Internacional

Las viejas mañas sudacas

Los futbolistas sudamericanos de esta Copa están bastante cansados

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

03:10 / 25 de junio de 2015

No quiero saber los nombres de los árbitros, ni sus nacionalidades, porque huelen a personajes de los viejos y malos cuentos del fútbol sudamericano hace por lo menos dos décadas superados que ayer Chile y Uruguay revivieron para generar varios deja vús para distintos gustos, para que quienes esperaban fútbol, recibieran, en cambio, un festival de triquiñuelas, fricciones en demasía, agresiones disimuladas, en la primera etapa sobre todo a cargo de Chile, y en la segunda con las viejas marcas de la garra charrúa que terminaron con las expulsiones de Cavani y Fucile.

Esta Chile 2015 va a terminar siendo una edición de Copa sin arcos, con demasiada disputa en la mitad del campo, con gran condición física para la  lucha, pero con una irritante ausencia de fuego y explosión, con una selección anfitriona que ayer exhalaba tufo a localía de otros tiempos en que los administradores de justicia actuaban presionados desde las gradas y desde la burocracia organizativa, y fueron implacables con los celestes y bastante condescendientes con la pretenciosa Roja que quiere emular al Barcelona, pero que definitivamente carece de argumentos sorpresa, aferrada a mucho juego en corto, pero tremendamente monocorde en el momento de incursionar en el área adversaria. Es obvio, Alexis no es Messi, Vargas no es Neymar, y Jorge Valdivia, el único inspirado en el equipo ganador, no es Luis Suárez.

Uruguay, sobre la base del orden, tuvo cinco minutos iniciales para la esperanza, pero en la disputa en el círculo central, Chile terminó apropiándose del manejo del balón y comenzó a arremeter con intentos previsibles, pero sostenidos, que fueron, uno a uno, bien conjurados hasta la casi expiración del juego, cuando un balón aéreo fue despejado con los puños hacia el centro del área por Muslera que Isla recibió justo para su perfil derecho con el que Chile consiguió el tanto que lo catapulta hacia semifinales contra quien se imponga hoy entre Bolivia y Perú.

Ayer en Santiago, con las alarmas de saturación medioambiental, baja temperatura y la popularidad de Michelle Bachelet por los suelos, el fútbol se puso a tono con las fatigas y las incomodidades invernales, denunciando extenuación y necesidad de un alto en el camino. Como si las desgracias llegaran por ondas energéticas confluyentes, Edinson Cavani completó la mala hora de su familia siendo expulsado por doble amarilla, veinticuatro horas después que se supiera que su padre, en Montevideo, había sido responsable de una embestida automovilística que ocasionó una muerte y su inmediata reclusión carcelaria.

Con lo sucedido ayer en el estadio Nacional, ese tenebroso escenario de la desaparición y la tortura de los años 70, la era de Washington Tabárez parece haber llegado a su fin y de lo que se tratará ahora, en una realidad futbolística pródiga en renovación continua, es buscar quiénes podrían tomar la posta de los Godín, Arévalo Ríos, Cebolla Rodríguez, con la esperanza de que todavía el propio Cavani y Luis Suárez puedan aspirar a llegar a la siguiente eliminatoria y fieles a su combatividad de última hora, acceder a Rusia 2018.

Por los antecedentes registrados en la fase de grupos, Chile debería llegar a la final, sostenido por la ventaja emocional de jugar en casa, habiéndole ganado por goleada a uno de sus posibles rivales y pensando en que si es Perú el que le toca, Ricardo Gareca planteará las cosas de manera muy parecida a la de Uruguay, con los matices vinculados a una mayor potencia en los hombres de adelante cuando se trate de hacer del contraataque el arma a utilizar para romper el equilibrio de una selección que como bien ha dicho el padre de Diego Forlán, otrora ídolo de la Celeste, “Chile es un equipo de sábana corta que por cubrirse los pies desprotege muy a menudo la cabeza”, rasgo muy evidente en el 3-3 contra México.

Alexis Sánchez no ha llegado a hacer estallar su velocidad desequilibrante. Lo suyo, han sido destellos, relampagueos, luego de arribar a su país, previsiblemente cansado del ritmo competitivo de la Premier inglesa. Él, como sus compañeros, están haciendo un esfuerzo encomiable por alargar el ciclo natural de una temporada con la idea de que Chile debe conquistar, de una vez por todas, la Copa América. Tiene con qué, si se considera que las otras selecciones llamadas al protagonismo de instancias finales, acusan los mismos síntomas de extenuación, especialmente Argentina, que por hoy es un equipo de máximo 60 minutos, que hacia la última media hora tiene dificultades para sostener una misma intensidad y dinámica en el trámite de cada partido.

Los futbolistas sudamericanos de esta Copa América están notablemente cansados, el fútbol sudamericano reclama una refundación administrativa y gerencial, justamente para empezar a taparles la boca a quienes vivieron a su costilla durante casi tres décadas y ahora se rasgan las vestiduras cual si fueran carmelitas descalzas.

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