Internacional

La ausencia del villano

Uruguay sin Suárez desnuda limitadas chances de llegar a la final

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretal / La Paz

02:12 / 17 de junio de 2015

En el fútbol, como en toda cotidianidad, toda aldea necesita siempre al tipo diferente capaz de sacarla de la rutina, de hacer las cosas que no figuran en los manuales de urbanidad a través de los que se aprende a utilizar los cubiertos en la mesa y eso se notó en demasía anoche que Uruguay ya no dejó dudas de que los felices tiempos con Diego Forlán en Sudáfrica 2010 se acabaron y lo que corresponde es encontrar alternativas que ayuden a paliar la ausencia de Luis Suárez, que está pagando caro y se lo está haciendo pagar a la celeste, por haberse mandado semejante agresión contra Giorgio Chiellini en Brasil 2014.

Se sabía que los de Washington Tabárez le dejarían manejar el balón a Argentina, y que trabajarían con paciencia la obstrucción y las oportunidades que se pudieran para ganar con una esporádica arremetida a cargo de Edinson Cavani, otra vez solitario, tal como sucediera contra Jamaica, en el cometido de buscar lo que en sociedad con el ausente Luisito es siempre posible: el contraataque veloz, el rebote, la captura de una pelota perdida por un mal despeje, y a cobrar. No pudo ser y no podrá ser con este equipo charrúa que ayer exhibió, después de muchos años, atisbos de esas viejas versiones de décadas pasadas, poblada de agresores que se mueven al  filo del reglamento o de pendencieros como Arévalo Ríos que sacó de las casillas a Messi, jugador de esos que suele levantarse sin reclamar, desconocedor de los simulacros o de cualquier otro ardid para ensuciar el juego.

Con un libreto uruguayo de los que saben sin la pelota, Argentina entró en la extensa meseta del trámite mecanizado, carente de dinámica y de sorpresas individuales, aunque Javier Pastore se esforzara durante todo el juego por manejar los hilos en busca de los espacios que sirvieran para habilitar a sus compañeros de adelante, tal como sucedió con esa entrega por derecha a Pablo Zabaleta que con un centro corto para la anticipación aérea de Sergio Agüero terminaría desnivelando el tanteador hasta la expiración del partido, resultado con el que Argentina se apresta a ejecutar un plan seguramente arrasador contra esa Jamaica que perdió contra Paraguay, gracias a un grosero error de su portero Duwayne Kerr que entregó la pelota para que Eduardo Benítez la enviara a través de un suave tiro bombeado con el que la Albirroja selló el triunfo.

Pero si Uruguay sin Suárez, la más sentida y lamentable ausencia del torneo, evidencia más de la mitad de sus posibilidades en pos de ser protagonista, Argentina, si se tratara de una película de género policial, podría titular Desaparecidos en acción debido a que contando con toda la plantilla prevista por su seleccionador, no supo generar un ritmo que tradujera la superioridad que los papeles indicaban en todas  las zonas del campo y optó por la prudencia que necesitaba cuando le ganaba 2-0 a Paraguay en el debut, al extremo de que en el tramo final llegó a pararse con tres volantes centrales, tras el ingreso de Ever Banega, que saltó a reforzar las tareas siempre aplicadas, con generoso despliegue físico de Javier Mascherano y Lucas Biglia.

Sin alocarse esta vez, pero a fuego lento, Messi tuvo un apagado desempeño, con muy aislados atisbos de su genio,  que no incidieron en el rendimiento general y menos repercutieron en el marcador final del partido y de esta manera tuvimos una segunda jornada del Grupo B, absolutamente inversa en materia de incidencias cambiantes, scores abultados y emociones para repartir de la que fueron capaces de ofrecer Bolivia, Ecuador, Chile y México hace 48 horas, que con sus desempeños elevaron las expectativas de los aficionados en el crudo invierno chileno.

Que la boca de Gerardo Martino, expulsado en la primera parte del clásico rioplatense ayer, se haga florero. Dijo antes del inicio de la Copa que “sería imperdonable que Argentina no gane este campeonato”y ciertamente, con lo exhibido hasta ayer, no hay razones contundentes todavía para pensar que efectivamente puede lograr el título, asunto que podrá quedar mejor develado cuando brasileños y colombianos pongan hoy a prueba lo que han venido trabajando para llegar al podio, los primeros sostenidos por Neymar como ya se vio a todas luces en la victoria contra Perú y los segundos queriendo reivindicarse del  traspié sufrido frente a Venezuela.

Uruguay sin Suárez desnuda limitadas posibilidades de intentar conseguir nuevamente llegar a la final —debe enfrentar a la picapedrera Paraguay en la última fecha de la fase de grupos—; la Argentina de la presión alta que quiere Martino fue ayer un equipo conservador, desprovisto de los bríos con que suele arrancar cada periplo, con un Di María que acusa un notable bajón en su rendimiento, Messi otra vez sin el interlocutor válido, y Agüero que parece obligado a pillar al vuelo lo que encuentre en las inmediaciones del área. Con este panorama, no hay motivos para creer que esta vez, sí, la celeste y blanca está para descoserla y hacer historia, a 22 años de haber conseguido levantar por última vez el trofeo continental.

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