Europa

¿La hora crepuscular de Cristiano...?

Los goles de Ronaldo muchas veces sirven para decorar el resultado y no para conseguirlo. El cuarto y el quinto

El portugués Cristiano Ronaldo gana en el salto durante el cotejo entre Real Madrid y PSG por la Champions.

El portugués Cristiano Ronaldo gana en el salto durante el cotejo entre Real Madrid y PSG por la Champions. Foto: EFE

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza periodista argentino

00:00 / 09 de noviembre de 2015

“¿Irme del Madrid algún día? ¿Por qué no?”, declaró Cristiano Ronaldo. Y encrespó los mares y los vientos madridistas. Eso, en una primera reacción. Lógica; él recibe tratamiento de divo, todos sus deseos se satisfacen al instante, es esperable que devuelva los mimos.

La segunda, llamativa: centenares de comentarios de lectores, tanto en Marca como en As, medios ultramadridistas, dudando ya de sus capacidades futbolísticas. Porque hay un punto donde terminan las influencias mediáticas y marketineras: es cuando empieza el partido. Ahí cuenta lo que sucede en el césped. Y aunque le machaquen el cerebro continuamente, el público puede observar por sí mismo.

Los encuentros de Champions League se juegan en horario laboral en toda América, muchísima gente está impedida de verlos, la mayoría. Lo hemos comprobado incluso en la sección Deportes de varios periódicos: la Tv está encendida, pero los periodistas deben escribir otras notas y cerrar las páginas, no tienen tiempo de observar los juegos. Muchos ven, por la noche, los goles y algún resumen con las mejores acciones.

Lo cual no permite tener una noción fidedigna de lo acontecido. Se ignoran los méritos desplegados durante el juego. Lo que queda son el resultado y los autores de los goles. Decirle a un hincha que Cristiano Ronaldo fue casi una figura decorativa en un cotejo en el que hizo dos tantos conlleva el riesgo de que a uno se le rían en la cara. Pero ha sucedido decenas de veces. El gol engaña mucho. De alguna manera, queda la impresión de que su autor ha sido la figura del partido.

Marca se preguntó recientemente cómo es posible que Cristiano haya marcado tantos goles en el Madrid (326 al momento) y pese a ello haya sido tan magra la cosecha de títulos: “Una Liga en siete años es poquísimo”, le reprochan. No le cuentan las dos Copa del Rey y la Champions de 2014. Pero es que en el mismo lapso el Barça ha ganado cuatro ligas, dos Copas del Rey y dos Champions. Y el hincha compara contra el rival clásico.

Incluso con menos goles que el portugués, Raúl y Di Stéfano han conquistado muchos más lauros. Con 323 tantos, Raúl reunió 6 ligas de España y 3 Champions (conste que el Madrid no era entonces el club galáctico que es hoy en materia de contrataciones). Y con 307 goles, el fenomenal Alfredo logró 8 ligas españolas, una Copa del Rey y 5 de Europa.

Esto se explica porque los tantos de Ronaldo muchas veces sirven para decorar el resultado y no para conseguirlo. El cuarto y el quinto gol, muchos gritos frente a equipos pequeños, etcétera. Luis Miguel Herrero, un forista del diario Marca hizo durante la semana una radiografía brillante sobre Cristiano: “No sé si económicamente al Madrid le conviene tener a Ronaldo, pero es un jugador que futbolísticamente aporta muy poco al EQUIPO, salvo goles, la mayoría intrascendentes, ante equipos de poco nivel y en partidos ya decididos.

Me gustaría saber la cantidad de pases que da con pérdidas de balón y que propician contras del rival; no defiende absolutamente nada; el protagonismo absurdo con sus gestos a lo largo del partido... De las faltas, que lanza exclusivamente él, mejor no hablar... Si no es por razones económicas que desconozco, que hagan el favor de venderlo ahora que todavía puede venderse bien. Por cierto, ayer (se refería al juego con el PSG) como en la mayoría de partidos importantes, jugó de forma desastrosa, más incluso que el equipo”.

Adherimos. Le faltó agregar al sagaz Herrero que muchos de los goles ronaldianos son de penal o empujándola dentro del área chica. Ha reducido su espacio de movimiento al área. Los últimos goles espectaculares que le recordamos son aquellos contra Suecia en el repechaje para el Mundial, en noviembre de 2013. Esos fueron en verdad sensacionales, con apariciones fulgurantes, corridas electrizantes y remates furibundos. Pero ya no eran una constante en él.

Recordamos bien al Cristiano del Manchester United, era un puntero activo, comprometido con el resto del equipo para atacar o defender, veloz, que desbordaba por las bandas, lanzaba centros, atacaba los espacios con diagonales al vacío, anotaba y generaba jugadas de gol, participaba de la organización del juego. Y, por supuesto, marcaba muchos goles. Por ello se transformó en un futbolista estelar.

Ahora se lo ve constreñido únicamente a finalizar la jugada, a dar el último empujón a la bola. No se le cae una idea, jamás elude a un rival. Y esto lleva ya tres años.

El día que el Madrid genera mucho volumen de llegadas (generalmente contra equipos chicos), él puede anotarse un doblete, un triplete. Cuando el Madrid no produce juego o es dominado ampliamente, como pasó con el PSG, queda aislado y su aportación es nula.

Tiene cero incidencia en el juego porque necesita que le armen la jugada para él culminarla. Nunca fue armador, está claro, y su fuerte no es el dominio del balón, pero definitivamente no inquieta con piques o corridas como antes, se dedica a esperar. Muy poco para quien ostenta el Balón de Oro.

Por qué ha asumido este rol tan pasivo en el juego, es algo que sabrá él. A esta altura, con su cartel, ningún técnico puede cambiarle su forma de jugar. Y si quisiera cambiarlo, sería para que se implique más. Algo es seguro: pisando los 31 años, no retomará los esplendores del United.

“Ya no te vas de nadie”, le dijo meses atrás Florentino Pérez con una sonrisa, para suavizar una crítica que todo el madridismo le hace. No te vas dicen en España a no driblar. La gambeta no es su especialidad, pero sí la tiraba hacia adelante y ganaba en velocidad. Ahora, ni eso. Los altos mandos del club saben que, en lo futbolístico, Ronaldo es hoy un problema. Sus goles están, pero no deciden.

Y el equipo entero debe jugar para él. Para peor, está su ego. Si alguien prefiere terminar la jugada sin pasársela, lo fulmina con la mirada o los gestos. Varios directivos enarbolan la idea de venderlo a final de temporada.

Se sabe que aún es posible conseguir un dineral por él. El United sueña siempre con repatriarlo. Los petrodólares del PSG están listos para él. Pero en el Madrid todo pasa por el presidente. Y por los ingresos.

En baja o no, Ronaldo es una máquina de facturar. Seguramente el club consigue enormes cantidades de dinero con el marketing que genera su imagen. Pero facturar es un tópico, y ganar títulos, otro. También es verdad que el Madrid como producto necesite tener siempre una superfigura (el Barça tiene tres). En otros momentos fueron Ronaldo Fenómeno, Zidane, Beckham.

“Pero mira que Casillas era Dios para la afición, y hoy nadie se acuerda de él, eh, nadie”, advierte un habitué al palco de Florentino, abriendo la puerta a una posible salida del de Madeira.

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