Internacional

El ‘cholismo’ torció la historia

Simeone ha logrado darle al Atlético ese tono de peleador callejero, de rebelde y transgresor, de carasucia que se trenza en el callejón

El entrenador argentino del Atlético de Madrid, Pablo Simeone, se toma una ‘selfie’ tras ganar la Supercopa.

El entrenador argentino del Atlético de Madrid, Pablo Simeone, se toma una ‘selfie’ tras ganar la Supercopa. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

00:55 / 25 de agosto de 2014

No importa cuántos cientos de millones invierta ni cuán galáctico sea, el Real Madrid se siente incómodo frente a este Atlético. Se lo nota nervioso, alterado, impotente, confundido. Durante dos décadas, mínimo, el club de Di Stéfano y Bernabéu aprovechó como nadie la debacle institucional 'colchonera'. Y, más que de hijo, lo adoptó de nieto a su rival ciudadano. Le daba la sopa y le contaba cuentitos. Lo vencía incluso jugando con los suplentes de los suplentes, lo goleaba y se divertía. Hasta que cayó Diego Simeone en el banco rojiblanco y cambió la historia; desde entonces hay otro Atlético: le plantea guerra, se le para tieso, le embarulla los partidos y, a veces (varias), como el viernes, se los gana.

Ha logrado Simeone darle ese tono de peleador callejero al cuadro, de rebelde y transgresor, de carasucia que se trenza en el callejón o en la avenida elegante. Todos meten, traban, luchan... Y también juegan cuando tienen la ocasión. Sujetos como Gabi, Juanfrán, Godín, Raúl García no entienden de marketing ni de medios, tampoco les importa, van con todo a cada pelota, sin importar cómo se llame el de enfrente. Con esa fórmula de arrabal duro el 'Cholo' ha logrado emparejar la abismal diferencia de presupuesto que media entre la plantilla de uno y otro. Y volvió a amargarlo el Atlético al Madrid, aunque solo sea por la Supercopa de España.

Pero en los clásicos no hay partidos en broma, el ardor expuesto por ambos lo demuestra. Son dos machos Alfa, ninguno quiere empezar la temporada perdiendo.

T iene el espíritu de Simeone este Atlético, son gladiadores todos. Y pese a que le venden un jugador tras otro, se las ingenia para seguir siendo competitivo. Fue un choque como todos los que protagonizan el Madrid, el Atletic y el Barcelona, sin diálogos ni armisticios, meta bala de principio a fin.

El club del rey Felipe salió a comérselo vivo al Madrid. Y se lo devoró nomás. A los dos minutos le había llegado a fondo tres veces, y en una hizo red Mandzukic (el ojo rojiblanco para captar goleadores entra ya en el terreno de lo extraordinario). Doble falla de aire de Varane y Sergio Ramos, le quedó servida al croata y la puso en el rincón más doloroso, el que forman pasto y poste.

El Madrid logró salir del asedio y también de la asfixia del medio juego. Y comenzó a llegar. El gestor de sus momentos más lúcidos fue James Rodríguez, mostrando que la camiseta no le pesa nada. Se hizo patrón del circuito de armado de juego y protagonizó cuatro maniobras excelentes: 1) pared con Carvajal y remate a la red que salvó Moya; 2) anticipo y cabezazo que pareció gol y se fue cerca de un palo; 3) preciso y profundo pase a Bale, que disparó y casi fue el empate; 4) zurdazo cruzado que salió besando el madero derecho del arquero.

James halló su posición más cómoda, jugando libre detrás de los atacantes, sin volcarse a una punta sino apareciendo por derecha, por izquierda y, especialmente por detrás del delantero centro. Hizo un gran partido, tremendo crack.

En el segundo acto, después de un finísimo toque de primera —y de aire— de James para Cristiano Ronaldo (si no hace gol parece un jugador común) asistimos a lo increíble: levantan la chapa, entra el 15 (Isco) y sale el 10, ¡James...! Era por mucho el mejor jugador del Madrid, el que le generaba inconvenientes al Atlético.

Simeone dijo gracias, no se hubiese molestado... Nunca hay que resolverle los problemas al adversario. Y lo hizo Ancelotti: desde ahí no llegó más el Madrid, fue todo del capo del barrio.

S er devotos del buen fútbol está bien, irreductibles ideológicamente no. Los puristas del juego seguro verán mal los partidos como éste, tan pasionales y ardientes, que terminan desordenándose, pero al público le agradan. Son batallas viriles en que se deja el alma, y eso también forma parte del fútbol, de su sal.

Simeone ya es el técnico más ganador en la historia del club 'Colchonero': una Liga, 1 Copa del Rey, 1 Supercopa de Europa, 1 Europa League, 1 Supercopa de España. Cinco títulos en 2 años y 8 meses. Con el agregado de haber asumido en una situación delicada de la institución. Y cabe mencionar, por lo ponderable, un subcampeonato de Liga y haber llegado a la final de Champions (invicto). Le ha devuelto la grandeza al club, el esplendor, la felicidad al hincha. Mucho mérito.

R eflexiones de cierre. Lamentable la acción de Simeone, dándole dos collejas al cuarto juez. Ya había armado un espectáculo grotesco tras la final de la Champions ante el Madrid, siendo también expulsado. Una cosa es vivir el partido a mil, otra pasarse totalmente de la raya. No fueron caricias, sino dos golpecitos en la nuca. Una pena, porque opaca su casi increíble tarea de resurrección del Atlético. Los nervios no lo exoneran; merece una sanción ejemplar.

El problema deviene de la patológica inclinación de los jueces por favorecer al Madrid. A los 17 minutos Fernández Borbalán amonesta a Tiago, del Atlético, por protestar. A los 19, Sergio Ramos le entra fuerte de atrás a Mandzukic y el juez no aplica igual criterio. Ahí se enloqueció Simeone.

Que Sergio Ramos termine otro partido con una amarillita es de escándalo. Vive en libertad condicional y se burla de ella. Los jueces lo protegen demorando ex profeso en aplicarle la primera tarjeta; hacen lo imposible para no echarlo. Es igual en todos los partidos. Y sigue. Y juega así todo el año. Ya en el partido de ida había aplicado un golpe a Mandzukic estando ambos en el suelo y el juez se la dejó pasar. La impunidad del poder. Conste que nos parece un zaguerazo y un líder notable. Pero sin pegar, le cuesta. Y no tiene medida.

Elogio amplio para Raúl García, poco agraciado de pinta, con su barba y su nariz, pero tremendo aportante a la causa rojiblanca. Marca, juega, mete goles, les hace frente a todos los rivales, se llamen Xabi Alonso, Ramos, Pepe, quien sea. La figura del campo junto a James. Apenas empieza la temporada en España, y ya está que arde.

Periodista argentino

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