Marcas

Sin margen para las excusas

Si hay una selección en que la estrella es el director técnico, ésa es la nuestra

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

02:02 / 12 de octubre de 2012

Hoy se pondrá a prueba cuán buena es la sintonía conseguida por Azkargorta y la selección boliviana, y cuánto realmente ha podido conseguir con el trabajo realizado para intentar imponer superioridad frente a un equipo peruano que aplicará un plan de hierro para ganar el partido. Las urgencias de los dos equipos hacen que el lance de esta tarde se torne más atractivo, pues para cualquiera de los dos ceder puntos prácticamente pospone ya de manera irreversible sus escasas posibilidades de intentar acceder a Brasil 2014.

Las aproximadamente treinta mil entradas vendidas hasta ayer para el juego entre Bolivia y Perú significan la renovación de la confianza que los futboleros bolivianos le están entregando a Xabier Azkargorta, al que en gran medida se debe la expectativa y el optimismo de la hinchada de la verde, pues si hay una selección en que la estrella es el director técnico, ésa es la nuestra.

La retórica de Xabier es envolvente, motivante, cargada de un notable convencimiento en lo que hace. Si como bien dijo Carlos Bianchi cuando dirigió al Boca Juniors más ganador de toda su historia, el fútbol sin actitud no es posible, si algo hace con tremenda convicción el vasco es hablar mucho y preciso a sus jugadores, y por otra parte lanzar señales hacia el público que desatan expectativa, como dueño de la palabra que es.

Esta tarde habrá mucha gente en el Hernando Siles, y aunque algún periodista cruceño poco riguroso en la revisión de los antecedentes de jugadores bolivianos militando en equipos de fuera de nuestro país le atribuye a Marcelo Martins un protagonismo que no admite parangón —cosa estruendosamente falsa si consideramos carreras como las de Milton Melgar y Erwin Sánchez—, no deja de ser cierto que se ha montado una predisposición a que el ariete del Gremio pueda ser tan efectivo como lo es en el torneo brasileño frente a un adversario que llegará a aplicar un rigurosísimo guión táctico con una escuadra en que figuran luchadores del fútbol doméstico peruano y no esos grandes valores que pusieron en aprietos a Argentina en Lima hace unas semanas.

Bolivia tiene muy escasas posibilidades de conseguir pasaje para Brasil 2014, pero los empeños del técnico y sus colaboradores pasan principalmente por armar una base de equipo que pueda trascender ese objetivo inmediato, con el antecedente de que sus antecesores fracasaron por déficit de método en cierta medida, pero especialmente por falta del material humano suficiente que pueda competir frente al resto de las escuadras sudamericanas que en términos comparativos, individuales y colectivos, nos saca evidente ventaja, si tan sólo reparamos en qué equipos actúan sus piezas clave en las muy fuertes ligas europeas. Para decirlo sin vueltas, Bolivia es futbolísticamente menos que el resto, pero durante los 90 minutos de un partido, dependiendo de cómo vayan evolucionando las acciones, es siempre posible reducir las asimetrías y conseguir objetivos que no están en los antecedentes o en los papeles.

Pero si la fortaleza de Azkargorta pasa por el don de la palabra, por el imán de su fuerte personalidad, ésta puede convertirse en una debilidad que lo podría tornar muy vulnerable si contradice ese postulado que suele repetir frecuentemente: “No excusas”. Pues bien, lo sucedido en el partido contra Ecuador con ese penal que le dio la victoria al dueño de casa, para algunos pudo haber sonado a argumento convincente, pero para otros, en pretexto perfecto para camuflar debilidades y un desempeño limitado en el que la apuesta de jugar al cero era tan arriesgada que con un error arbitral se perdía como finalmente sucedió.

El penal mal cobrado fue entonces la explicación encubridora de todos los defectos del cuadro verde, y el análisis sobre un equipo con falta de ambición, sin ninguna gravitación ofensiva, que en momento alguno inquietó el arco ecuatoriano, fue mirado de refilón, considerándose, además, que el seleccionado dirigido por el colombiano Rueda estuvo muy por debajo de su rendimiento habitual, seguramente incómodo ante un adversario que sólo atinaba a defenderse.

Está por saberse cuán ambicioso, arriesgado y agresivo será el planteamiento boliviano esta tarde, o si por el contrario, estructurará su accionar a partir de la dosificación de energías donde el orden no le dé margen al vértigo con el que nuestro equipo suele arrancar, sabedor de los 3.600 metros sobre el nivel del mar que en estos tiempos son más un símbolo y un dispositivo psicológico para intentar disminuir al adversario de turno, que un elemento de ventaja real, resultante de una calidad futbolística que hace muchísimo tiempo no vemos en la verde. Vislumbro un partido muy duro en el que los peruanos apelarán a la treta de la falta táctica para neutralizar la fluidez ofensiva boliviana que ellos esperan y al contraataque para intentar anotar.

El estilo de Markarián pasa por mezclar las armas nobles del fútbol con un catálogo de argucias que ya le dieron resultados cuando estuvo dirigiendo a Paraguay hace 11 años con Chilavert al frente. Abrir el marcador lo más temprano posible sería ideal para obligar al equipo de la banda roja a variar sus planes y sentirse obligado a salir de la cueva para pelear la posesión y no apostar a la obstrucción y a la reacción, y con ese cuadro de situación la decisión de pasarse por encima al visitante, será fundamental en lo que hagan Jhasmani y compañía, que hoy tienen una prueba decisiva para insinuar cuánto más puede crecer una selección nacional urgida de un estallido de celebración.

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