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La Copa, a través de los ojos de la prensa

Los monumentales estadios, el público multitudinario y el fútbol atractivo fueron suavizando la negativa visión inicial sobre la Copa. Pero el periodista, encargado de transmitir el evento al público, la ha sufrido como nunca.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

07:58 / 22 de junio de 2016

Sobre un predio de 121 hectáreas y un estacionamiento para 26.000 vehículos se erige, en Houston, el colosal NRG Stadium, una fabulosa mole para 72.220 espectadores sentados que hospedó por primera vez una gran competencia de fútbol: esta Copa América. Decirle moderno es casi insultarlo a este recinto con techo retráctil y refrigeración central. Su construcción, en 2002, demandó $us 352 millones, lo que nos dice algo acerca de su grandiosidad. Allí se disputaba el primer cupo a la final entre Estados Unidos y Argentina. Los otros 9 coliseos que presentó la Copa Centenario también son gigantescos, preciosos e impactantes.

Dicho por todos los latinos llegados a presenciar la Copa, los estadios son, aparte del juego, el atractivo mayor de este certamen que ha logrado incluso mayor atracción que la Eurocopa. Al menos para el continente americano. No hay duda de que los estadios espectaculares generan una atmósfera de supertorneo. Y los escenarios estadounidenses, que ya están así para los deportes locales (no hubo ni que pintarlos) han contribuido en mucho a esa imagen.

Consultamos a varios colegas sudamericanos enviados a Estados Unidos sobre lo que más les agradó de la Copa y ocho respondieron “los estadios”. Y todos los despachos de prensa resaltan ese aspecto. Esto significa que si la Conmebol, aunque fuera por una vez, pensara en el mejoramiento del fútbol y de sus torneos, pondría énfasis en ese aspecto. Desde luego, nadie pide que para las próximas ediciones se exija al país anfitrión construir estadios de $us 352 millones. Sí valorarlo como un tema central.

Fuera de lo futbolístico, hay tres enseñanzas que deja esta Copa como imagen de un torneo exitoso para el futuro: 1) Excelentes estadios. 2) Mucho público. 3) Jugar con 16 equipos.

Hay que capitalizar la experiencia y repetir lo bueno. Pero ¿qué dicen los cronistas que cubren la Copa Centenario acerca de lo que han vivido en la patria de Washington…?

“Lo mejor: los estadios y la infraestructura en general, que muestran lo poderoso que es Estados Unidos en todo”, sintetiza Jorge Asturizaga, compañero de La Razón. César Augusto Londoño, estelar de la Tv colombiana, concuerda: “Los estadios son fantásticos, su comodidad para desarrollar el trabajo y disfrutar los partidos. Lo malo son las distancias para cubrir los juegos, la falta de información oficial, todo se reduce a las conferencias de prensa de los equipos. No hay novedades del torneo. Las salas de prensa, que siempre fueron lugar de reunión y noticias, desaparecieron. Es difícil saber a través de la organización los sitios de entrenamiento e itinerarios de los equipos. Es interesante hacer la Copa en Estados Unidos cada tanto tiempo, pero no me gustaría una Copa América fija en EEUU. Creo que sería mejor, si hay una próxima ocasión, concentrarla en uno o dos Estados”.

Muchos se quejaron de las tremendas distancias a recorrer para un partido y otro. Y para peor se fijaron 10 sedes. Juan Pablo Varsky, comentarista argentino, contó el día del juego Argentina-Venezuela: “Salimos de Seattle a las 07.30  y llegamos a Boston a las 16.30”. Duro, porque no se trata solo de viajar sino de ir a los estadios, ver los partidos, hacer los programas previos y posteriores, movilizarse en la ciudad, llegar con mucha antelación a los estadios… Y comer, dormir… Lo peor es que en el canal o en la redacción piensan: “¿Qué bien la están pasando allá…?”. Por eso se volvió un torneo televisado, incluso para los periodistas que viajaron a EEUU.

Edgardo Broner, periodista argentino-venezolano, se quejó, como todos, de las enormes distancias que complicaron o casi anularon la movilidad.

Pero destacó “la fiesta que fue para cada comunidad latina reencontrarse con su selección y el entusiasmo de la gente de Estados Unidos que sí es futbolera y que ahora sigue a Messi, a James… Me llamó la atención ver a miles de personas con la camiseta de Messi, y al menos la mitad no son argentinos”. Efectivamente, Messi es sensación en Estados Unidos. Diego Valeri, exjugador de Lanús que ahora milita en los Portland Timbers de la MLS, dice que la euforia por Lionel es insólita: “Todos los chicos a los que les gusta el deporte visten la camiseta de Lio, sea del Barcelona o de Argentina”.

Sobre lo que significa para las colectividades haber llevado la Copa a EEUU se refirió también Daniel Chapela, venezolano, comentarista radial de Fútbol de Primera, del país del norte: “Es notable cómo el inmigrante, vinculado a los países participantes, vive un torneo como éste. Hay mucho de sentimiento de pertenencia, del contacto con la tierra dejada, que se exacerban en este tipo de eventos. Lo más llamativo que viví pasó en el Brasil-Haití en Orlando. La mayoría de la hinchada era brasileña, pero acudió un buen número de espectadores de origen haitiano. Cuando Haití hizo su gol (ya perdía por una goleada abultada) éstos celebraban como si se hubiesen consagrado campeones del mundo. Y los jugadores también. Nunca vi algo parecido”.

Muchos colegas destacaron el nulo clima de Copa advertido en el público y la prensa estadounidense. Desde Houston, previo a la semifinal EEUU-Argentina, Diego Morini, de La Nación de Buenos Aires, describió: “En las calles no hay el menor rastro de que aquí se dispute el centenario de la Copa madre de selecciones. Y eso que aquí jugará el equipo de Klinsmann. Y que 10 de los jugadores norteamericanos actúan en la MLS”.

Las grandes complicaciones que acarreó a la prensa sudamericana fue uno los puntos más repetidos. “Fui a ver el partido inaugural (en Santa Clara) al centro de prensa de Orlando y no había ningún televisor, insólito. Tuve que pagar una transmisión por internet para poder verlo”, dice el radialista boliviano Roberto Acosta Echavarría. También se quejó de los onerosos costos de transmisión: “Se pagaron $us 10.000 para pasar los partidos por radio a Bolivia. Pero para poder relatar en vivo desde los estadios hay una suma extra de $us 1.700 a 5.000 por persona y por partido. Es decir, un relator con conexión a internet, cable, teléfono y un espacio en cada estadio sale alrededor de $us 2.000. Si además viene con su comentarista son 2.000 más... Así es imposible para la gran mayoría de medios de Sudamérica”.

Los monumentales estadios, el público multitudinario y el fútbol atractivo fueron suavizando la negativa visión inicial sobre la Copa. Pero el periodista, encargado de transmitir el evento al público, la ha sufrido como nunca.

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