Miscelánea

¿Quién le tiende la cama al técnico de Bolívar?

Crisis. Miguel Ángel Portugal tiene argumentos incontrastables, pero su imprudente sinceridad podría costarle el cargo.

El técnico Portugal conversa con Carlos Lampe. Fue en una práctica anterior.

El técnico Portugal conversa con Carlos Lampe. Fue en una práctica anterior. Foto: Archivo Miguel Carrasco

La Razón / Julio Peñaloza / La Paz

00:10 / 20 de agosto de 2012

Jhasmany Campos ha reconocido que Miguel Ángel Portugal tiene razón, pero al mismo tiempo ha objetado que se deba ventilar la crisis celeste a los cuatro vientos a través de los medios. El técnico ha afirmado en la última semana que solamente Wálter Flores tiene jerarquía y que a Lorgio Álvarez lo acreditan sus “galones de veterano.” Por ninguneo, consecuentemente, el resto no se encontraría en dicho sitial y el resultado de la ecuación sería que Bolívar, en términos generales, es un equipo sin la categoría profesional necesaria para jugar en una Primera División.

Portugal tiene argumentos incontrastables, y sus dichos pueden fácilmente extenderse a todos los equipos de una liga que, siempre lo digo, de profesional tiene casi nada, pero su imprudente sinceridad podría costarle más temprano que tarde el cargo si nos atenemos a que sus declaraciones han generado malestar en el grupo que dirige y contribuirían a darle la razón a un sector de la dirigencia académica que tenía como candidato al cargo a Xabier Azkargorta. Durante la gestión de Ángel Guillermo Hoyos, Bolívar parecía una taza de leche porque se respetaba esa confidencialidad de vestuario que instruye silencio hacia afuera cuando se trata de administrar con tino y discreción situaciones ríspidas en las que se manifiestan las discrepancias con puñeteaduras en algunos momentos incluso, y de esa manera generar equilibrios y contrapesos en un complejo y siempre heterogéneo grupo humano en el que no faltan los divos, los intocables, los susceptibles, y también los estrechos de entendederas. Debe ser difícil para Portugal haberse topado —sin que nadie se lo previniera como  correspondía— con el supuesto mejor equipo de Bolivia, en el que el promedio de formación integral de cada uno de sus componentes alcanza, en los mejores casos, para ponerlo en términos de medición escolar, 3,6 sobre 7.

Así que desde esta penosa y por ahora inmodificable perspectiva, al español traído por Marcelo Claure, le asiste la verdad, eso sí, manifestándola en escenarios que lo ponen en problemas: en las conferencias de prensa, en las declaraciones frente a micrófonos, flashes y cámaras. El error de Portugal en este específico tema, por lo tanto, no es de fondo, sino de formas tal como lo manifestáramos el  23 de julio cuando titulamos en esta misma columna ”Portugal, el vigilante” a propósito del anuncio de   la imposición de multas a sus propios jugadores en caso de que estos violaran en los partidos el fair play. Lección: Si uno llega a comprobar que los futbolistas que dirige son casi elementales hay que conversarlo con ellos para tratar de superarlo y actuar como Bielsa que no concede en- trevistas y sólo declara en conferencias de prensa oficiales para evitar manoseos y polémicas que amenazan siempre con enrarecer en lugar de esclarecer.

El trasfondo de este panorama evidencia que Bolívar tiene la columna vertebral partida, con una mitad en Miami y el Twitter y la otra en Tembladerani y Cota Cota, zona en la que el club ha inaugurado sus oficinas debido a que la sede de Obrajes está próxima a convertirse en un rascacielos de propiedades hori- zontales, y con ese modelo ya está más que demostrado que no se puede manejar eficientemente un club de fútbol, es decir, con la chequera a distancia por una parte y la operatividad cotidiana por la otra, que por estos momentos pone en evidencia una indisimulable falta de apoyo al director técnico que hasta el cierre de este artículo, no generó ninguna declaración de respaldo para ponerle paños fríos a un club en el que es más que evidente el choque cultural entre director y dirigidos.

Dejémonos de rodeos, esos que caracterizan a gran parte de esos patéticos comentadores radiofónicos y televisivos, Bolívar o BAISA, o como se llame, es propiedad de Marcelo Claure. La primera y la última palabra de lo que se haga o deje de hacer con el primer equipo pasa por su voluntad, sus decisiones, todo ello a partir de su solven-cia millonaria. Lo que hay en La Paz es una administración burocrática del día a día, en la que es escandalosamente evidente que el técnico Portugal no tiene ni la cuarta parte del respaldo con el que contaba su antecesor, y así, con ese clima y esa tónica, Bolívar está lejos de volver a ser el gran equipo de otros tiempos y honrar su identidad como el mejor de nuestro país.

‘Mirame no me toques’

El dicho popular encaja perfectamente en una mayoría de los futbolistas bolivianos que juegan en equipos de la Liga. Hay que recordar por qué, nada menos que Vladimir Soria (foto), ahora ayudante de campo de la selección boliviana, del propio Bolívar actual y técnico del subcampeón de la Copa Sudamericana (2004),  no jugó las eliminatorias mundialistas de 1993: Chocaba permanentemente porque Antonio López hablaba “muy fuerte” y usaba muchos carajazos cuando los jugadores no respondían en las prácticas. La diferencia con la crisis bolivarista actual es que un tema de estas características se manejó con bajo perfil para evitar los escandaletes mediáticos previsibles.

Las camarillas son parte del mundo futbolístico y si hubo una perniciosa fue la de The Strongest liderizada por Sandro Coelho durante varias temporadas donde los técnicos contratados o se sujetaban a sus códigos o más temprano que tarde debían marcharse del club. Fue una época de indisimulable mediocridad y mala leche en el equipo atigrado.

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