Internacional

Terrorismo, boicots y dopaje, tragedias y escándalos de los Juegos Olímpicos

Una gran humillación la vivió el velocista canadiense Ben Johnson, que fue desposeído en Seúl-1988 de su medalla de oro en 100 metros por dopaje, fue uno de los escándalos más sonados de la historia del deporte.

La Razón Digital / AFP, Londres

10:13 / 04 de julio de 2012

La cara más dura de los Juegos incluye momentos como la muerte de 18 personas en Múnich-1972 por un ataque terrorista a la delegación israelí, boicots por conflictos políticos o la caída de estrellas por dopaje, como la del canadiense Ben Johnson en los 100m de Seúl-1988.

   En Múnich, el grupo palestino Septiembre Negro entró en la Villa Olímpica asesinando a dos deportistas israelíes y tomando a nueve como rehenes.

   Pero al día siguiente, la policía alemana intentó atrapar a los terroristas y murieron los otros rehenes israelíes, además cinco terroristas, un agente y uno de los pilotos de los helicópteros preparados para la huida de los palestinos.

   Después, el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), el estadounidense Avery Brundage declaró: "the Games must go on" (Los Juegos deben continuar), una frase que se ha hecho célebre.

   El irlandés Lord Killanin, el siguiente presidente del COI, tuvo que hacer frente al boicot de los países africanos a los Juegos de Montreal-1976 debido a una gira de la selección neozelandesa de rugby en la Sudáfrica del apartheid y el de Estados Unidos a Moscú-1980 y la Unión Soviética a Los Ángeles-1984, en plena 'guerra fría'.

   Pero si la historia olímpica no puede estar orgullosa de esas páginas, tampoco lo puede estar de uno de sus primeros Juegos, los de París en 1900.

   Sólo cuatro años después de los primeros Juegos de la era moderna (Atenas-1896), París casi mató el evento deportivo con una desastrosa organización, que tuvo su peor exponente en el atletismo y la natación.

   Los nadadores tuvieron que competir en el río Sena y la prueba de espalda fue probablemente la más peligrosa ya que los deportistas tuvieron que competir nadando debajo o al lado de embarcaciones, debido a que sus propietarios se negaron a detener sus negocios mientras se desarrollaban los Juegos.

   Los atletas, por su parte, tuvieron que competir en ocasiones en caminos embarrados, mientras que los lanzadores de disco o martillo vieron como sus instrumentos desaparecían entre los árboles, sin poder encontrarlos o recuperarlos.

   Más grave fue el caso del italiano Dorando Pietri, que es una de las 'victimas' de la historia de los Juegos gracias a unos poco inteligentes jueces ingleses en los Juegos de Londres de 1908.

   Después de haber liderado el maratón durante casi todo el recorrido, se cayó debido al cansancio a apenas 100 metros de la llegada y fue ayudado a ponerse de pie por los jueces para al final poder cruzar la meta.

   Sin embargo, los mismos jueces ingleses le tuvieron que descalificar tras una protesta por parte del corredor que había quedado segundo.

   En el plano deportivo, el dopaje ha sido la gran lacra que ha perseguido a los Juegos Olímicos y a la competición en general en los últimos años.

   La gran humillación la vivió el velocista canadiense Ben Johnson, que fue desposeído en Seúl-1988 de su medalla de oro en 100 metros por dopaje, en uno de los escándalos más sonados de la historia del deporte.

   Johnson, ganador de los 100 m de Seúl en 9.79, que era récord del mundo, fue descalificado por dopaje (anabolizantes) y el estadounidense Carl Lewis heredó la medalla de oro, completando su colección con una victoria en salto de longitud.

   En Atenas-2004, los velocistas griegos Kostas Kenteris y Ekaterini Thanou fueron acusados de haber mentido al alegar haber sufrido un accidente de moto para justificar su ausencia en un control antidopaje en vísperas del inicio de los Juegos.

   Ambos terminaron confesando que habían evitado tres controles sin previo aviso y la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) los suspendió durante dos años, en una sanción que finalizó en diciembre de 2006.

   Por su parte, la atleta estadounidense Marion Jones fue desposeída en 2008 de sus tres medallas de oro y dos de bronce de Sydney-2000, tras admitir que se dopó durante los Juegos, siendo castigada incluso a unos meses de prisión por perjurio.

   Pekín-2008 tampoco estuvo exento de la sombra del dopaje e incluyó la posibilidad de analizar las muestras meses después, lo que permitió detectar un caso especialmente comentado, el bahreiní Rashid Ramzi, desposeído de su oro de 1.500 metros por dopaje.

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