Marcas

Una maquinaria abrumadora

La Razón (Edición impresa) / Julio Peñaloza Bretel

00:00 / 26 de mayo de 2013

Desde Francia 1998, momento en el cual comenzamos a dedicarnos a seguir puntillosamente las copas del mundo, fuimos testigos de una afirmación irrebatible: Los alemanes ganan por cansancio, porque sus adversarios terminan rendidos ante su maquinaria persistente. Digamos que esa afirmación encuentra atractivo cuando se trata de la participación de su selección nacional, pero la cosa se torna paradójicamente menos atractiva si sucede como ayer que dos equipos de la Bundesliga deben disputar una final de Champions.

Han sido tan infernalmente competitivos el Bayern y el Borussia Dortmund que la diferencia se encuentra perfectamente explicada con el gol del triunfo que les franquea el título a los de Munich, pues entre uno y otro no hay otro parámetro de comparación que el resultado final. Los dos equipos fueron los mejores del torneo, los dos llegaron a la instancia final con sobrados méritos, poniendo en la vitrina mundial  un fútbol caracterizado por una organización perfecta rayana en la obsesión por buscar el resultado a partir de una disciplina de trabajo de gimnasio que borró del firmamento la supuesta ventaja comparativa con la que saltan al campo equipos que cuentan en sus filas a  genios como Messi o a personajes como Cristiano Ronaldo.

Alemania ratifica  su constancia, su incomparable fortaleza mental para jugar al fútbol, y amenaza con viajar favorita a Brasil 2014. Los que hemos tenido el privilegio de conocer sus campos de juego y sus ciudades perfectas debemos rendirnos ante la evidencia de que no es casual que desde sus entrañas hayan salido Ludving Van Beethoven, Karl Marx, Albert Einstein y en el fútbol, Franz Beckenbauer. Como buen latino que soy prefiero la fantasía, la imperfección y los altibajos, pero no se puede dejar de reconocer ese esfuerzo al límite de sacar una pelota prácticamente en la línea o de convertir como Robben cuando el partido moría en el empate con un coraje y una fe ciega que es de envidiar.

El Bayern se lo merecía, precisamente por persistencia. Consiguió lo que el Chelsea le negó hace un año. Los alemanes vuelven a estar orgullosos de su devoción por el juego.

(*) El autor es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

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