Polideportivo

Fórmula E, el Mundial de los coches eléctricos

Fue el inicio de esta nueva categoría que trata de cuidar el medio ambiente. El ganador fue un brasileño

El comienzo de la carrera. Los coches de la Fórmula E inician una nueva aventura del automovilismo mundial.

El comienzo de la carrera. Los coches de la Fórmula E inician una nueva aventura del automovilismo mundial. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Pekín

00:00 / 15 de septiembre de 2014

No son los motores que hacen vibrar todo a su paso, pero también rugen. El futurista sonido de los bólidos de carreras eléctricas marcó el sábado el estreno de la Fórmula E en Pekín, donde el público disfrutó de una competición con diversos incidentes técnicos y con una sorprendente lucha final que acabó en drama.

Esta nueva competición, creada por la Federación Internacional del Automóvil (FIA), fue hecha pensando en el medio ambiente, pues los monoplazas son eléctricos que aceleran de cero a 100 kilómetros por hora en tres segundos, con una velocidad máxima de 225 km/h.

Allí, a unos 30 grados bajo el sol, una multitud de chinos y extranjeros celebraba el inicio de la primera competición de motores eléctricos, cuyo sonido, a 225 kilómetros por hora, hacía rememorar películas futuristas e incluso de ciencia ficción.

A pesar de los aplausos y el vocerío inicial, el público disfrutó de una carrera, por lo general, tranquila, liderada hasta la última curva por el francés Nicolás Prost, hijo de la leyenda del motor Alain Prost, y repleta de incidentes técnicos, fruto de la falta de rodaje de este torneo verde.

Fue el caso del italiano Jarno Trulli, quien tuvo dificultades en la salida, o el japonés Takuma Sato, que, pese a conseguir la vuelta rápida y sumar dos puntos, tuvo que ser remolcado al quedarse en la salida de la primera curva en la vuelta 11.

Los problemas técnicos también entorpecieron la carrera de uno de los pilotos que partía como favorito, Sébastien Buemi, cuya experiencia con motores eléctricos no le salvó de que se le desprendiera la parte trasera de su monoplaza.

Las imágenes de los corredores cambiando de automóvil en unos 45 segundos —apagando el motor, desabrochándose, despegándose de cables, saltando a otro vehículo y vuelta a empezar— captaron la atención del público, acostumbrado en su mayoría a ver paradas más rápidas y sin ningún tipo de acción por parte de sus ídolos.

A cinco vueltas del final (20 giros en total), la estrategia de gestión de energía del alemán Nick Heidfield, que llegaba con mucha más reserva, le permitió dar caza al francés, pasando a seis décimas en el penúltimo paso por meta.

La lucha acabó en drama, y una última vuelta repleta de tensión concluyó con Prost embistiendo el monoplaza del alemán, cuando éste intentaba adelantarlo en el último giro antes de la bandera a cuadros.

Heidfield perdió el control del bólido en la curva despegándose del suelo con la ayuda de los pianos y acabó volteado sobre la pista tras colisionar contra las vallas protectoras, mientras en sus respectivos boxes se llevaban las manos a la cabeza. Afortunadamente consiguió salir ileso.

El brasileño Lucas Di Grassi fue el vencedor, seguido por el francés Franck Montagny y el británico Sam Bird de Virgin.

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