Miscelánea

La Razón (Edición impresa) / Lorenzo Carri

01:16 / 29 de octubre de 2012

Hace algunos días, en el partido Universitario-Oriente Petrolero, ocurrieron dos cosas para comentar: el esfuerzo del juez Ever Cuéllar por apegarse a las reglas de juego, y la actitud de la delegación de Oriente que estuvo a unos pasos de retirarse del campo.

El justo proceder del árbitro (porque hubo adelantamiento del arquero e invasión del área por parte de jugadores de los dos equipos, ANTES de que se efectuara el remate, y no solamente en los dos primeros penales sino también en el tercero que fue dado por bueno) chocó contra “la costumbre” y contra la indiferencia de la FIFA que, en esos casos, pone en un brete al juez: si aprueba un penal con defecto, lo critican; si ordena la repetición (y nada menos que dos veces), se transforma en un bicho raro porque “eso no pasa nunca”.

Y ya se sabe que si ordenase nuevas repeticiones, también se repetirían los adelantamientos y las invasiones y el árbitro pagaría los platos rotos.

Pero vamos al otro tema. El arrepentimiento de Oriente Petrolero no exime a sus dirigentes y a su entrenador de una culpa que pudo ser muy grave para la entidad cruceña.

Esa calentura injustificada ya que el juez había procedido correctamente (se escuchó un grito “¿No ven lo que nos están haciendo?”) debió ser motivo de un análisis serio en la institución y en el equipo albiverde, pero parece que se estancó en la anécdota. Así estamos. Así continuaremos.

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