Internacional

Real Madrid, la calidad individual

Campeón. El equipo albo se impuso a la más grande convicción colectiva del ‘Atleti’ en la final de la Liga de Campeones.

Real Madrid, la calidad individual. Foto: AFP

Real Madrid, la calidad individual. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

01:43 / 26 de mayo de 2014

Igual de corajudo que los mejores del equipo colchonero —Gabi (Fernández), Tiago (Mendes), Juanfran (Torres)—,  esta Champions, a título individual, le corresponde a Sergio Ramos que con su perfecto cabezazo puso las cosas 1-1 en términos de entereza y lucha (ya había anotado en semifinales contra el Bayern en dos ocasiones), para que minutos más tarde terminaran imponiéndose los gestos técnicos de Ángel di María y Marcelo que les enseñaron a sus compañeros cómo se rompen defensas irrompibles, cómo se surca el campo de juego a fuerza de llevar la pelota con genética rioplatense y afrobrasileña.

El invicto basado en la disciplina grupal y la valentía del Atlético de Madrid empezó a resquebrajarse —en ese momento la rotura era imperceptible— cuando Diego Costa se vio forzado a abandonar el campo y ni siquiera habían transcurrido diez minutos de iniciado el juego para que David Villa quedara librado a la soledad de un día gris y con Sami Khedira y Luca Modric neutralizando al ariete rojiblanco, tarea que hubiera podido solo, si hubiera estado en la cancha, Xabi Alonso. Con este panorama, las posibilidades de pasar de la recuperación al contraataque fueron nulas durante casi todo el partido, lo que ratifica que sin un goleador de área, de esos implacables como lo es Costa, la brega puede convertirse en infructuosa, peor si al frente hay individualidades que el momento menos pensando son capaces de quebrar los bastiones de resistencia mejor planificados.

El aguante lo estaba haciendo la parcialidad colchonera trasladada a Lisboa, a la par del aguante futbolístico tan característico de Diego Simeone que hasta el minuto 93 se llevaba el premio a semejante patriada colectiva hasta que llegó el capitán merengue para equiparar su garra con la que había inaugurado el marcador Diego Godin, producto de una indecisión de Iker Casillas que por no calcular la velocidad con que viajaba el balón se quedó en medio camino entre salir o quedarse bajo los tres palos.

Ya en la primera etapa, Di María había enloquecido con sus endiablados piques y sus cancerberos se vieron forzados a aplicar la falta como último recurso de su profundamente aprendido discurso táctico. Ingresado Marcelo en la segunda etapa en lugar de Fabio Coentrao, cuando Gareth Bale ya había fallado en tres oportunidades frente a la puerta del gigante Thibaut Courtoise, ya no había dudas que Karim Benzema nunca estuvo en el partido, y Cristiano Ronaldo quedó borrado por la intensidad de los controles en defensa que tan bien manejan los del “Aleti”, el brasileño homenajeó subrepticiamente a Roberto Carlos y Cafú, los más grandes volantes laterales de todos los tiempos, con sus incursiones de afuera para adentro que tuvieron corolario con la tercera anotación, minutos después de que el Ángel rosarino desbordara por izquierda para meter uno de los mil centros ensayados durante todo el partido, esta vez para el cabezazo de Bale que seguramente vale los 125 millones de dólares que significó su fichaje. Ya era 3-1 y solo faltaba el penal para que CR7 consolidara su récord goleador en el principal torneo de clubes de Europa.

 

  Multitudinario festejo de los jugadores del Madrid junto  a una gran muchedumbre ayer en la capital española.

La calidad individual se impuso a la más grande convicción colectiva. El equipo de Simeone estaba preparado para resistir, pero no 120 minutos, cuando todas la naves habían sido quemadas y Di María primero, junto con Marcelo más tarde, lograron disimular el chapucero desempeño general de un Real Madrid que llegaba de quedar tercero en la Liga española, y necesitaba esos cinco minutos de adición para forzar el alargue que condujo luego a la celebración en la que Ramos que salió a gritar, ya de retorno a casa, “que los indios se enteren quién manda en la capital”, gesto racista probablemente sin quererlo, perteneciente a la españolidad más reaccionaria, concordante con el perfil franquista del equipo de la Casa Blanca, favorecido por el dictador y sus caprichos durante los 40 años que le tocó imponer el terror y las mordazas contra quienes osaban desafiar su descarnado autoritarismo.

Julio Peñaloza Bretel es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF). El Madrid y su característica soberbia

Raphäel Varane jugó en lugar de Pepe, conformando la línea de fondo con Ramos. Su aceptable actuación futbolística fue por él mismo desportillada cuando apenas anotado el cuarto gol por Ronaldo, se aproximó al Cholo Simeone para provocarlo, que como buen chico de barrio que arregla las cosas a las piñas, se metió en el campo e intentó irse encima de este francés que fiel a la forma de ser de su equipo, no se contentó con el sello de la goleada, sino que su arrogancia lo condujo a enrostrárselo al entrenador argentino.Si bien en términos futbolísticos no hay nada que objetar a la goleada que le franqueó al Real Madrid la obtención de su décima Champions

League, queda grabado el reclamo del entrenador argentino que con ademanes muy comprensibles dirigidos al árbitro holandés Björn Kuipers, le cuestionó los cinco minutos que agregó al tiempo reglamentario.  Más tarde, el propio técnico, fiel a su perfil guerrero, dijo que no había por qué derramar una lágrima en un partido en el que se jugaban “intereses económicos muy poderosos”.

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