Internacional

Messi, el mejor de todos los tiempos

No vi a Di Stéfano; Pelé jugó en el Santos y en la selección brasileña (tricampeón mundial), para rematar su trayectoria en el Cosmos de Nueva York; Cruyff fue el cerebro del Ajax de Amsterdam, el Barcelona y la selección holandesa; y Diego Maradona —campeón mundial con la selección argentina en 1986— se convirtió en el primer santo del fútbol moderno gracias a su paso por el sur de Italia vistiendo la celeste del Nápoles, luego de haber pasado también por el Barcelona.

Monarca. Lionel Messi ratificó que es el nuevo astro del fútbol mundial. Con la casaca del Barcelona marcó un gran año.

Monarca. Lionel Messi ratificó que es el nuevo astro del fútbol mundial. Con la casaca del Barcelona marcó un gran año. Foto: AFP

La Razón (Edición impresa)

00:00 / 24 de diciembre de 2012

A todos se les reconoce el haber sido los mejores futbolistas del planeta para el momento en que a cada uno de ellos les tocó ser protagonista, pero a estas alturas de la temporada de la liga española ya no hay nada que discutir acerca de la pulverización de marcas que Lionel Messi ha concretado en materia de rendimiento y de goles convertidos en su meteórica e imparable trayectoria: 91 anotaciones de una misma temporada, superando luego de cuarenta años al alemán Gerd Müller que hizo 84 en 60 partidos.

Lio es el mejor de todos los tiempos. Lo hace todo con un grado de concentración envidiable, y con la aparente simplicidad que generan las ilusiones ópticas que son capaces de provocarnos los fuera de serie como él, y a esto, claramente contribuye el hecho de que no haya tenido que soportar quirófanos o largos periodos producto de lesiones, porque los rivales que le toca enfrentar han demostrado una deportividad que los enaltece —le pegan hasta cierto punto, no van a matarlo— o porque su velocidad para llevar la pelota con esa perfección que sobrecoge es verdaderamente incontrolable y dejaría en ridículo al peor intencionado.

Traslada el balón como nadie, asiste al compañero abriendo la cancha o jugando entre líneas, reacciona en milésimas de segundo para devolver una pared, se perfila por izquierda y derecha para rematar con las dos piernas, le pega muy bien con balón detenido, mira al cielo y señala con los índices hacia arriba, y anota y anota y anota. Juega en sociedad en el mejor triángulo de todas las épocas junto a Xavi y a Iniesta, y ahora, además, Alejando Sabella, su director técnico en la selección, ha sabido compaginarlo con sus compañeros de los que destaca Di María para rendir con la misma excelencia con la celeste y blanca de su país.

¿Le falta ganar una copa del mundo? Seguro.  Demasiado evidente. Pero si no lo consiguiera, no significará que en las comparaciones resienta sus credenciales. Lo que tuvieron sus antecesores fueron virtudes por separado que Messi las reúne todas en sí mismo al punto que se lo podría considerar un milagro de la genética y un profesionalismo que ha superado la perfección.

La columna de Julio Peñaloza Bretel  Periodista

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