Internacional

El ‘otro equipo’ de la selección

Enrique Sanjinés y Hugo Segales son los encargados de la utilería

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Asturizaga / Viña del Mar

02:20 / 10 de junio de 2015

Bolivia tiene un equipo aparte. Lo conforman solo dos “jugadores”. Son Enrique Sanjinés y Hugo Segales. Trabajan juntos desde 2002. Son los responsables de la utilería. Llevan y traen todo el material necesario para las prácticas y para las presentaciones. A su cargo están un montón de cosas: ropa de entrenamiento y presentación, pelotas, zapatos de fútbol, conos y mucho más.

Con el tiempo, los dos han logrado hacer un buen equipo. De paso, han tejido una linda amistad, que incluso llega a sus familias. Segales es el más antiguo: en 1999 llegó a prueba, estuvo una semana bajo el mando de Óscar  Rodríguez —que era el asistente de útiles del seleccionado que se clasificó al Mundial de Estados Unidos en 1993—, y fue él quien le dio el visto bueno. Se estrenó en Cochabamba con la Copa Paz del Chaco frente a  Paraguay.

En 2002, Sanjinés era chofer en la Cámara de Senadores y debido a un cambio de gobierno fue “borrado”. Buscando un nuevo trabajo “por casualidad” se contactó con la FBF y comenzó su labor. Ambos ya son “activos fijos” de la Federación. Tantos años que están juntos, que ya se conocen de memoria. Respetan a rajatabla los códigos del futbol. En el vestuario hay muchos trapos sucios que ellos no sacan a la luz por nada.

Hay jugadores que les pusieron apodos, de cariño le dicen a Sanjinés Abuelo y a Segales Gordo. “Nos tratan bien, no nos podemos quejar, somos honestos y nos quieren. Los dirigentes también nos escuchan y nos apoyan”. Los futbolistas nunca los dejan de lado. Premio que reciben hacen que también les “caiga” a los encargados de la utilería.

Como la Verde es una selección chica en el concierto sudamericano, el equipo de utilería también. Y las comparaciones salen a flote: en 2013, Brasil llegó a jugar un amistoso a Santa Cruz y trajo ocho encargados de utilería. Algo parecido tiene Argentina. Ambas selecciones utilizan dos buses, uno para el plantel y otro para su equipo de apoyo. En cambio, el equipo de avanzada de la Verde se transporta en una camioneta en la que lleva solamente unos seis bultos.

En un día de trabajo, la selección utiliza hasta tres juegos diferentes de uniformes. “A veces nos tocó y con seguridad que nos tocará otra vez lavar la ropa de noche y con agua fría”, dice Segales. Más allá del esfuerzo que ponen, admiten que gracias al fútbol, de tanto viajar, conocieron muchos lugares, pero también resignaron muchas cosas.

El sábado, mientras preparaba la indumentaria para el partido de la noche contra Argentina, Viviana, la hija de Enrique Sanjinés, se graduaba como chef internacional en la Escuela de Hotelería en La Paz. Él no pudo estar y no logró evitar derramar unas lágrimas. “Es así nuestro trabajo, a veces tenemos que resignar varias cosas. Un saludo por teléfono es lo único que nos alegra”.

Los datos

Segales

Hugo Segales Orihuela es paceño de nacimiento, 1 de abril de 1973. Su esposa es Patricia, con quien tienen tres hijos: Denise Alejandra, Mauricio Nicolás y Luciana.

Sanjinés

Enrique Sanjinés Saldívar nació en La Paz  el 14 de octubre de 1958. Tiene dos hijas, María de los Ángeles y Viviana, la primera ya le dio dos nietos; la menor uno, y otro está en camino.

En un viaje se olvidaron las canilleras

La anécdota que Sanjinés y Segales consideran la más divertida en esta su estadía como encargados de utilería en la selección les sucedió en Venezuela, la vez que se olvidaron las canilleras de todo el plantel. Mientras iban en el carro con rumbo al estadio llevando la indumentaria para un partido se dieron cuenta de que se olvidaron el bulto de las canilleras en Santa Cruz de la Sierra.

“Hablamos y dijimos que era más fácil comprar, pusimos cada uno a 100 dólares, pedimos al conductor que nos dejara cerca de una tienda deportiva, yo me bajé e hice la compra”, narró Segales. Sanjinés “rezaba” en el vehículo para que los jugadores no llegaran al estadio antes que su compañero.

“Las que me ofrecieron eran muy grandes, tuve que buscar las más pequeñas, por suerte nos fue bien y volvimos con un buen resultado”.  Pocos saben de esa historia, algunos jugadores ni se dieron cuenta, otros pasaron por alto. “Somos humanos, nadie está libre de fallar en algo. Ponemos atención, pero esa vez se nos fue a los dos”, cerró Sanjinés.

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