Internacional

El primer triunfo es tener un gran DT

Evolución. El entrenador perfiló su gravitación, hasta convertirse en director técnico, luego en estratega y, en los últimos tiempos, en conductor de grupos.

El argentino José Néstor Pekerman dirigió al seleccionado colombiano en el Mundial de Brasil. Foto: AFP

El argentino José Néstor Pekerman dirigió al seleccionado colombiano en el Mundial de Brasil. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

00:00 / 04 de agosto de 2014

Sin buenos jugadores, no hay táctica que valga. Carlos Ancelotti lo sabe como nadie. La mejor prueba es su Real Madrid: es el flamante campeón de Europa, tiene el plantel más cotizado del mundo, pero sale al mercado y arrasa: se lleva a James Rodríguez, a Kroos, a Keylor Navas... Y, si pudiera, el italiano pediría tres o cuatro más; y que le dejen a Di María. Se lo impide el “Fair Play Financiero”, la nueva norma impuesta por la UEFA el año anterior, que obliga a equilibrar los gastos entre ventas y compras, so pena de graves sanciones deportivas. Seguramente Carletto se considera a sí mismo un entrenador competente, pero quiere más garantías en el campo.

Está claro, entonces: esto no es ajedrez; nadie puede jugar con fichas ni con muñequitos de metegol y ser campeón del mundo. También está comprobado, ahora más que nunca, que sin un buen técnico no hay proceso que prospere, aún con un plantel brillante. Cantidades de clubes y selecciones fracasaron teniendo buenos futbolistas, aunque no un conductor capaz de guiarlos al éxito.

En el Mundial de 1930 ni se sabía quiénes eran los entrenadores de las selecciones; entonces no revestían ninguna importancia. Los equipos eran armados por los delegados al torneo, o bien estos designaban al capitán y este formaba el cuadro; de táctica ni se hablaba, apenas algunos lineamientos generales como “hay que atacarlos”, o bien “salgamos a esperar a ver cómo se desarrolla el partido”. El llamado “entrenador” era una especie de hermano mayor que daba unas afectuosas palmadas antes de entrar al campo y profería alguna frase animosa como “vamos que hoy ganamos”. Nos lo contó Francisco Varallo, delantero argentino en aquella primera Copa Jules Rimet: “Figuraba como técnico Francisco Olázar, pero él no se metía para nada, ahí los que mandaban eran Monti, Paternoster, Nolo Ferreyra... Eran los mayores y daban las indicaciones, jugá por derecha, hacé esto o aquello...”

Recién muchos años después el entrenador fue perfilando su gravitación, hasta convertirse en director técnico, luego en estratega y, en los últimos tiempos, en conductor de grupos, esto último tan esencial en este tiempo que nadie se arriesga con un profesional que tenga “problemas de vestuario”. El reciente Mundial dio un espaldarazo extraordinario a la reputación de Jorge Luis Pinto. Sus acciones treparon hasta la estratosfera; sin embargo, las posteriores revelaciones de jugadores, asistentes y auxiliares de Costa Rica desplomaron su cotización. Antes de contratar a un gerente que tiene problemas de relación con sus empleados, los dirigentes lo pensarán muy detenidamente.

Con los Mundiales concluyen los ciclos conductivos en los equipos nacionales. A posteriori nace otro. El primer paso para motorizar la ilusión es contar con un entrenador de prestigio, trabajador, exitoso y con liderazgo positivo. Ya no existe duda posible sobre la importancia capital del DT. Nadie quiere equivocarse porque después todo el proceso queda en sus manos. Él deberá encontrar los jugadores más capaces, la mejor táctica y llevar las riendas con armonía y firmeza.

La Copa América de Chile, el año próximo, es el primer examen importante. Y el único técnico confirmado y con aprobación popular es el local, Jorge Sampaoli. En Argentina, aún nada se sabe de la renuncia de Sabella (no llegó a presentarla y, luego, el fallecimiento de Julio Grondona paralizó todo), si dirigirá el amistoso del 3 de septiembre frente a Alemania o quién manejará el equipo. Una encuesta de La Nación reveló que el 45% de los hinchas prefiere como sucesor a José Pekerman (su contrato con Colombia venció y está en Buenos Aires descansando). Segundo está Gerardo Martino con el 21%. Quien designaba al DT albiceleste era Grondona, y al parecer ya había elegido a Martino. Ahora hay un nuevo escenario: el presidente interino de la AFA es Luis Segura, también titular de Argentinos Juniors, el club de Pekerman. Y son amigos. ¿Será un factor gravitante para convencerlo...?

Mientras, Colombia espera ansiosa a Pekerman para renovarle y que continúe la senda de triunfos. Xabier Azkargorta, a cargo del Bolívar, retomará el timón de la selección boliviana solo para los próximos amistosos. Tras las elecciones de septiembre en la Federación, se verá si sigue; se intuye que no. El resistidísimo Dunga volvió a la selección brasileña, con lo cual no parece que cambie mucho el fútbol rocoso que ha practicado la verdeamarilla en los últimos tiempos. Ecuador designó hasta enero próximo al nacional Sixto Vizuete y sueña con contratar a Edgardo Bauza, finalista de la Copa con San Lorenzo. Para Bauza (con esposa e hija ecuatorianas) es un anhelo personal dirigir a la tricolor, aunque acaba de confesar que recibió “una oferta de la selección argentina”.

Paraguay, al que algunos rumores vinculan también en negociaciones con Ricardo Lavolpe, sigue soñando con Gerardo Martino. Si éste no arregla finalmente con Argentina, quedará libre para volver a la albirroja.

Perú ya tiene al novel Pablo Bengoechea —uruguayo—, quien transita digamos un periodo de prueba hasta fin de año. El vicepresidente de la Federación admitió que les seducía la posibilidad de llevar a Jorge Luis Pinto, lo cual cayó mal pues hay un técnico en funciones, designado hace pocos meses. En Uruguay, Óscar Tabárez desea continuar otros cuatro años, y hay voluntad de renovarle, pero antes debe haber elecciones en la asociación, que serán en diez días. Y, como Argentina, la celeste tiene amistosos que cumplir. Por último, Venezuela contrató a Noel Sanvicente, el orientador más ganador del fútbol vinotinto. El presidente de la FVF, Rafael Esquivel, exploró antes la posibilidad de un extranjero de cartel, pero las cifras lo hicieron disuadir: “No hay un técnico de cierto nombre que baje del millón y medio de dólares anuales, y eso nosotros no lo podemos pagar”. Y llegó Sanvicente, muy querido por la afición venezolana.

La elección del técnico es el primer partido del nuevo ciclo: el que tenga mejor ojo empezará ganando.

Jorge Barraza es periodista argentino

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