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La Razón

01:04 / 24 de septiembre de 2012

El fútbol es el deporte más popular del mundo y en Bolivia no es la excepción. En muchos lugares es más que un juego, es parte de la vida, y cada vez son más los niños que se apuntan en las escuelas de fútbol, ilusionados con convertirse algún día en jugador estrella, como sus ídolos.

En la etapa de crecimiento, los niños desarrollan condiciones ideales para diversas facetas, están preparados para dar sus primeros pasos, se adaptan mejor y si tienen en dónde llevar a cabo una adecuada preparación, este deporte les puede aportar grandes beneficios en un futuro.

Además de todo el aporte en el rubro físico para su crecimiento, el fútbol es capaz de sociabilizar a los niños, y de enseñarles el gratificante trabajo en equipo. Asimismo, puede ser una buena herramienta para alejar a los más jóvenes de las tentaciones de las drogas, la violencia,  el alcohol y tantos otros males.

Por eso es gratificante que en un país como el nuestro aparezcan proyectos como las Escuelas Socio-deportivas de Fútbol de la Fundación Real Madrid, que no es otra cosa que un gran emprendimiento de las fundaciones Gol y Alalay, decididas no sólo a buscar destreza con el balón, también y mucho más importante que lo primero, a enseñar un tipo de vida y formar ciudadanos de bien antes que futbolistas de primera.

Este proyecto se hace realidad en un momento en que en Bolivia son cada vez más las voces que reclaman apoyo a las bases, a las divisiones inferiores; y son menos las instituciones que se animan a dárselos.

En esta edición hay un lamentable y a la vez claro ejemplo de ese descuido: la virtual desaparición de la escuela Enrique Happ, que durante años aportó grandes futbolistas, pero que a partir de la desaparición de su creador —un ciudadano alemán querendón de la tierra valluna y boliviana— se fue desintegrando.

La Tahuichi Aguilera de Santa Cruz subsiste, pero ya no con la fuerza de antes —de la época en que surgían verdaderas estrellas y también grandes personas—, y así en vez de progresar como ocurre en otros países, no sólo se ha producido en el nuestro un estancamiento, sino un retroceso.

Los clubes, que gastan y gastan dinero en sus primeros planteles, no tienen la visión de invertir en verdaderos proyectos y por eso el futuro no es alentador.

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