbol de todos los tiempos: Intentar superar a Brasil puede significarle a cualquiera de sus adversarios más de tres generaciones de nuevos futbolistas.

Neymar estuvo en La Paz el año 2012 con la camiseta del Santos y un cuadrúpedo racista no tuvo mejor idea que lanzarle una banana que en su momento provocó un artículo que titulé “El plátano de la hinchada” (4 de mayo, Marcas, La Razón). En aquella oportunidad, Neymar no reaccionó de mala manera, no insultó ni intentó desquitarse con nadie, esperó pacientemente el partido de revancha en Vila Belmiro en el que él y su equipo respondieron con juego y goles: Santos 8-Bolívar 0, la más grande goleada propinada contra un equipo boliviano en los últimos 40 años en Copa Libertadores. Los que saben, los talentosos, los grandes solistas del juego casi nunca necesitan responder con adjetivos o acciones de hecho porque sencillamente les basta con enviar mensajes que provocan impotencia en los violentos y resentidos, sencillamente apelando a su calidad, a ésa que trascenderá todo tiempo y lugar.

En un momento de profunda crisis institucional y deportiva de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), con un expresidente caído en la redada coordinada por el FBI y las autoridades policiales suizas en Zúrich un día antes de la inauguración del último congreso de la FIFA, José María Marín, y con la decisión de jugar a no ser Brasil, llamando nuevamente a Dunga para que se hiciera cargo de la verde amarilla, Neymar Jr., seguido en alguna medida por Danny Alves, son la prueba indiscutible de que siempre Brasil podrá volver a ser Brasil, que volverá el día en que las nuevas generaciones dirigenciales relean su propia historia y reconozcan que es mucha traición buscar vigilantes en lugar de ilusionistas del espectáculo, que de ésos, y muchos ha tenido siempre con los que ha obtenido como nadie, cinco copas del mundo.

Con la inteligencia del que lo sabe todo con el balón, Lionel Messi ha sido el único que ha afirmado que le hubiera gustado que Ney estuviera hasta el final de Chile 2015, mientras la dirigencia de la CBF optó por no apelar para buscar una reducción del castigo a su figura excluyente, como diciendo que no hay imprescindibles, para horas después comprobar que por ahora hay por lo menos uno, cuando poco faltó para que Venezuela le empatara en la expiración del partido con el que Brasil terminó primero en el Grupo C.

Bromas aparte, Neymar Jr. que debe también soportar un escandalete provocado por su transferencia en la que los indicios informan que hubo defraudación fiscal e involucra a dirigentes del Barcelona y al padre del futbolista como principal representante de los intereses de su hijo, parece estar interesado nada más que en jugar, que quiere siempre estar en el campo, que disfruta a más no poder con Luis Suárez y Messi de un juego de compañeros y amigos, donde imperan los abrazos y nada tiene que hacer allí el vedettismo egocéntrico, tan característico en otros equipos que no son el Barcelona.

A Neymar le está resultando esquiva la gloria con su camiseta nacional, pues luego de que Brasil obtuviera la Copa Confederaciones (2013), las cosas fueron de mal en peor justamente en dos oportunidades frente a Colombia, la primera quedando lesionado en el partido de cuartos de final en el mundial y ahora perdiendo los papeles porque se sintió perseguido y maltratado  por sus rivales, y no tuvo mejor reacción que mentarle la madre al árbitro cuando se suponía que todo había acabado con el incidente producido con Bacca de la Tricolor.

Los grandes futbolistas odian perder. Y se les nota más a ellos que a cualquiera del montón. Sabedores de lo que saben, para ellos es inconcebible que un adversario de jugadores “normales” termine ganándoles, por más que esté al frente James Rodríguez. Los amantes del comportamiento acartonado deberán resignarse a las bellacadas de Neymar Jr., y lo que éste deberá asimilar con la última experiencia vivida en Chile es a contener su ira para no arruinarles el pastel a los millones de seguidores que quieren verlo siempre en la cancha.

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