Internacional

Zambrano abonó la ilusión de Chile

Perú se va con gusto agridulce. Injusto final para tan buen papel

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

00:25 / 01 de julio de 2015

Dos partidos hubo de Chile y Perú. Uno de 19 minutos, hasta la expulsión del incorregible Carlos Zambrano. El otro, el que ganó Chile. En el primero se vio un excelente planteo peruano, de jugar sin temores ante el gran favorito al título, de disputarle el medio campo con buen toque y buscar el arco del extraordinario Claudio Bravo (modelo del arquero actual, eficiente, atlético, difícil de batir). En ese lapso, Perú controló el juego, fue superior; lo rubrican un cabezazo de Farfán al palo, con Bravo ya vencido, y una bomba de Lobatón arriba que salvó el arquero del Barcelona echando al córner.

Inmediatamente devino la burrada de Zambrano, zaguero con un récord que envidiarían el colombiano Gerardo Bedoya y el uruguayo Paolo Montero. Ambos tienen importantes marcas mundiales de tarjetas rojas, aunque la juventud de Zambrano los pone en alerta. Ricardo Gareca también creyó que podía ser el redentor de Zambrano, pero en su primera experiencia sufrió un duro desencanto. La irresponsabilidad de un jugador derrumbó las ilusiones de todo el equipo, de un pueblo. La buena presentación peruana y el capricho del fixture pusieron a Perú frente a un desafío bravo, y asimismo ante una ocasión histórica: eliminar a Chile en su casa, en la Copa que todo el país quiere ganar. Un triunfo que elevaría hasta el cielo la autoestima deportiva peruana y se perpetuaría durante un siglo en la memoria colectiva de ambas naciones. El desarrollo del partido demostró que podía. Zambrano lo destruyó con un planchazo tan suyo.

Mucha gente confunde pegar con hombría, con ser macho. ¿Qué opinarán hoy…? ¿Cuál será el pensamiento de Christian Cueva, la revelación de la bicolor en esta Copa, que no solo perdió el pase a la final sino que ni siquiera pudo jugar, pues fue el cambio elegido por el técnico para suplir la ausencia del zaguero…? ¿Cómo será el ánimo de Paolo Guerrero al irse perdidoso después de una actuación monumental…? ¿Y el esfuerzo de todos… los que se cuidaron, descansaron, se comportaron profesionalmente para dejar el alma en pos del objetivo…?

Perú sabía muy bien lo que significa hoy día jugar con diez: le ganó a Venezuela merced a esa circunstancia. Amorebieta dio su patada número 7.000 y lo expulsaron. Lo aprovechó el equipo de Gareca para ganar y dar un paso fundamental hacia la clasificación. Amorebieta y Zambrano son dos futbolistas violentos, la diferencia es que el vasco lo usa para amedrentar y sacar ventaja, Zambrano lo hace de manera irracional y siempre consigue hundir a su equipo.

Gareca pasó un mensaje en la rueda de prensa posterior: “Los partidos hay que terminarlos con once”. Y Claudio Pizarro mostró su disgusto: “Es lamentable. Una expulsión que nos hace perder el control del partido. Zambrano ha pedido disculpas al grupo. Son cosas que pasan, pero tiene que aprender. Al final perdemos todos”.

Luego devino otro escenario. Desequilibrado como mesa con tres patas, Perú ya cedió la iniciativa y se recostó atrás, a esperar el momento de la guadaña. Que llegó puntual. Chile, un tanto desorientado en el juego, se animó; “es la nuestra”, pensó. Y lo fue ganando por maduración, por destilación. Sin argumentos brillantes. Como siempre, la luz de Valdivia que le ilumina el camino con sus toques profundos y sus pases entre líneas; el oportunismo goleador y la pegada de Eduardo Vargas; la fibra espiritual de Gary Medel, esta vez rebajado de nota por su gol en contra, pero de todos modos un jugador fenomenal, positivo, ganador, líder en el puesto que sea. Y siempre está la voluntad, el despliegue increíble y criterioso de Mauricio Isla; también el batallar sereno y útil de Charles Aránguiz; el mencionado arquerazo Bravo... Son elementos que hacen todo a favor del equipo. Siempre. El desaparecido de esta Copa es Alexis Sánchez, el regalón de la gente. No la vio en este torneo. Arturo Vidal es otro que vende más de lo que produce. La pinta de mohicano, los tatuajes, el empuje, cotizan alto. Igual, es un jugador importante, y volante mixto, una raza muy buscada en el fútbol actual: o sea, aquellos que además de marcar pueden aportar juego.

Existe, entre la prensa extranjera, la sensación de que los arbitrajes han sido un tanto benévolos con Chile. Preferiríamos hablar de “condescendientes”. Lo demostró ante Perú el juez venezolano José Argote, no sancionando a los 4 minutos la mano que le puso en el rostro Arturo Vidal a Zambrano. Por menos que eso, Sandro Ricci expulsó a Cavani. A Vidal le pidieron serenidad, “tranquilícese”. Son varios los “detallitos” a favor. No obstante, no menoscaba el mérito de Chile: es un finalista inobjetable. Jugó a ganar los cinco partidos que disputó, fue el más regular en momentos felices, marcó 13 goles, buscó muchos más, atacó siempre. Si merece la corona lo sabremos el sábado. Hasta ahora ha sido el mejor, sin discusión.

Chile entero está en una nube de ilusión. La Roja está a un paso de conseguir el primer título de su historia. La gente va a trabajar con la camiseta puesta y la selección es hoy el eje central del país. El pueblo está feliz. Es el efecto bienhechor del fútbol.

Perú se va con gusto agridulce. Injusto final para tan buen papel. La suya es una remontada fenomenal, que permite creer en un futuro luminoso. Ha dado un salto de calidad impensable y recuperó el respeto futbolístico de todos. Lo de Gareca en tan corto tiempo es fantástico. Ricardo es un muchacho tranquilo y lo transmite. Da confianza, se notó en la desenvoltura de todos los jugadores incaicos, entre los cuales ganaron notoriedad Christian Cueva, Luis Advíncula y Carlos Ascues sobre todo. Mención de honor para la entrega de Advíncula: emociona.

Perú, como Venezuela y Bolivia, han sido los paradigmas del equilibrio absoluto del fútbol actual. Una paridad jamás vista y un factor edificante. Antiguamente jugaban Brasil-Paraguay o Argentina-Bolivia y se sabía de antemano el ganador. Ya no. Nadie se siente menos. Luego pueden desnivelar las mejores individualidades, el mejor planteo táctico o la mentalidad con que encare cada uno el compromiso. Pero ahora, como nunca, son once contra once.

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