Miscelánea

La Razón (Edición impresa) / Lorenzo Carri

11:52 / 08 de octubre de 2012

Confieso que después de ver partidos de alto nivel en Europa, tengo una sensación de disgusto, de insatisfacción. Me siento mal, en pocas palabras, y es probable que a muchos de ustedes les ocurra lo mismo.

Hay una jugada dudosa o conflictiva —un penal, por ejemplo— y la discusión dura unos segundos, casi para salvar las apariencias. No es un lío de tres o cuatro minutos como sucede por estos lados.

Un jugador sufre la tarjeta roja y se va. Habrá un reclamo, sí, pero no pasa a mayores.

Ocurre que un asistente se equivoca y concede el saque de costado al otro equipo. No hay gesticulaciones ni reclamaciones, ni postergación del saque durante dos minutos.

Aparentemente, hay una falta penal, y ocurre que el jugador supuestamente perjudicado se queja, y también algunos compañeros, pero nada pasa a mayores. Casi nunca o nunca vemos las reacciones atrabiliarias de nuestro fútbol doméstico, y los reclamos —nunca educados— de los cuerpos técnicos.

Hay menos teatro. Menos lesiones simuladas. Menos tretas.

Eso que uno desearía para nuestros torneos y que no se consigue. Y conste que no pedimos lo imposible: no pretendemos que un jugador meta un gol con la mano y le diga al juez —como recientemente ocurrió en el Viejo Mundo— que su jugada estuvo viciada de nulidad.

No. Eso sería pedir demasiado. Tan ingenuos, tan estúpidos no somos por estos lados, donde hasta metemos al Ser Supremo en una acción de ese tipo…

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