Internacional

¿Y si empeñan la Copa...?

Había 72 millones para repartir, luego pasaron a ser 29,5 y ahora ni siquiera está la mísera recompensa. Messi, James y otros tienen hotel y la comida paga y el pasaje de vuelta. Se irán, pero no se llevarán un centavo de aquí; a lo sumo una medalla.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

01:32 / 24 de junio de 2015

“Para nuestra organización la información es un activo estratégico que cobra valor cuando es compartida con sus grupos de interés y toda la comunidad internacional”. La frase la extraemos de la página de Internet de la Conmebol. Puesta allí suena verdaderamente desopilante. No debe existir una organización más hermética y que más bloquee a la prensa que la Confederación Sudamericana de Fútbol. Ahora, por Wilmar Valdez, presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, el periodismo y el público se enteran de que la Conmebol no tiene el dinero para pagarle a las selecciones sus premios por participación en la Copa. Y se enteran a nivel rumor, no por información oficial, como debiera ser.

El extitular de la Conmebol Eugenio Figueredo se ufanaba ante quien quisiera oírlo de haber vendido esta edición del torneo en 75 millones de dólares. Aunque el “arrepentido” J. Hawilla, presidente de Traffic arrestado en Miami y luego liberado a cambio de brindar información, confirmó al FBI que en realidad el contrato se firmó por 80 millones. Eso para la Conmebol, la cual se retiraba el 10% como organizadora (10% limpio, sin gasto ninguno) y daba el resto en premios a las selecciones participantes. Tampoco 80 millones son nada extraordinario para el interés que despierta la Copa, cuyas imágenes televisivas se venden a alrededor de 200 países, y hay lugares como en Brasil, donde la Rede Globo solamente desembolsa más de 20 millones por la exclusividad de los partidos. Más bien esos 80 millones son un precio vil a favor de las empresas beneficiarias de los derechos. Para eso coimeaban, para que les firmaran un contrato leonino. No obstante, previo al inicio de la competencia se pensó que por fin las selecciones tendrían un premio mínimamente decente. Sin embargo, un cable de la agencia EFE fechado el 26 de mayo daba cuenta del régimen económico:

“La Confederación Sudamericana de Fútbol tiene previsto entregar premios en todas las fases, comenzando por 1,5 millones de dólares solo por estar en el torneo a cada Federación participante. Los equipos que sean eliminados en cuartos de final recibirán otros 750.000 dólares; habrá 1,5 millones para el cuarto lugar; dos millones para el tercero; tres millones de dólares para el subcampeón y cuatro millones para el que alce la corona.

De este modo, el campeón acumulará un total de 6,5 millones de dólares”. La información no fue desmentida por la Conmebol. Eso fue el 26 de mayo, el 27 estalló la bomba atómica con el FIFAgate, cuya mecha fue la red de corrupción instalada en la Confederación Sudamericana.

En realidad la información contiene un error, los 4 millones del campeón más el 1,5 por la primera fase dan 5,5 millones, no 6,5. En total, los premios ascienden a 29,5 millones de dólares. Si la Conmebol vendió por 80 y se retira el 10% quedan 72 para repartir. Hay un agujero negro de 40,5 millones sin explicar dónde van.

Vale consignar que en la organización de todas las Copas América, el Estado, las gobernaciones y los municipios del país anfitrión se hacen cargo del arreglo o construcción de los estadios y centros de entrenamiento, como también de las instalaciones colaterales para la prensa, etc. La asociación local se queda con las taquillas de los partidos más la publicidad local que consiga a cambio proveer el alojamiento, la estadía y el transporte de las delegaciones. Y la Conmebol cobra los derechos televisivos y de estática, retira como decimos su célebre 10 por ciento y da el resto en premio a los equipos.

Había 72 millones para repartir, luego pasaron a ser 29,5 y ahora ni siquiera está la mísera recompensa. Messi, James Rodríguez y otros pueden estar tranquilos, tienen el hotel y la comida paga y el pasaje de vuelta emitido. Se van a poder ir, pero no se llevarán un centavo de aquí; a lo sumo una medalla. Que el campeón de América reciba en total 5,5 millones de premio es un bochorno; ni en la Copa Africana la retribución debe ser tan miserable. En Europa, ese dinero lo recibe cada jugador de la delegación campeona. Pero la Conmebol, haciendo honor a la brumosidad con que maneja la información, no aclara nunca, ni muestra los contratos ni emite un comunicado oficial. Cuenta, desde luego, con la connivencia de los presidentes de las asociaciones nacionales, que recibirán estas migajas pero que no dicen nada pues son ellos mismos los miembros del comité ejecutivo de la Conmebol. Es el conocido sistema “cerrojo” de funcionamiento. Ellos manejan los dineros y ellos mismos se aprueban la gestión en un Congreso que es una comedia inverosímil.

La Justicia norteamericana congeló las cuentas de Datisa (la sobornadora que se hizo con los derechos) y es difícil que los libere. Por lo cual Datisa no puede pagarle a Conmebol. Pero lo verdaderamente escandaloso que, más allá de esa circunstancia, la Conmebol no tenga en sus arcas ni siquiera diez millones de dólares para hacer frente a estos premios bochornosos. Sobre todo después de los cientos de millones de dólares recaudados por el ente continental por diversos conceptos en los últimos tiempos. Para conocimiento público: solo por asociar su nombre a la Copa Libertadores durante las últimas 18 ediciones, Toyota, Santander y Bridgestone llevan desembolsados (siempre antes de que comience cada torneo) 130 millones de dólares. Y ese es apenas un mínimo ingreso en las cuentas de la Conmebol, que casi no tiene egresos.

Wilmar Valdez, en una nota concedida “de amigo” al diario El País de Montevideo, nos habla del heroísmo de Juan Ángel Napout, presidente de la Conmebol, “quien se quedó en Asunción luchando para conseguir el dinero y poder pagarle a los equipos”. Sin quererlo, lo informó: la Conmebol no tiene un centavo. Fundieron la máquina de hacer millones. A Valdez le faltó pedir una condecoración para Napout; un intento de tomadura de pelo el suyo.

Cuenta Alcides Gigghia, autor del inmortal gol del Maracanazo, la sencillez con que celebraron aquella epopeya: “Como no encontrábamos al tesorero de la delegación, hicimos una colecta entre todos los jugadores, compramos unos sándwiches y unas cervezas y fuimos a festejar en una pieza del hotel”. Fue en 1950. Sesenta y cinco años después, no ha cambiado mucho el fútbol sudamericano. Los que salgan campeones en Chile van a echar mano al bolsillo, enviarán por unas cervezas y a brindar como hermanos…

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