Internacional

Este gran fútbol de hoy

La actual es una versión muy superior incluso a  la de hace 20 años

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza / La Paz

00:37 / 17 de junio de 2015

Hay marca y vocación ofensiva por igual (como debe ser), ritmo, vibración, intensidad, emoción, entrega, golazos, jugadas notables… Cabezazos espectaculares como los de Vidal y Raúl Jiménez… Bombazos como los de Haedo Valdez y Miler Bolaños… Apiladas como las de Messi… Pases como el de Neymar a Douglas Costa… Atajadas brillantes como las del arquero boliviano Rómel Quiñónez… Fútbol limpísimo, planteos impecables como el de Venezuela ante Colombia… Jugadorazos como los mexicanos Gerry Flores y Tecatito Corona, el venezolano Ronald Vargas… También entrenadores capacitados, canchas excelentes y, lo más edificante, extraordinaria paridad. Nadie gana de antemano.

Estamos viendo una Copa América espectacular. ¿La mejor de la historia…? Si continúa como hasta ahora, ninguna duda. ¿Cuándo fue mejor que esto…? No obstante, debe haber decenas de millones de personas que creen que esto es horrible, que buenas eran las copas de antaño, cuando se jugaba lento, se pegaba duro, se marcaba poco, se daban espacios y había diferencias abismales entre los tres que predominaban (Argentina, Brasil, Uruguay) y el resto.

La actual es una versión muy superior incluso a la de hace veinte años (Uruguay ’95), bastante pobretona, por cierto. A su vez la del ’95 fue infinitamente mejor que la ultradefensiva del ’67. Y más atrás debe haber sido idéntico. Pero era lo que había y nos emocionábamos igual, porque el fútbol siempre fue extraordinariamente apasionante. No obstante, el hincha del fútbol es el único espectador que privilegia el ayer por sobre el hoy. Niega la evolución natural de los tiempos y se aferra casi desesperadamente al pasado. Ama el blanco y negro, la sepia, los recuerdos borrosos.

N  o es solo la Copa América, globalmente el fútbol actual es muy bueno. Acaba de disputarse una Champions League excelente; el fin de semana hubo fecha de la Eliminatoria de la Eurocopa, se vieron goles sensacionales, uno de Cristiano Ronaldo notable por el control y el posterior cañonazo al ángulo. Es un gol fabuloso en 1940, en 1970 y en el 2200 también. Y no solo el del portugués, goles fantásticos ¡de Islandia…!, de Armenia, de Eslovaquia (Hamsik), de selecciones a las que uno imaginariamente no le adjudica la calidad técnica como para concretar maniobras tan lucidas.

Debatíamos con un colega chileno, adorador del ayer, y le preguntábamos: ¿Chile tuvo muchas selecciones mejores que ésta…? Porque la de Sampaoli tiene 12 o 13 jugadores excelentes, de alto nivel internacional, como Vidal, Valdivia, Vargas, Marcelo Díaz, Alexis Sánchez, Bravo, Medel, Pizarro, etcéteras varios. Después, si gana la Copa América o no son cinco centavos aparte. La respuesta no ofrece muchas dudas.

¿Vendrá algún venezolano a afirmar que hubo Venezuelas superiores a ésta…? Nos asalta un recuerdo: en 1975 Argentina le jugó a Venezuela con un equipo D (sí, D de dedo), una selección rosarina. Era por la Copa América. Le ganó 11 a 0. Terminó el partido y nos quedó una sensación espantosa. ¿Eso era lindo...? Era una vergüenza, una salvajada, un enfrentamiento desproporcionado, el antideporte. Ahora Venezuela acaba de hacer el partido perfecto ante Colombia, acaba de dar una clase magistral de aprovechamiento de los recursos, de cómo neutralizar a un rival teóricamente superior y ganarle optimizando sus propias virtudes, una clase de personalidad, rigor, marca, juego y concentración mental.

Y  Bolivia...? Hizo un partido más que digno ante un rival fuerte y peligroso como México, que no es ningún equipo B, sino una selección fuerte, plena de buenos jugadores y con un técnico astuto. Ésta es una versión totalmente nueva de Bolivia. Archivó la inocencia, el candor. No da ventajas, tiene alta prestación física, maneja bien la bola y además presiona, achica, marca, trata de no regalarse como lo hicieron otras versiones bolivianas durante décadas. No le sobra fútbol. A cambio, intenta ser eficiente y aprovechar todo lo que el rival le deja. Muestra concentración mental, un problema eterno en las selecciones denominadas chicas, que hacían buenos partidos y de pronto cometían un error o se descuidaban un instante y se les desmoronaba todo. Bolivia fue hermética, infranqueable frente a México y contundente ante Ecuador, algo que no le veíamos nunca. No la teníamos así.

Bolivia y Venezuela, además, plantaron la idea de que todos pueden ganar, con más o con menos riqueza individual. Y está bien, es justo, todos merecen esa posibilidad. Cualquier equipo se para bien y nadie resigna ganar. Hasta Jamaica tuvo en jaque al campeón vigente de la Copa, Uruguay.

Muchos buscan tirar abajo el fútbol actual e inventan cada día una frase vendedora; que correr saben todos, que los jugadores de antes entendían mejor el juego… Johan Cruyff, crítico recurrente del juego de hoy, dijo alguna vez: “Cualquiera puede jugar bien al fútbol si le das cinco metros de espacio”. Es justo lo que no sobra ahora: espacios. Pese a ello vemos grandes espectáculos.

Hay una interpretación errónea en esto del fútbol de ayer y de hoy: la de que los jugadores actuales son mejores que los del pasado. No. No hablamos de hombres, el hombre es una especie y será igual hasta el fin de los tiempos. Decimos que cambia el contexto, mejora en todo. Por eso se juega mejor. Los arqueros de hoy son cien veces superiores a los de antes. Por la evolución del puesto, no porque ellos sean mejores hombres ni más ágiles o inteligentes que los antiguos. No vimos a Sergio Livingstone, prócer del arco chileno, pero no tenemos la menor duda de que Claudio Bravo ataja cien veces más. No porque sea mejor que Livingstone (tal vez sí lo es), la época en que actúa lo hace mejor. Lo mismo sucede con Rómel Quiñónez y sus antecesores bolivianos. El puesto avanzó y hoy es más difícil marcarle goles a estos arqueros. Y eso que ésta no es una pelota tan predecible como la de antes…

Denostar el presente tiene buena prensa. Pero no nos adherimos; estamos viendo un fútbol atractivo. Cada cual que elija lo que le gusta, es libre. Nosotros nos quedamos con esto. Y si todo va bien, dentro de treinta años esto de hoy debería ser superado ampliamente por el fútbol del futuro. Es la lógica de la vida.

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