Dakar 2018

Maldonado, el piloto del espíritu indomable

Dakar Corrió durante seis etapas en la prueba más exigente y peligrosa del mundo. A sus 68 años él no desmayó, fue su máquina la que no pudo seguir

La Razón (Edición Impresa)

03:00 / 19 de enero de 2015

Fortunato Maldonado (La Paz, 14 de octubre de 1946) participó en el Dakar 2015 como el piloto boliviano con más edad (68 años) y aunque abandonó por fallas mecánicas en su coche, demostró que la “tercera edad” no es ningún impedimento para afrontar las carreras si el espíritu está firme, incluso las más difíciles como la reciente.

Comenzó a correr en el país hace 18 años, su más grande logro fue el cetro nacional obtenido en 2003. Además posee títulos departamentales y participó en varias fechas del Rally Codasur (Confederación Deportiva Automovilística Sudamericana).

La pasión que tiene por el automovilismo lo llevó a inscribirse y participar en el Dakar, considerada la carrera más difícil y peligrosa del mundo.

“Nos ha dejado una bonita experiencia, con sabor amargo y también dulce, porque al final no acabamos esa bonita prueba porque en la sexta etapa (Antofagasta-Iquique) nos jugó una mala pasada el motor, no nos dimos cuenta de que se había pinchado el radiador y había una fuga de agua, eso nos hizo abandonar”, cuenta Maldonado.

Hasta antes de esa etapa enfrentó varias adversidades junto con su navegante, Víctor Alanoca —un hombre también de tradición tuerca—, pues los caminos eran complicados, sin tomar en cuenta las altas temperaturas.

En la segunda etapa (Villa Carlos Paz-San Juan) hizo bastante calor, se estima que hubo unos 42 grados centígrados, que se transformaron en 50 por la sensación térmica. “Fue sofocante, uno tiene puesto el overol antiflama, además de un buzo que te exige la ASO (Amaury Sport Organisation, que es dueña de la carrera), un polerón, la máscara, el casco y los guantes, con todo eso se concentra el calor y más aún con el motor encendido”.

Admite que ese día estuvo cerca de abandonar: “Ya era mucho el desgaste”, pero superó el inconveniente turnándose con Alanoca para conducir el coche y así reponer fuerzas, comiendo algo y durmiendo.   

Vivió muchas anécdotas, una de ellas fue cuando ayudó a un piloto —no recuerda quién era— prestándole una llanta, sin embargo no lo vio nunca más.      “Me quedé con las ganas de entrar a Uyuni y salir de ahí en competencia para después ir a la meta de Buenos Aires, pero estoy feliz y tranquilo por todo lo que hice”.

Asegura que a sus 68 años no tiene problemas para correr: “Si hasta hubo pilotos mayores que yo, como el japonés” Yoshimasa Sugawara (73 años).

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