Internacional

El perfeccionismo del fútbol alemán

Ya en los 70 y 80 los alemanes contaban con figuras destacadas que le significaron lograr el título Mundial de 1974

Bayern de Múnich

Bayern de Múnich Foto: AFP

La Razón / Julio Peñaloza Bretel

00:00 / 13 de mayo de 2013

En el baúl de mis recuerdos futboleros más preciados figura el nombre del narrador colombiano Andrés Salcedo, quién en las décadas de los 70 y 80 se convirtió en el portavoz latinoamericano del fútbol alemán, relatando partidos de la Bundesliga y haciendo programas especiales para la Transtel de Colonia, ciudad desde la que cruzaban hacia nuestro sur esas milagrosas imágenes televisivas con las que este oriundo de Barranquilla ponía en juego un ingenio alejado de los moldes formales de las transmisiones deportivas.

Divertido, siempre de buen humor, con un estilo que lo convertía en algo así como un cuentacuentos en castellano del fútbol que se preciaba por considerarse el más perfecto del planeta, en tiempos en que ni sospechábamos que celulares e internet llegarían dos décadas más tarde a simplificarlo todo de manera pasmosa y en muchos sentidos antipoética, Salcedo, se caracterizó por bautizar con sobrenombres a las grandes figuras del fútbol alemán y europeo en general de entonces, de los cuales he podido rescatar el siguiente listado: Migajita Litbarski, El Poroto Hasler, El Policía Kunts, Manitú Kalts y Nafvaigt, El Espía que vino del Frío. Porompompero Voller, Caballo Konopka, Caperucita Roja Rummenigge, Lothar Mateus era Mateíto Mateus, El Tanque Rubesh, Olaf Tom El Niño de las Peinetas, el Granjero Otten, el Condorito Guets, Ojitos Aughentaler, el Carbonero Wohlfarth, Pata de Palo Holzenbein, el Leñador Briegel, El Pescado Hrubesht, Maravilla Allof, Súper Ratón Keagan, El  Perro Vogts, El Boricua Magath, Tomasito Hassler, El Carapálida Rahnl, Dinosaurio Russmann, El Caballo Konopka, El Tractor Strack, Café Tinto Harvick, Locomotora Bonhoff , Palito Bongarss, El Leñador Uli Hoenness,  La Pulga Simonsen, Juan Sin Miedo Junghans, El Pájaro Carpintero Woodcock, El Recluta Liennen, El Loco Maier, El Abuelo Stielike, y El Loquillo de Bramante le decía al portero francés Jean-Marie Pfaff.

De ese tiempo retengo con nitidez fotográfica lo que para los sudamericanos significó esa selección alemana de 1974 que obtuvo el título mundial con el Kaiser Franz Beckenbauer compartiendo la línea de fondo con Paul Breitner, un barbado futbolista militante del comunismo maoísta, de Franz Overath, mediocampista y de Gerd Müller, goleador de ese torneo en el que Holanda había sido mejor, pero que en la final tuvo que pagar cara su inexperiencia a la cabeza de ese portento llamado Johan Cruyff.

Del fútbol alemán, además, tenemos referencias cercanas pues el actual seleccionador de los Estados Unidos, Jurgen Klinsmann,  convirtió el gol con que los germanos triunfaron sobre Bolivia el 17 de junio de 1994 en el Soldier Field de Chicago en el partido inaugural de la Copa del Mundo, día en el que Mateíto Mateus provocó antideportivamente a Marco Antonio Etcheverry para que viera la tarjeta roja, a pocos minutos de haber ingresado al campo, luego de una larga y esforzada recuperación que le permitiera jugar en el torneo.

La Alemania futbolística de hoy se ha sofisticado como era previsible que sucediera con la nación líder de la Comunidad Europea, perfeccionando la Bundesliga de tal manera, que hoy puede ufanarse de contar con el torneo de clubes con mejor asistencia de espectadores promedio por partido de todas las ligas europeas y con los precios de las localidades más bajos del viejo mundo. A ese contexto favorable se suma, por supuesto, la introducción de la tecnología para el potenciamiento físico de sus jugadores que son evaluados y exigidos por máquinas para lograr resultados sorprendentes de resistencia y velocidad como se pudo observar en los cuatro partidos de semifinales por la Champions League en los que el Bayern de Múnich, el más campeón de los campeones teutones, y el Borussia Dortmund doblegaron sin discusiones al Barcelona y al Real Madrid.

España, Inglaterra e Italia son los países que dominan las preferencias de nuestro continente hacia el fútbol europeo y es que las maneras de acceder a la información y a los partidos transmitidos en directo se han multiplicado de tal manera, que es recién, gracias a la final alemana de Champions League que se jugará el sábado 25 de mayo en Wembley, que volvemos a fijar nuestra atención en aquél fútbol que hace como 30 años relatara para nosotros el periodista colombiano Andrés Salcedo.

Julio Peñaloza Bretel es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

Los mejores estadios del mundo

El Allianz Arena de Múnich y el Signal Iduna Park de Dortmund son los estadios en los que juegan habitualmente los finalistas de la Champions League que se enfrentarán el sábado 25 de mayo. Los especialistas dicen que los escenarios construidos para Sudáfrica 2010 son los más amplios y cómodos, pero el ambiente que se respira en los campos alemanes es el de un pueblo futbolero que sigue a sus equipos con inmensa pasión.

El Allianz Arena parece un globo iluminado por la textura del material del que está revestido, mientras que el Signal Iduna Park tiene un gran parecido con la Bombonera en su estructura (mucho más grande, capacidad para 80.000 espectadores) con la particularidad de contar con una celda en sus instalaciones para ahorrarle trabajo a la Policía cuando se trata de neutralizar a los hinchas propensos a la generación de disturbios.

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