Internacional

Martin Smedberg, el sueco que soñaba con marcar con Bolivia

El espigado volante del Gotemburgo, un especialista en el golpeo de balón, aún tenía la emotividad a flor de piel al salir del vestuario del estadio Elías Figueroa de Valparaíso.

La Razón Digital / AFP / VALPARAÍSO

12:42 / 16 de junio de 2015

Hubo un jugador de Bolivia que no pudo contener las lágrimas en la victoria del lunes ante Ecuador. Se llama Martin Smedberg-Dalance, nació en Suecia y, aunque no pisó la tierra de su padre hasta hace un año, su sueño era marcar un gol con Bolivia.

"Llevo toda mi vida en Suecia. Jugué en su selección en juveniles pero desde que vi el Mundial de 1994, que jugó Bolivia, le dije a mi padre que ojalá un día pudiera jugar con Bolivia", recuerda Smedberg a la AFP.

El espigado volante del Gotemburgo, un especialista en el golpeo de balón, aún tenía la emotividad a flor de piel al salir del vestuario del estadio Elías Figueroa de Valparaíso.

Acababa de anotar un golazo y dar una asistencia en el sufrido triunfo 3-2 contra Ecuador en la segunda jornada del Grupo A de la Copa América-2015, la primera victoria de la Verde en este torneo en los últimos 18 años.

Con su diana, un misil desde fuera del área bien ajustado al palo, Smedberg no será sólo recordado como pieza clave de este triunfo sino también porque el gol fue el número 100 de Bolivia en la Copa América.

"Es un sueño marcar mi primer gol con la selección. Soy un jugador y una persona que tiene emociones y cuando marqué no sólo pensé en mí. Pensé en toda la gente que vive en Bolivia. El gol era para ellos también", resalta.

Smedberg nació hace 31 años en Norrköping, una moderna ciudad de 90.000 habitantes al sur de Suecia.   Su padre, Ramiro Dalance, un entrenador de fútbol de la provincia andina de Oruro (sur de Bolivia), se tuvo que exiliar al país nórdico a principios de la década de 1980, cerca del final de la última dictadura militar en el país.

Ramiro se adaptó a Suecia y se casó con una joven local, pero no dejó de inculcar a su hijo Martin la cultura boliviana.

"Con mi padre siempre hablamos español en la casa y también teníamos las tradiciones de Bolivia. Siempre me he sentido como un boliviano y soy muy feliz de ser parte de la selección", relata Smedberg en un más que correcto español que quiere perfeccionar.

"El castellano lo tengo que mejorar aún. Aquí lo estoy haciendo cada día", dice con una sonrisa.

Su doble nacionalidad marca hasta su juego, que define como una combinación de "estilo europeo y de Bolivia".

 

Convocatoria tardía    

A pesar de que nunca viajó de niño al país de su padre, Smedberg recuerda que en Suecia tenía amigos de Bolivia y que juntos sufrieron la era de derrotas que se abrió tras los años dorados del Mundial de Esatdos Unidos-1994 y el subcampeonato de Copa América de Bolivia-1997.

Ya como profesional Smedberg se labró una larga carrera en clubes suecos pero nunca fue convocado para la selección liderada por Zlatan Ibrahimovic.

Tampoco Bolivia se acordó de él hasta la llegada el año pasado de Mauricio Soria al banquillo, quien mandó llamar al volante de 1,87 m de altura.

"Por qué no fui llamado antes es una pregunta para la Federación (boliviana)", aclara Smedberg con cierto pesar por la tardanza.

"Ahora cambiaron la mentalidad. Como hemos sufrido tantos años que no ha pasado nada con la selección, creo que han mirado un poco más afuera de Bolivia para ver si hay jugadores que tienen sangre de Bolivia", estima.

Su primera convocatoria fue también el primer viaje de su vida a Bolivia. En Oruro aún vive su abuela y también tiene familia en Santa Cruz y La Paz.

"Cuando me llamaron por primera vez fue un sueño, pero lo más grande que está pasando en mi carrera es jugar la Copa América y este partido fue el más grande de toda mi vida", dice sobre el duelo con Ecuador.

A Bolivia le espera una cita aún más dura el viernes contra Chile, pero la gran meta de Smedberg es seguir progresando para las eliminatorias al Mundial de Rusia-2018.

Smedberg quiere ayudar al equipo a regresar a un Mundial como el de 1994, que él disfrutó tanto como cualquier boliviano, sólo que a más de 11.000 km de distancia.

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